Ya sé que quizá no era necesario, que me sobran las evidencias para destronarte, sacudirme el recuerdo de un arrebato tan ingenuo. Para qué perder el tiempo elaborando mentiras piadosas. No me gusta perder el tiempo, y no he venido a pedirte que te enamores de mí como yo lo hice. Eso ya no va a pasarnos otra vez. Si, una lástima, es cierto.
Y casi me habia creido que no, que no necesitaba esa conversación, que no quiero saber lo que pasó por tu mente para que de repente te esfumaras con el rabo entre las piernas, que ningún argumento va a convencerme ya de cualquier cosa que no sea la condena por tu silencio. Por condenarme a él, te condené yo al mio.
Por tener un corazón cobarde.
Y porque el mio quiere ir a la guerra.