Pideme que sienta el frio en aquellos brazos, que hubiera un mejor momento para morirse, porque era aquel si alguna vez hay alguno, que en los tuyos he muerto congelada, y no es lírica siquiera, es que no me da más el corazón. Y lo intento, te juro que lo intento, pero también sé que yo no conjuro a la muerte en tus brazos, ni susurro letanías que detengan el tiempo, ni maldigo la hora de marcharme, que ahora siempre llega con prisas. Pideme que te sueñe y que no pueda dormir, que se sienta tan mio, tan propio como una parte de mi, que sienta que toda mi vida la he vivido sólo para encontrarte y ahí estás, hecho sueño o realidad, y viceversa.
No me pidas, que no puedo darte, que ojalá pudiera pero que no puedo, que yo no miento, que no doy no vendo espinas.
Ya se que esto es lo de siempre, las paranoias de siempre, una vez más. Las vigas, las jaulas, la mera visión de unos barrotes, fobia al compromiso lo llaman, un nombre tan complicado para lo que tan solo es desamor. No sé que hacer contigo. Te juro que no sé que hacer contigo