cuatro
Cuatro horas de vuelo, cuatro horas de sueño, llevo cuarenta y cuatro horas en pie. Anoche estaba en una ciudad de lengua rasposa, esta noche cenaré en chueca. Cuatro ciudades, cuatro viajeros, cuatro idas y cuatro vueltas. Hace 4 meses que no sé nada de tí. Desde la cuarta vez que nos vimos, después de todo. Un cartel de jerez me llena de recuerdos, no puedo evitar ponerme triste ante el recuerdo de un hombre que me sigue escribiendo a pesar de no entender nada, y ese pensamiento es más doloroso que el que me atosiga por las noches en sueños, pidiéndome que le saque de sí mismo, que tuvo la suerte de cruzarse en mi vida y romperme el corazón. Exactamente cuatro veces. Ahora, que ya lo siendo unido, entero, mio, late en su sóla función de válvula, ironías del destino que ya ni siquiera me cuelga el sarcasmo de los labios. Qué extraña sensación de que nada me remueva dentro, qué ajena y qué propia. Esta rara paz mientras cruzo fronteras y miradas con gente que no volveré a ver, sin sentir el más mínimo temblor. Me duelen los pies, y tengo sueño. Simplemente soy, estoy, mi cuerpo funciona, maquinaria de carne, huesos y sangre, mi sistema hormonal también, y ahora entiendo este estado de ánimo. Soy, simplemente, sin nada más. No estoy acostumbrada a esta sensación, ni siquiera tengo nombre para ella