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retinorama
reunión de parpadeos y cuatro paredes
Acerca de
Curiosidad: impulso que oscila entre lo grosero y lo sublime. Lleva a escuchar detrás de las puertas o a descubrir América.
Sindicación
 
Amor eso que dicen los libros....
El me quería con ese amor de los boleros. Me lanzaba piropos largos como sus  increíbles piernas, y me contaba historias que leía en los libros. Me llevaba de tapas a lugares que yo nunca hubiera encontrado, buen ambiente, buena música donde él siempre se encontraba con alguien, o conocía al camarero que nos invitara a las copas, al que toca la batería, y me llevaba de la mano de fiesta en fiesta,  porque con él la vida era de colores y serpentinas. Un restaurante colgado del mar, en una cala del sur, la lluvia de estrellas, aquel increíble cielo, el mejor, el más cielo de todos los cielos que ví nunca, lo vi con él, toda la vía láctea cruzando el firmamento de miles de estrellas, a dos mil metros de altura en medio del port de la bonaigua. No sabía de qué herida me estaba curando, pero sabía hacer de todo, y si no, inventaba un remedio dibujándolo en el aire. Yo sí sabia de qué herida se curaba él. Por eso no sabía hasta donde éramos un remedio y hasta donde una oportunidad. Así que sin darme cuenta, empezó a serme necesario. De noche en noche, de tarde en tarde y al final, de día en día.

 

Se me ponía cara de mala solo con mirarle. Se me colgaba una sonrisa traviesa debajo de las pecas, porque sabía que había llegado el momento de las gamberradas. Y él era el más gamberro de todos los gamberros, el alma de las fiestas y pandillas, el más alto de todos, el más simpático, el de la espalda enorme y morena que se miraban todas las demás. El me quería, y me sabía querer, y por eso sólo me lo dijo dos veces. Pero le escuché muchísimas más, en cada detalle que me encontraba andando por un camino que él adornaba para mí, mientras yo era la niña más mimada del mundo, e iba con mi cesta recogiendo flores, boleros, caricias, besos, risas. Por todo eso, y porque era bueno, yo le quería con una ternura tan viva que me quemaba el corazón. Por todo eso, y por todo lo demás, yo nunca hubiera permitido, jamás, a nadie que osara tocarle para hacerle el más mínimo rasguño. Eso me acabaría, tarde o temprano, incluyendo a mí. Ya lo estaba haciendo.

 

Mi futuro estaba ya pensado? Lo había pensado yo?  Y eso qué es, inteligencia o cobardía? Sinceridad? Cuándo aprendí yo eso?<

No