Removiendo cenizas
A veces me sorprendo removiendo mis cenizas y quemándome con mis propias brasas. A veces me sorprendo extraña, ajena a mi como una cosa. A veces vuelo y a veces ni siquiera puedo levantarme de la cama porque el mundo se acaba en esa hora que se hacen dos, tres, cuatro y veinticuatro, cuando de nuevo sale el sol y es otro dia. A veces río a carcajadas y otras mastico maldiciones a cualquier suerte que quiera compadecerse de mí. A veces siento y otras me recubro de escamas pensando que podré engañarme y dejar de tener una piel traidora, y mudarme de otra, suave y olorosa que no se muera de sed. A veces me siento aquí delante sin saber qué decirme para darme ánimos. A veces cierro los ojos y echo de menos unos labios, unos brazos e intento arañar esos minutos de mi memoria como si todavía pudiera lanzarlos al viento y hacerlos retornar. A veces soy mala, perversa, inmoral y despiadada, y otras me doy cabezazos contra la pared de mi mala conciencia para romperla, hacerla añicos, partículas de reproches, de ironías, de sarcasmos dirigidos a mí misma como la punta de una aguja que me enhebra el corazón. A veces me sangran los dedos, y otras, el corazón. A veces me lamo las heridas solo para volver a abrirlas. A veces miro a mi alrededor un poco avergonzada de unos arrebatos tan ingenuos, me estrujo el corazón con las dos manos para enjuagarlo de sangre y lavarlo de culpas. A veces vuelvo a casa borracha, tambaleándome y me siento en el borde de la cama reprimiendo unas lágrimas que me queman menos por fuera que por dentro, por injustas, por dolientes, por absurdas, por reales, porque llorar no hace que me sienta mejor. A veces recojo mi culpa, lavada y planchada, mis reproches, mis malentendidos y me concedo un par de indulgencias, y me arreglo con esmero aunque nadie vaya a acariciarme con los ojos ni a romperme el corazón después. A veces tiro una y me como tres. A veces me desprecio, y busco tu fotografia solo para que los recuerdos me sigan doliendo. A veces cometo estupideces y digo tonterías. A veces me muero de nostalgia, y otras, de aburrimiento. A veces pienso en alguien hasta conmoverme, y lloro viendo películas. A veces una canción cambia mi estado de animo como una veleta. A veces me arrepiento de mis decisiones, y me canso de ser yo, de mi cuerpo, de mi cara. A veces ojalá jamás se hiciera nunca más de día. A veces tiro de mi nostalgia como si fuera un hilo, para ver si ovillo algo de esperanza, y otras veces desarmo a tirones todo lo que he tejido hasta ese mismo instante. A veces me sorprendo removiendo mis cenizas y quemándome con mis propias brasas.
