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Si yo no fuera yo, me tendría envidia
Mi año ERASMUS en PRESTON, ENGLAND, UNITED KINGDOM
Acerca de
Este blog será mi pequeña bitácora de ese que dicen que es el mejor año de la vida de una persona: el año Erasmus. Concretamente, aquí contaré mis aventurillas por estas tierras de "El país de la lluvia tres veces al día" y de esta ciudad, Preston, mi paraíso particular durante 9 meses. Y os las contaré a vosotros, mi gente, esa que, cuando todo esto acabe seguirá ahí (o eso espero), como siempre, para darle motivos a mi existencia. "Si yo no fuera yo, me tendría envidia" es el lema de mi año, no es una frase pretenciosa, sólo expresa cómo es mi vida y la de todos los que estamos aquí: IMPRESIONANTE!!!
Sindicación
 
SÁBADO 18 DE NOVIEMBRE, 15’10 HORAS EN OSLO, TEMPERATURA: 9º, LLUVIA, NI RASTRO DE NIEVE, NI DE RENOS

Hasta ahora, nuestro viaje tiene una definición: “subrrealistamente desastroso, pero gracioso; según Cristina, como un cuadro de Munich: oscuro y horripilante, pero, al fin y al cabo, una obra de arte fascinante. En las pocas horas que llevamos en este país ya tenemos mini colección de sucesos. Ahí van:

1- ¿DÓNDE ESTÁ EL HORNO? Llegamos al estupendo hostal (que está bastante bien, por cierto) y, claro, teníamos hambre. Fuimos a un supermercado y tras horas eligiendo entre productos noruegos escogimos lo más fácil y mundialmente conocido: pizzas. También compramos un kilo de gominotas (de las de llenar el bote, comer y rellenar, jeje), patatas fritas y salmón noruego, para celebrar nuestra llegada.
Bien, pues volvemos al hostal y… Oh! ¿¿¿Dónde está el horno??? Las cinco habíamos visto el horno pero, magia: había desaparecido. 5 cabezas pensantes, 5 mujeres hechas y derechas y las 5 habíamos visto un horno… imaginario. En fin, que nos comimos las patatas y el salmón con un pan noruego mu raro con forma de tubo a rodajas y dejamos las pizzas… quién sabe para qué. Y, bien, mientras estábamos comiendo… llegó el suceso número 2…:

2- EL TUNECINO: Nuestra habitación era de 6 personas y nosotras éramos 5, así que, en teoría, faltaba un inquilino. Y bien, se abre la puerta y aparece un hombre, de unos 50 años y con aspecto de lo que en España se conoce como “moro” (y mira que no me gusta utilizar esta palabra, pero es la que mejor ilustra la situación) y nos habla en algún idioma raro… del que solo entendimos “esa, mi cama” y “yo tunecino”. Ah, y esto no es un chiste de los de “Se abre el telón y aparece…”, esto es lo que nos sucedió, nuestra primera gran surprise nada más llegar a Oslo. Intentamos que nos cambiaran de habitación por eso de 5 veinteañeras potentorras solas con un cincuentón (a pesar de que a Sandra le daba pena el pobre hombre) pero el sosimple de recepción dijo que “sometimes happen” y que “I can’t do anything”.
Pues nada, a dormir… con la incomodidad de la situación, pero a dormir… O eso pensábamos porque… a los 5 minutos de acostarse… comenzó con su concierto particular… “Jrrrrrrr psssssss, Jrrrrrr pssssss….” primero suavecito y claro, sosotras suavecito también, con un poco de vergüenza, con los típicos ruidos de “¡Para de roncar!” en plan, “Chl Chl Chl Chl”. Pero luego, conforme los ronquidos iban subiendo de tono… Nuestras protestas también comenzaron a subir de volumen y ya empezó Beatriz con su “Shhhhhhh!!!!!!!!” (por cierto, no veáis lo difícil que es decidir las onomatopeyas…) y todas a jurar en todos los idiomas que conocíamos… y Sandra se cagó en sí misma y su “pobrecito”... Y, en resumen, lo que es yo, no pegué ojo en toda la noche. Las otras durmieron a ratos (menos Cristina, que me acompañó en mi desvelo). Lo intenté todo: relajación de yoga, música de Alejandro Sanz… Pero nada, nada superaba a sus ronquidos. Hasta me puse a María Calas y, con todo lo que grita la muy Diva y el potencial de voz que tiene, los ronquidos del tunecino traspasaban los auriculares de mi MP3.

Qué noche… una de las peores de mi vida. Así que nada, esta mañana estábamos todas con unas caras… que dábamos pena con las ojeras… Pero bueno, como hemos venido a pasárnoslo bien, nos ha dado por tomárnoslo a risa y por reírnos todo el día recordándolo… jaja.
La putada es que el día ha acompañado a la noche anterior: ha amanecido lloviendo y no ha parado en casi todo el día. Así que imaginaros: paseando por las calles de Oslo bajo la lluvia. Somos las más abrigadas de Noruega. Pa verlo: con las superbufandas, los gorros de lana, los guantes… casi no se nos ve ni la cara, jaja. Claro, nosotros pensábamos ver nieve y renos… y, de momento, “ni gota, ni gota”.

Y, hasta lo que hemos visto… Oslo no tiene ná de ná… Por no decir que es una ciudad, no fea, pero sí poco bonita. Como diría Beatriz, “no tiene nada que digas ¡¡¡Ohhuuu!!!”. No sabemos porqué, pero todo es amarillo. El parlamento, el palacio Real… todo en tonos amarillentos. Hemos ido al museo Nacional y, nada más entrar, un chico nos ha hablado en español al escucharnos hablar y… ¡adivinad de dónde era! ¡¡¡de Agoncillo!!! Es decir, de La Rioja, del pueblo que hay justo antes de Logroño cuando vas en tren desde Rincón. Manda huevos… un riojano en Oslo! El mundo ciertamente es un pañuelo. Y nada, el chico muy majo. Lleva tiempo viviendo aquí así que nos ha dicho las cosas que ver, dónde podemos comer…
Todo esto ha sucedido en la entrada del museo Nacional, museo que luego hemos visto y nos hemos vuelto locas para encontrar el dichoso Grito de Munch, ya que allí está una de las copias. Lo hemos encontrado y, con perdón: vaya cuadro de mierda!!! Enano, triste… vamos, que no me extraña que quien lo robó lo devolviera porque, lo que es yo, no me lo pondría… ni en el cuarto de baño. Anda que el resto de cuadros que había… daban un miedo… Retratos de enfermos, tísicos, cuadros de velatorios… hasta los paisajes eran tristes. (Reflejo de la personalidad noruega, hemos pensado: fría y sobria).

Y, después del museo, ya lo que faltaba… vamos al Palacio Real a ver si veíamos a la “MeteMary” y a ver el cambio de la Guardia Real y… qué penita… No la hemos visto y nos hemos tenido que tragar el dichoso cambio… que daba una risa y una vergüenza ajena… que cada vez que me acuerdo me parto. Vaya movimientos ridículos los guardias… con los plumeros al viento… jajaja. Y, como diría Sandra, aún encima, ¡¡¡no había caballos!!!, jeje. Después hemos ido a que Cristina T se comprara unas botas ya que tenía los pies calaítos y ha encontrado “la compra de su vida”. Luego, a comer, en “un paqui”, como no, que diríamos en Inglaterra.

FOTOS:
1ª "PUCHOL", abrigada como un esquimal. Como diría ella: "si me ve mi madre no se cree la cantidad de ropa que llevo encima", jeje.
2ª Beatriz, Cristina Torre, Paula (yo) y la otra Cristina, en el Parlamento noruego, bajo la lluvia.
3ª La Guardia Real. Sin comentarios.



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