BORRADOR A: IGLESIAS Y MULTICULTURALISMO EN EUROPA
Se hace difícil encontrar cuál debe ser el rumbo de la Iglesia Católica y las diversas confesiones cristianas, depositarias y reponsables históricamente, quiérase o no, de una de las claves definitorias de la cultura occidental, en el seno de una sociedad a la deriva y carente de destino cierto. Estamos embarcados, ciertamente, en un progreso económico, al menos aparente, y una globalización impredecible, que produce ingentes flujos económicos, culturales y de población en todas las direcciones. No es fácil predecir el balance de civilización que resulte de un proceso tan abierto y caótico. Y la Iglesia Católica, las confesiones cristianas europeas, estaban acostumbradas, en la segunda mitad del siglo XX, a una amable secularización más o menos progresiva, en la que continuaban siendo el referente cultural, aun desposeído de su carácter central y normativo, de la comunidad. O incluso se benefician, últimamente, en la Europa oriental, de un fervoroso risorgimento reactivo tras la caída de los regímenes comunistas. Pero las cosas han cambiado. Y Occidente es hoy un campo de batalla, o quizá un labrantío, para configurar la imagen de la Europa del futuro. No es trascendente la mención en epitafios verbosos, como la nonnata constitución europea. El verdadero combate se libra en el terreno de las ideas, en la acción en el seno de una nueva polis, que, mientras mimetiza el teatro y la liturgia de su ser-todavía, fermenta sordamente en el humus oscuro de los sedimentos demográficos, multiculturales y económicos. Al final emergerá en un nuevo orden, social y político.





