Mi pelo
El de la cabeza, se entiende. No me parece correcto ni creo que a nadie le interese que hable del pelo de mis sobacos, por no decir de algún otro sitio más "politicamente incorrecto" de mi anatomía. Bueno quizás tampoco le interese a nadie que explique cosas sobre mi pelo, crezca este donde crezca, pero como el blog es mio y a mí si me apetece, lo hago. Además si a algún lector/a le parece una auténtica chorrada el articulillo, le remito al título del blog. Así que hablaré o mejor dicho escribiré sobre el pelo de mi cabeza.
El sábado, animado por el relativo ascenso de temperaturas, decidí ir a cortármelo. Alguno/a pensará al leer esto ¿Y qué pasa, que si el invierno es especialmente largo y frío, cuando llega la primavera te pareces al Actor Secundario Bob de los Simpsons o qué? Pues no, pero como cuando me corto el pelo, me lo corto "de verdad", es preferible que la temperatura esté unos grados por encima de gélida. Eso de "arréglamelo un poquito" no va conmigo: hago que me lo corten al "uno" por los lados y que arriba lo dejen un poco más largo. En invierno comporta la desventaja de tener que sufrir las bajas temperaturas, pero compensa con el hecho de olvidarse del peine durante una temporada.
La peluquería a la que voy, sin ser una cosa pija de esas de nombre de peluquero famoso habitual de la televisión y con voz aflautada en las que "te toman el pelo" más en sentido figurado que literalmente, pues tiene ciertas pretensiones. Vamos que no es una peluquería de barrio tipo "Loli, peluquería de señoras, se colocan uñas de porcelana e implantes de silicona".
Al entrar te recibe la aprendiza, te coje la chaqueta y, si no hay gente esperando, te coloca una bata negra así como muy "fashion". Cada vez que me ponen esa bata no puedo evitar de pensar que si le añadiéramos unas gafas redondas y una varita, sería un estupendo disfraz de Harry Potter para el carnaval. Digo que es la aprendiza porque aparte de que se nota por la edad, su papel se limita a eso, a lavar cabezas y a permanecer con una escoba esperando para recoger los pelos.
Después del lavado de cabeza, que es sin discusión lo mejor de todo, viene lo de siempre: "¿Cómo lo quieres?" o bien "¿Cómo lo quiere?" dependiendo esa "s" diferenciadora, de la edad de la peluquera que me toca en suerte. Si me toca la que por edad podría haberle cortado el pelo a Sansón, entonces me tutea. Si es otra, entre que soy yo el cliente y que de los allí presentes, salvo "Dalila" y quizás alguna otra clienta, soy el más mayor, pues no.
Tras el pelado habitual que me deja con un aspecto que recuerda ligeramente a Dumbo o a un niño de la posguerra, viene lo de las patillas ¿cortas, largas, rectas, con forma? ¡¡Pero si no se ven!! si me queda tan corto que da lo mismo como me las deje, apenas se nota una pelusilla.
En fin, este es más o menos el proceso habitual.
Hace años, cuando mi nivel adquisitivo era menor, o sea cuando tenía 20 años, iba a las peluquerías de barrio. De esas llamadas barberías, que por cierto cada vez hay menos. Había un sillón de eso, de barbero, que siempre me han recordado a los que usan los dentistas y un señor con una bata blanca te ponía una especie de sábana por encima en lugar de la bata "fashion". El estante de debajo del espejo siempre estaba lleno de pelos, revistas con chicas desnudas y botes de "Champú anticaída del cabello" "Champú ideal para la caspa" y masaje "Floïd". Y el suelo, como no había aprendizas, también estaba lleno de pelos.
Para quitar la pelusilla del cuello, el señor ese, el barbero, no usaba una maquinilla desechable como se hace ahora no, usaba la navaja de afeitar. Esa que se abre por la mitad y que ponía al "paciente" (casi se podría denominar así) muy nervioso cuando se acercaba con ella en la mano en plan bandolero de Sierra Morena. Fuese por el nerviosismo mio o por el incipiente alzehimer del barbero, el caso es que siempre acababa con algún cortecito de la dichosa navaja.
Bueno, y quizás la mayor diferencia entre la peluquería actual y la barbería de antaño, es a la hora de pagar. Y no me refiero a si se paga en pesetas o €uros.
El sábado, animado por el relativo ascenso de temperaturas, decidí ir a cortármelo. Alguno/a pensará al leer esto ¿Y qué pasa, que si el invierno es especialmente largo y frío, cuando llega la primavera te pareces al Actor Secundario Bob de los Simpsons o qué? Pues no, pero como cuando me corto el pelo, me lo corto "de verdad", es preferible que la temperatura esté unos grados por encima de gélida. Eso de "arréglamelo un poquito" no va conmigo: hago que me lo corten al "uno" por los lados y que arriba lo dejen un poco más largo. En invierno comporta la desventaja de tener que sufrir las bajas temperaturas, pero compensa con el hecho de olvidarse del peine durante una temporada.
La peluquería a la que voy, sin ser una cosa pija de esas de nombre de peluquero famoso habitual de la televisión y con voz aflautada en las que "te toman el pelo" más en sentido figurado que literalmente, pues tiene ciertas pretensiones. Vamos que no es una peluquería de barrio tipo "Loli, peluquería de señoras, se colocan uñas de porcelana e implantes de silicona".
Al entrar te recibe la aprendiza, te coje la chaqueta y, si no hay gente esperando, te coloca una bata negra así como muy "fashion". Cada vez que me ponen esa bata no puedo evitar de pensar que si le añadiéramos unas gafas redondas y una varita, sería un estupendo disfraz de Harry Potter para el carnaval. Digo que es la aprendiza porque aparte de que se nota por la edad, su papel se limita a eso, a lavar cabezas y a permanecer con una escoba esperando para recoger los pelos.
Después del lavado de cabeza, que es sin discusión lo mejor de todo, viene lo de siempre: "¿Cómo lo quieres?" o bien "¿Cómo lo quiere?" dependiendo esa "s" diferenciadora, de la edad de la peluquera que me toca en suerte. Si me toca la que por edad podría haberle cortado el pelo a Sansón, entonces me tutea. Si es otra, entre que soy yo el cliente y que de los allí presentes, salvo "Dalila" y quizás alguna otra clienta, soy el más mayor, pues no.Tras el pelado habitual que me deja con un aspecto que recuerda ligeramente a Dumbo o a un niño de la posguerra, viene lo de las patillas ¿cortas, largas, rectas, con forma? ¡¡Pero si no se ven!! si me queda tan corto que da lo mismo como me las deje, apenas se nota una pelusilla.
En fin, este es más o menos el proceso habitual.
Hace años, cuando mi nivel adquisitivo era menor, o sea cuando tenía 20 años, iba a las peluquerías de barrio. De esas llamadas barberías, que por cierto cada vez hay menos. Había un sillón de eso, de barbero, que siempre me han recordado a los que usan los dentistas y un señor con una bata blanca te ponía una especie de sábana por encima en lugar de la bata "fashion". El estante de debajo del espejo siempre estaba lleno de pelos, revistas con chicas desnudas y botes de "Champú anticaída del cabello" "Champú ideal para la caspa" y masaje "Floïd". Y el suelo, como no había aprendizas, también estaba lleno de pelos.
Para quitar la pelusilla del cuello, el señor ese, el barbero, no usaba una maquinilla desechable como se hace ahora no, usaba la navaja de afeitar. Esa que se abre por la mitad y que ponía al "paciente" (casi se podría denominar así) muy nervioso cuando se acercaba con ella en la mano en plan bandolero de Sierra Morena. Fuese por el nerviosismo mio o por el incipiente alzehimer del barbero, el caso es que siempre acababa con algún cortecito de la dichosa navaja.
Bueno, y quizás la mayor diferencia entre la peluquería actual y la barbería de antaño, es a la hora de pagar. Y no me refiero a si se paga en pesetas o €uros.
Comentario:
No sé q decirte, pero weno para q sepas q t leí, aqui t dejo un saludito..
byeess
byeess
Comentario:
Ays! eso te pasa porque no te lo cortan en casa.A mi hermnao le regalamos un maquilla como esa de la foto y se lo cortaba yo (ahora está casao.... y a veces tb se lo corto yo) un día hasta le corté un poquito la oreja...y eso que supuestamente esas maquinas no cortan!!! jajajajaja!!
Te hago un gorrito para que no tengas frio?¿ :P
:)
Te hago un gorrito para que no tengas frio?¿ :P
:)





