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AUTOR

RODOLFO IZAL

Nací en Villava (Navarra), cerca ya de la barrera de los 50 años, soy un especialista en batir records al igual que mi paisano MIguel Indurain, no en velocidad, sino en denunciar ALTO y CLARO la situación de extrema pobreza de los campesinos e indígenas de Chiapas. El 23 de Junio de 1995 por aquel entonces era misionero, mi apoyo a la causa defendida por el Zapatismo me costó la deportación -yo hablo de secuestro- de México. Entonces me definia como un «párroco en el exilio». Mis feligreses de Sabanillas, indios choles en su mayoría, se quedaron con «el pueblo de Dios, que es la verdadera Iglesia». Hoy en día, ya como ex sacerdote, docente y Licenciado en Teología, sigo luchando dentro de mis posibilidades en combatir las desigualdades, esto es lo que voy a intentar plasmar con mis escritos en este blog.

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SINDICACIÓN
 

MUCHOS CARLISTAS DEJARON DE SERLO



Fue un día muy largo, y tengo algunos recuerdos muy grabados. Por ejemplo, cuando mataron a Aniano, yo estaba muy cerca de donde cayó. Nos encontrábamos fuera del Monasterio de Iratxe, almorzando y esperando que saliera el Via Crucis. Entonces, se oyó por los altavoces: «Carlistas, a defender el monasterio, que vienen los fascistas atacando de nuevo». Salimos un montón de gente a encontrarnos con ellos por la carreterica de las Bodegas de Irache, por donde venían. A pesar de sus pistolas y demás, corrieron. Cuando se oyó el disparo que hirió a Aniano, casi a quemarropa, hubo un momento de quedarse paralizado. Mi tío, Antonio Izal, y yo mismo, exigimos a la Guardia Civil que detuviera a la persona que había disparado, pero respondieron que ellos no tenían orden de actuar y que no entendían qué es lo que estaba pasando allí. Fue como la certificación de que iba a ser un día muy largo.
Esto estuvo precedido por pintadas como "EKA MORIRÁS" o los enfrentamientos que tuvimos en Pamplona con los Guerrilleros de Cristo Rey.
También recuerdo la subida triste que hicimos luego a Montejurra. Cuando yo iba en la quinta cruz, entonces bajaban en una camilla a Ricardo García Pellejero, casi muerto. Hay quien dice que fue el principio del fin para el carlismo. Pero todavía estamos aquí. Es indudable que, a partir de Montejurra 1976, mucha gente que se decía Carlista, dejó de serlo o puso en duda su ser Carlista, porque se vio al Carlismo como un gran enemigo del Estado.

Pero no es sólo Montejurra 76. En las primeras elecciones, en el 77, el Partido Carlista, junto con la ORT, el PTE y el MCE, no estábamos legalizados y no pudimos presentarnos.

Entonces los Carlistas éramos bastante fuertes, sobre todo en Euskal Herria.

Rodolfo Izal