ANULACIÓN DE LA DEUDA EXTERNA, ¡YA!
"También los complacientes y cómplices consumidores del mundo rico somos responsables de la consecuencias sociales de la deuda externa..."
También nuestra deuda consiste en la palabra. A lo largo de los 500 años poco les hemos dejado hablar y poco les hemos escuchado, sólo si hablaban en nuestro beneficio o decían sí a nuestras imposiciones. Por ello, es tiempo de que ellos hablen y nosotros escuchemos, ellos acusen y nosotros reflexionemos y pidamos perdón, ellos planteen sus carencias y nosotros la necesaria restitución de lo expoliado, ellos sean dueños de su historia y nosotros no se lo impidamos y nos ocupemos de limpiar y sanar la nuestra.
Decía San Romero de América en aquel valiente llamamiento al ejército salvadoreño, cuando concluyó con “cese la represión”, el día antes de su martirio: “Nadie está obligado a cumplir una orden contra la Ley de Dios que dice ‘ No matar’, una ley inmoral nadie tiene que cumplirla”. Podemos repetir esas palabras respecto a la deuda externa: UNA DEUDA INMORAL NO DEBE SER PAGADA; UNA DEUDA QUE PRODUCE MUERTE, QUE MATA, NO PUEDE SER PAGADA; NINGUNA DEUDA A DE SER PAGADA CON LA VIDA.

Recuerdo un cartel que hace años tenía yo en mi habitación. Había una tapia dibujada y, en ella, una pintada que rezaba: “Señor presidente: lo que es nuestro no hay razón para pedirlo, dénoslo”. Sólo por el concepto del servicio de su deuda externa, América Latina y del Caribe pagó entre 1982 y 1996 la cantidad de 739 mil millones de dólares, lo cual supone una cifra sensiblemente superior a los 706 mil millones de dólares que alcanza en 1999 la deuda total acumulada de dicha región. Es decir, EN SÓLO 14 MESES ESA REGIÓN PAGÓ DE INTERESES MÁS DE LO QUE SUPONE LA DEUDA EN LA ACTUALIDAD Y, SIN EMBARGO, HA AUMENTADO EL CAPITAL A DEBER. Dicho de otro modo, la deuda ya ha sido pagada reiteradamente, por más de tres veces en los últimos treinta años. Así pues, el dinero que supone la deuda pertenece ya a los países mal llamados deudores. Los también mal llamados acreedores no tiene derecho a reclamárselo.
La deuda es también ilegítima porque creció al amparo de las tasas de interés variable y condiciones de negociación impuestas por los gobiernos y bancos acreedores, que negaron reiterada y abusivamente el derecho de asociación de los gobiernos deudores, mientras que ellos lo hacían a través de verdaderos sindicatos de acreedores( Club de París, Comité de Gestión) y respaldados por la coerción económica del Fondo Monetario Internacional y del Banco Mundial. La consigna era clara y determinante: ustedes negocien solos, nosotros negociamos en masa.
Ciertamente, el país deudor ha de liberarse de su deuda; pero es el acreedor quien tiene el poder de la cancelación inmediata sin la necesidad de más vidas, de más sangre. Así pues, la deuda es principalmente, responsabilidad de los acreedores.
El delincuente es responsable del daño causado a su víctima y es exigible la restitución. Pero también quien pasa al lado de la víctima tendida en el suelo y se cambia de acera para que, simulando no verla, no le duela la conciencia es responsable de la situación de la víctima...
También los complacientes y cómplices consumidores del mundo rico somos corresponsables de las consecuencias sociales de la deuda externa...
La ANULACIÓN de la deuda externa tampoco significa “manos libres” a los gobiernos locales para que infrautilicen, roben o mal vendan a cambio de dádivas los recursos naturales extraídos con sangre y sudor del pueblo. Se trata de que los recursos liberados de la deuda externa sean utilizados para rescatar la deuda social, ecológica y cultural con esos pueblos en planes y programas de desarrollo humano...
Y también, es imprescindible que los países ricos y sus habitantes reduzcan sus gastos y su consumo(eliminación de los gastos militares), sin una disminución de los servicios sociales a los que tiene acceso la población en general; ya que tres de las cuartas partes de los recursos naturales utilizados en estos países y por estos habitantes, los acreedores, han sido obtenidos y/o producidos en los países empobrecidos. para que el nivel de vida y de consumo actual del mundo rico se viva también en el mundo empobrecido no hay recursos suficientes en el planeta...”
Rodolfo Izal
También nuestra deuda consiste en la palabra. A lo largo de los 500 años poco les hemos dejado hablar y poco les hemos escuchado, sólo si hablaban en nuestro beneficio o decían sí a nuestras imposiciones. Por ello, es tiempo de que ellos hablen y nosotros escuchemos, ellos acusen y nosotros reflexionemos y pidamos perdón, ellos planteen sus carencias y nosotros la necesaria restitución de lo expoliado, ellos sean dueños de su historia y nosotros no se lo impidamos y nos ocupemos de limpiar y sanar la nuestra.
Decía San Romero de América en aquel valiente llamamiento al ejército salvadoreño, cuando concluyó con “cese la represión”, el día antes de su martirio: “Nadie está obligado a cumplir una orden contra la Ley de Dios que dice ‘ No matar’, una ley inmoral nadie tiene que cumplirla”. Podemos repetir esas palabras respecto a la deuda externa: UNA DEUDA INMORAL NO DEBE SER PAGADA; UNA DEUDA QUE PRODUCE MUERTE, QUE MATA, NO PUEDE SER PAGADA; NINGUNA DEUDA A DE SER PAGADA CON LA VIDA.

Recuerdo un cartel que hace años tenía yo en mi habitación. Había una tapia dibujada y, en ella, una pintada que rezaba: “Señor presidente: lo que es nuestro no hay razón para pedirlo, dénoslo”. Sólo por el concepto del servicio de su deuda externa, América Latina y del Caribe pagó entre 1982 y 1996 la cantidad de 739 mil millones de dólares, lo cual supone una cifra sensiblemente superior a los 706 mil millones de dólares que alcanza en 1999 la deuda total acumulada de dicha región. Es decir, EN SÓLO 14 MESES ESA REGIÓN PAGÓ DE INTERESES MÁS DE LO QUE SUPONE LA DEUDA EN LA ACTUALIDAD Y, SIN EMBARGO, HA AUMENTADO EL CAPITAL A DEBER. Dicho de otro modo, la deuda ya ha sido pagada reiteradamente, por más de tres veces en los últimos treinta años. Así pues, el dinero que supone la deuda pertenece ya a los países mal llamados deudores. Los también mal llamados acreedores no tiene derecho a reclamárselo.
La deuda es también ilegítima porque creció al amparo de las tasas de interés variable y condiciones de negociación impuestas por los gobiernos y bancos acreedores, que negaron reiterada y abusivamente el derecho de asociación de los gobiernos deudores, mientras que ellos lo hacían a través de verdaderos sindicatos de acreedores( Club de París, Comité de Gestión) y respaldados por la coerción económica del Fondo Monetario Internacional y del Banco Mundial. La consigna era clara y determinante: ustedes negocien solos, nosotros negociamos en masa.
Ciertamente, el país deudor ha de liberarse de su deuda; pero es el acreedor quien tiene el poder de la cancelación inmediata sin la necesidad de más vidas, de más sangre. Así pues, la deuda es principalmente, responsabilidad de los acreedores.
El delincuente es responsable del daño causado a su víctima y es exigible la restitución. Pero también quien pasa al lado de la víctima tendida en el suelo y se cambia de acera para que, simulando no verla, no le duela la conciencia es responsable de la situación de la víctima...
También los complacientes y cómplices consumidores del mundo rico somos corresponsables de las consecuencias sociales de la deuda externa...
La ANULACIÓN de la deuda externa tampoco significa “manos libres” a los gobiernos locales para que infrautilicen, roben o mal vendan a cambio de dádivas los recursos naturales extraídos con sangre y sudor del pueblo. Se trata de que los recursos liberados de la deuda externa sean utilizados para rescatar la deuda social, ecológica y cultural con esos pueblos en planes y programas de desarrollo humano...
Y también, es imprescindible que los países ricos y sus habitantes reduzcan sus gastos y su consumo(eliminación de los gastos militares), sin una disminución de los servicios sociales a los que tiene acceso la población en general; ya que tres de las cuartas partes de los recursos naturales utilizados en estos países y por estos habitantes, los acreedores, han sido obtenidos y/o producidos en los países empobrecidos. para que el nivel de vida y de consumo actual del mundo rico se viva también en el mundo empobrecido no hay recursos suficientes en el planeta...”
Rodolfo Izal







