SOBRE VIVENCIA
Tal vez
los rostros no eran suyos;
los enojos fueron iras;
las cadenas mortajas
y las sonrisas silencio.
Probablemente
lo cierto terminó en duda;
el abrazo en distancia, tal vez.
Pero la maldición del tiempo no los halló.
Perdió ante la
visceral
necesidad de amar.
Soslayó la adversidad y vendó los ojos
del olvido.
Atravesaron la inquina y el odio
y se fueron a encontrar
en tiempos de placidez y certeza.
La undécima hora valió el jornal de la primera
y la nostalgia recaló en la urgencia.
No se hubieron vencido. No.
Fue cuando el tiempo se retiró de la batalla
derrotado y temeroso.
Desde entonces la luz es su sombra;
los dos son uno
y la memoria pertenencia.
Caminan por el recuerdo;
lucen las evidencias;
persisten en el intento.
©
los rostros no eran suyos;
los enojos fueron iras;
las cadenas mortajas
y las sonrisas silencio.
Probablemente
lo cierto terminó en duda;
el abrazo en distancia, tal vez.
Pero la maldición del tiempo no los halló.
Perdió ante la
visceral
necesidad de amar.
Soslayó la adversidad y vendó los ojos
del olvido.
Atravesaron la inquina y el odio
y se fueron a encontrar
en tiempos de placidez y certeza.
La undécima hora valió el jornal de la primera
y la nostalgia recaló en la urgencia.
No se hubieron vencido. No.
Fue cuando el tiempo se retiró de la batalla
derrotado y temeroso.
Desde entonces la luz es su sombra;
los dos son uno
y la memoria pertenencia.
Caminan por el recuerdo;
lucen las evidencias;
persisten en el intento.
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