REGOCIJOS
Hemos cumplido un año. Dios sabe el triunfo que significa un solo día juntos y sin embargo hemos cumplido un año. Aún recuerdo la fiesta aquella en que coincidimos. Empezamos por lavar nuestras soledades bailando en aquél pub reservado para melómanos de marca. Yo, que no acostumbro a bailar y hasta había perdido el ritmo y tú que apenas suena la melodía entras en un elástico trance, mientras de tanto en tanto cierras los ojos e invitas.
Respirando vaho e inundándonos en nuestros propios sudores nos sentamos en la barra y vimos cómo Eric Clapton hacía su versión de “While My Guitar Gently Weeps”. No lo dijimos entonces, pero aquella canción fue como un abrazo entre los dos. Luego de tres pisco sour decidimos irnos. Y nos fuimos abrazados (tres) calles abajo, donde habíamos parqueado los autos. Allí, viendo la imposibilidad de irnos juntos, nos despedimos. Tomaste un papel y escribiste algo muy breve. Me pediste que lo leyera al llegar a casa y así lo hice.
Desde entonces acordamos que, entre un desesperanzado como yo y una tierna muchacha de ojos chocolate que trata de encontrarse, abriríamos un catálogo de nuevas historias. Dos extraños tratando de conocerse entre sí, aún sin haber llegado a conocerse a sí mismos. De eso ha pasado un año.
No recuerdo haber sido feliz antes de ti.
No recuerdo haber sentido antes la náusea mortal que siento cuando me haces falta.
Aspiro de tu carne y vivo por tus versos en mis venas.
Habito la oquedad de tu memoria
y disfruto de tus ambigüedades, como un cisne en el lago.
Hay harta madeja que soltar en esta cometa que volamos al viento.
Aún espera el huerto en nuestra jubilación.
Aún puedo traerte algunas estrellas a tu mano.
Un año es apenas un parpadeo.
La mitad del otoño.
Una gota de lluvia.
P.D.- Espero que esta tibia nota esté a la altura de aquella que escribiste y que aún guardo.
Respirando vaho e inundándonos en nuestros propios sudores nos sentamos en la barra y vimos cómo Eric Clapton hacía su versión de “While My Guitar Gently Weeps”. No lo dijimos entonces, pero aquella canción fue como un abrazo entre los dos. Luego de tres pisco sour decidimos irnos. Y nos fuimos abrazados (tres) calles abajo, donde habíamos parqueado los autos. Allí, viendo la imposibilidad de irnos juntos, nos despedimos. Tomaste un papel y escribiste algo muy breve. Me pediste que lo leyera al llegar a casa y así lo hice.
Desde entonces acordamos que, entre un desesperanzado como yo y una tierna muchacha de ojos chocolate que trata de encontrarse, abriríamos un catálogo de nuevas historias. Dos extraños tratando de conocerse entre sí, aún sin haber llegado a conocerse a sí mismos. De eso ha pasado un año.
No recuerdo haber sido feliz antes de ti.
No recuerdo haber sentido antes la náusea mortal que siento cuando me haces falta.
Aspiro de tu carne y vivo por tus versos en mis venas.
Habito la oquedad de tu memoria
y disfruto de tus ambigüedades, como un cisne en el lago.
Hay harta madeja que soltar en esta cometa que volamos al viento.
Aún espera el huerto en nuestra jubilación.
Aún puedo traerte algunas estrellas a tu mano.
Un año es apenas un parpadeo.
La mitad del otoño.
Una gota de lluvia.
P.D.- Espero que esta tibia nota esté a la altura de aquella que escribiste y que aún guardo.





