DOS VECES EN UN DÍA (o La dulzura lleva tu nombre)
Todo cuanto escribí antes no sirve.
Todo lo que sufrí no duele.
Todo lo que viví no pesa.
Ayer
en plena medianoche,
el sol se propuso alumbrar de nuevo.
Dos veces en un día.
Y me volví, para empezar,
para vivir
dos veces en un día.
Sentir.
Sentir propone empezar.
Una risa anegada en llanto.
Una mirada larga,
cabellos recogidos,
anteojos y zarcillos dorados
sobre piel de durazno.
Viví dos veces en un día.
Toda la dulzura que antes vi
se hizo espuma,
nada es, nada fue.
La dulzura,
aún triste y sin fe,
lleva tu nombre.





