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Cosas que pasan a los veintimuchos
Aventurillas de un par de dos mientras recorren el mundo...
Acerca de
¡Lo que hay que ver! Tantos años soltera y bien orgullosa de serlo, y llega un morenazo derrochando amor ¡y caes como una tonta! Todo cambia, nada permanece... ¿o sí?
Sindicación
 
Otoño en UK
Pues sí, ya estamos en otoño, aunque por aquí no se nota en exceso. Algo sí han bajado las temperaturas, pero sigue sin llover apenas y durante el día se puede ir tranquilamente en manga corta. Eso sin contar que los ingleses siguen llevando tirantes y sandalias, y a menos que esté cayendo el diluvio no usan paraguas... De todas formas mi Romeo usa desde hace días chaquetón, bufanda y demás.

Puede que gracias a su exageración se haya librado de la bronquitis que he pillado yo, y que ayer en Oxford empeoró. Aprovechando el buen día hicimos una excursión, visitamos el cementerio de Wolvercote donde está enterrado J.R.R. Tolkien (responsable, junto con mi padre, de la afición a la lectura), comimos junto al río Támesis, en una especie de merendero rodeados de patos y cisnes, y pasamos la tarde paseando por Oxford, que es bonito aunque me gustó más Cambridge, puestos a comparar ciudades universitarias.

Esta semana hemos celebrado también el cumpleaños de mi Romeo. Mi mente maquiavélica organizó un "Treasure Hunt": escondí los cuatro paquetes con sus regalos por todo el piso y le tuve buscando durante casi una hora a las tantas de la noche, y eso que vivimos en una caja de cerillas... No os hacéis una idea de lo que pude reirme...

Bueno, y ahora a acabar de ver la carrera de Alonso, aunque la cosa está clara, ¿verdad?
 
¿Que si quiero qué?
¡Ays, otra vez me caí del mapa! Mira que luego me siento culpable, no sólo por toda esa gente maja que me lee y me sube el pavo diciéndome que me echa de menos, sino porque pierde la función de diario con el que fue creado y la memoria es un poco "perra"...

Pues no, no he estado por la labor de escribir, o sí, pero otros menesteres. También cursillos y viajecitos y tejemanejes familiares... Un verano completito, vamos. Pero sigo por aquí, más o menos, y aunque algunos recuerdos se empiecen a desdibujar y me los guarde para mí en lugar de explicarlo, ya vendrán otras cosas.

De todas formas hay un recuerdo que no creo que se desdibuje nunca: ocurrió una noche de agosto, preciosa y estrellada tras un día lluvioso. El lugar: Verona, claro. El protagonista: mi Romeo, que en plena representación de "La Boheme" de Puccini (el más romántico de los compositores de ópera), me cogió de la mano, me dijo algo sobre el amor y otras cosas que apenas escuché porque la emoción no me dejaba, y me pidió que me casara con él, acompañado de anillo a juego... Ni siquiera pude decirle que sí de inmediato, porque me abracé a él llorando mientras el público a nuestro alrededor cuchicheaba si hanno appena promeso!

Al acabar la ópera, fuimos caminando hasta la casa de Julieta, cenamos y después paseamos junto al río.

De la repetición de la escena en la habitación del hotel, y sin mucha ropa de por medio, nada diré aquí...