Te quiero... decir que necesito ir al baño
Ay, me temo que esto va a doler... de largo y puede que incluso de pesadito a ratos, pero hay cosas que no se pueden resumir si uno quiere conocer la raiz del problema. Un poquito de paciencia, plis!
En el blog de la famosa Ardelia (para los despistados, "Blog de una soltera") he leido un post sobre ese par de palabrejas que tanta felicidad como dolores de cabeza provocan según el caso.
Yo lo veo así: la primera vez que me dijeron "te quiero" respondí "yo también te quiero" como un acto reflejo, porque creía que era lo indicado. Aunque no lo sintiera, pero algo de cariño sí le había cogido al muchacho, yo era joven e insensata, y además pensaba que el "te quiero" era una especie de "how do you do?", que los que sepais inglés sabreis que se puede contestar con la misma frase exacta, "how do you do?". Así pues, a un "te quiero" se le contesta "te quiero", ¡huy, qué fáciles son las relaciones de pareja!
Poco después tuve el cuelgue más grande de mi historia hasta entonces. El chaval, de ahora en adelante vamos a llamarle "el alpinista" para no crear confusión con mi romeo, era un mozalbete muy popular con una vida social hiperestresante. Bastante tenía yo con luchar por hacerme un hueco en medio de todo aquel gentío como para fijarme en que los días pasaban y aún no me había dicho que me quería. ¿Debe decirlo la chica antes de que el chico se lo haya dicho? ¿No quedaremos como unas idiotas rematadas, como unas pesadas, como unas bobas a las que tomar el pelo?
A fuerza de no oir ese "te quiero" de labios del alpinista, una aprendió a tragarse las ganas de decirlo, a demostrar con gestos y no con palabras lo que sentía... Ni siquiera en los momentos de pasión perdíamos el control, con él no había orgasmo que valiera.
El día de mi cumpleaños, "sólo" siete meses después de empezar a salir juntos, me mandó un SMS felicitándome y poniendo de postdata: "Te quiero".
¿Qué tipo de persona te dice eso, después de meses de relación, y ni siquiera tiene la delicadeza de dar la cara y decírtelo mirándote a los ojos? Ni siquiera tenía la excusa habitual de "ya lo he dicho otras veces y las mujeres, que sois malas malísimas, me habeis destrozado el corazón sin piedad, así que ahora me lo callo". Este muchacho, además de ser virgen antes de conocerme, jamás había sufrido una decepción amorosa. ¿Había de pensar lo que suelen pensar las mujeres solteras de mi edad, es decir, que los hombres son unos capullos sin sentimientos que sólo nos quereis para llevarnos a la cama?
Yo quizá pequé de ingenua, o estaba tan obsesionada por lo esquivo de sus sentimientos (que no enamorada, creo ahora), y no le dí importancia durante un año.
En nuestro aniversario me lo dijo, esta vez en un trocito de cartulina verde recortada a modo de tarjetita, dentro de una cajita rosa decorada con angelitos (cualquiera que me conoce mínimamente bien sabe que odio el rosa) y que no contenía un anillo, ¿qué esperábais?, sino las piedrecitas que adornan los parterres falsos de los centros comerciales... ¡Por cierto, chicos, que no todas buscamos la cartera del hombre!
Son los dos únicos "te quiero" que recuerdo de este individuo en 15 meses, y no sé si llegó a decírmelo alguna vez de viva voz, yo en todo caso no me acuerdo.
Mi romeo me dijo a las pocas horas de conocerme "creo que me estoy enamorando de tí". ¿Quién de entre nosotros no habría salido corriendo? Pues yo, que pese a tener el estómago debajo de la campanilla aguanté estoicamente. También aguanté estoicamente su primer "te quiero" a los pocos días, y los que me dijo durante y después de hacer el amor por primera vez, y todos los que me dijo, que fueron muchos, en nuestros primeros dos meses de relación.
No contestaba, sonreía, le besaba... Intenté explicarle mi trauma con esas palabras, que en la relación que me había transformado en un pendón desorejao de cara a las siguientes un "te quiero" era rara avis...
Un buen día hice un esfuerzo exagerado y conseguí susurrar uno muy tímido, casi inaudible, pero que él sí oyó. Le quería, ¡y tanto que le quería! Le quería desde el primer día, desde siempre, desde antes incluso de conocerle. Él es la persona con la que he soñado compartir mi vida, que hace realidad todas esas fantasías, salvajes o tiernas, el tipo de hombre que es capaz de hacerte el amor levantándote en volandas contra la pared del pasillo, cuando cinco minutos antes te había estado dando un masajito en los pies mientras cada uno leía su libro en un extremo del sofá...
Mi romeo me curó de mi miedo al amor.
¡Ah, y ahora le digo "te quiero" montones de veces al día, porque le quiero y porque se lo ha ganado con su infinita paciencia!
En el blog de la famosa Ardelia (para los despistados, "Blog de una soltera") he leido un post sobre ese par de palabrejas que tanta felicidad como dolores de cabeza provocan según el caso.
Yo lo veo así: la primera vez que me dijeron "te quiero" respondí "yo también te quiero" como un acto reflejo, porque creía que era lo indicado. Aunque no lo sintiera, pero algo de cariño sí le había cogido al muchacho, yo era joven e insensata, y además pensaba que el "te quiero" era una especie de "how do you do?", que los que sepais inglés sabreis que se puede contestar con la misma frase exacta, "how do you do?". Así pues, a un "te quiero" se le contesta "te quiero", ¡huy, qué fáciles son las relaciones de pareja!
Poco después tuve el cuelgue más grande de mi historia hasta entonces. El chaval, de ahora en adelante vamos a llamarle "el alpinista" para no crear confusión con mi romeo, era un mozalbete muy popular con una vida social hiperestresante. Bastante tenía yo con luchar por hacerme un hueco en medio de todo aquel gentío como para fijarme en que los días pasaban y aún no me había dicho que me quería. ¿Debe decirlo la chica antes de que el chico se lo haya dicho? ¿No quedaremos como unas idiotas rematadas, como unas pesadas, como unas bobas a las que tomar el pelo?
A fuerza de no oir ese "te quiero" de labios del alpinista, una aprendió a tragarse las ganas de decirlo, a demostrar con gestos y no con palabras lo que sentía... Ni siquiera en los momentos de pasión perdíamos el control, con él no había orgasmo que valiera.
El día de mi cumpleaños, "sólo" siete meses después de empezar a salir juntos, me mandó un SMS felicitándome y poniendo de postdata: "Te quiero".
¿Qué tipo de persona te dice eso, después de meses de relación, y ni siquiera tiene la delicadeza de dar la cara y decírtelo mirándote a los ojos? Ni siquiera tenía la excusa habitual de "ya lo he dicho otras veces y las mujeres, que sois malas malísimas, me habeis destrozado el corazón sin piedad, así que ahora me lo callo". Este muchacho, además de ser virgen antes de conocerme, jamás había sufrido una decepción amorosa. ¿Había de pensar lo que suelen pensar las mujeres solteras de mi edad, es decir, que los hombres son unos capullos sin sentimientos que sólo nos quereis para llevarnos a la cama?
Yo quizá pequé de ingenua, o estaba tan obsesionada por lo esquivo de sus sentimientos (que no enamorada, creo ahora), y no le dí importancia durante un año.
En nuestro aniversario me lo dijo, esta vez en un trocito de cartulina verde recortada a modo de tarjetita, dentro de una cajita rosa decorada con angelitos (cualquiera que me conoce mínimamente bien sabe que odio el rosa) y que no contenía un anillo, ¿qué esperábais?, sino las piedrecitas que adornan los parterres falsos de los centros comerciales... ¡Por cierto, chicos, que no todas buscamos la cartera del hombre!
Son los dos únicos "te quiero" que recuerdo de este individuo en 15 meses, y no sé si llegó a decírmelo alguna vez de viva voz, yo en todo caso no me acuerdo.
Mi romeo me dijo a las pocas horas de conocerme "creo que me estoy enamorando de tí". ¿Quién de entre nosotros no habría salido corriendo? Pues yo, que pese a tener el estómago debajo de la campanilla aguanté estoicamente. También aguanté estoicamente su primer "te quiero" a los pocos días, y los que me dijo durante y después de hacer el amor por primera vez, y todos los que me dijo, que fueron muchos, en nuestros primeros dos meses de relación.
No contestaba, sonreía, le besaba... Intenté explicarle mi trauma con esas palabras, que en la relación que me había transformado en un pendón desorejao de cara a las siguientes un "te quiero" era rara avis...
Un buen día hice un esfuerzo exagerado y conseguí susurrar uno muy tímido, casi inaudible, pero que él sí oyó. Le quería, ¡y tanto que le quería! Le quería desde el primer día, desde siempre, desde antes incluso de conocerle. Él es la persona con la que he soñado compartir mi vida, que hace realidad todas esas fantasías, salvajes o tiernas, el tipo de hombre que es capaz de hacerte el amor levantándote en volandas contra la pared del pasillo, cuando cinco minutos antes te había estado dando un masajito en los pies mientras cada uno leía su libro en un extremo del sofá...
Mi romeo me curó de mi miedo al amor.
¡Ah, y ahora le digo "te quiero" montones de veces al día, porque le quiero y porque se lo ha ganado con su infinita paciencia!
Comentario:
Comentario:
q bonito!! :,) si q los hay raros de coj****!!!