Que poco hemos cambiado
No me quedan muchos amigos de la infancia, cada uno hemos seguido un camino diferente. Hay veces en que vuelvo la vista atrás y recuerdo todos esos buenos momentos que pasábamos juntos y, aunque no me gustaría volver a esa edad, me entra un poquitín de nostalgia por lo fácil que era esa época, sin grandes preocupaciones.
Hoy he estado hablando con alguien que realmente no es un amigo de la infancia sino de la adolescencia, pero a quien quiero con toda mi alma y al que llevo más de 8 meses sin ver.
Nos conocimos con 15 añitos y congeniamos al instante. Solíamos juntarnos un grupo bastante grande de chicos y chicas pero él fue desde el principio con el que mejor me entendí. Nos pasábamos las horas muertas juntos, hablando de cualquier cosa sentados en un banco del parque.
Más tarde vinieron las noches locas de fiesta, bailando hasta el amanecer. Más de una vez nos sorprendieron en actitudes algo cariñosas: cogidos de la mano, abrazados… Ambos sabíamos que tanto el uno como el otro sentíamos algo más que amistad, pero nos conformábamos con ser buenos amigos. Lo cierto es que me pasé bastantes años loca por él e intentando guardarlo en secreto, aunque no hiciese falta ser un lince para saber que había algo más que un simple sentimiento de amistad entre nosotros.
Cuando empecé a salir con el que fue mi novio durante más de cuatro años, comenzamos a distanciarnos y a vernos sólo en los cumpleaños y otras ocasiones especiales. Eso sí, cada vez que nos encontrábamos terminábamos toda la noche pegados el uno al otro como si fuéramos siameses y eso me costó más de una discusión con mi pareja.
Al ir creciendo, esa especie de amor que sentía por él se fue transformando en un cariño inmenso. Ahora, aunque casi ni nos vemos, le quiero muchísimo y le sigo contando entre mis mejores amigos. Siempre ha estado ahí en cada uno de los momentos importantes de mi vida, apareciendo y desapareciendo cada cierto tiempo.
Hoy le he notado algo cambiado: más maduro, con las cosas más claras, y me ha entrado esa nostalgia al pensar que ya no somos esos dos niños que se pasaban las noches de verano riendo en un parque. Aunque, cuando me ha dicho que “nosequien” está la mar de buena se me ha pasado, porque me he dado cuenta de que en el fondo seguimos siendo los mismos de siempre.
Hoy he estado hablando con alguien que realmente no es un amigo de la infancia sino de la adolescencia, pero a quien quiero con toda mi alma y al que llevo más de 8 meses sin ver.
Nos conocimos con 15 añitos y congeniamos al instante. Solíamos juntarnos un grupo bastante grande de chicos y chicas pero él fue desde el principio con el que mejor me entendí. Nos pasábamos las horas muertas juntos, hablando de cualquier cosa sentados en un banco del parque.
Más tarde vinieron las noches locas de fiesta, bailando hasta el amanecer. Más de una vez nos sorprendieron en actitudes algo cariñosas: cogidos de la mano, abrazados… Ambos sabíamos que tanto el uno como el otro sentíamos algo más que amistad, pero nos conformábamos con ser buenos amigos. Lo cierto es que me pasé bastantes años loca por él e intentando guardarlo en secreto, aunque no hiciese falta ser un lince para saber que había algo más que un simple sentimiento de amistad entre nosotros.
Cuando empecé a salir con el que fue mi novio durante más de cuatro años, comenzamos a distanciarnos y a vernos sólo en los cumpleaños y otras ocasiones especiales. Eso sí, cada vez que nos encontrábamos terminábamos toda la noche pegados el uno al otro como si fuéramos siameses y eso me costó más de una discusión con mi pareja.
Al ir creciendo, esa especie de amor que sentía por él se fue transformando en un cariño inmenso. Ahora, aunque casi ni nos vemos, le quiero muchísimo y le sigo contando entre mis mejores amigos. Siempre ha estado ahí en cada uno de los momentos importantes de mi vida, apareciendo y desapareciendo cada cierto tiempo.
Hoy le he notado algo cambiado: más maduro, con las cosas más claras, y me ha entrado esa nostalgia al pensar que ya no somos esos dos niños que se pasaban las noches de verano riendo en un parque. Aunque, cuando me ha dicho que “nosequien” está la mar de buena se me ha pasado, porque me he dado cuenta de que en el fondo seguimos siendo los mismos de siempre.
Comentario:
Muy buena descripción me gusta leerte. saludos ;)
Comentario:
Si tu proxima reflexión tarda menos de 7 días, empezaré a creer que la Gata prolífica ha vuelto, para fortuna de tus lectores... ;)





