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Cristina Noreña Martín
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Me llamo Cristina Noreña, tengo 25 años y me licencié en junio de 2005 en Historia del Arte. Actualmente soy profesora de enseñanza secundaria. Espero que os divertáis un poquito con mi blog y que me escribáis.
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LA ÚLTIMA CENA DE LEONARDO DA VINCI (Santa María de las Gracias, Milán)



Como en breve voy a tener el honor de visitar esta magnífica obra en vivo, quiero escribir antes sobre ella, para luego hacerlo una vez la haya visto.

Fue pintado entre 1494 y 1497 para Ludovico Sforza, duque de Milán por aquellos tiempos. La técnica de óleo y temple sobre yeso era novedosa y pretendía solventar los problemas que presentaba el fresco (se secaba muy rápido y era imposible realizar correcciones), pero fue un fracaso pues el deterioro de la obra no se hizo esperar.

Pero empecemos por el principio: la última cena es el momento en que Jesucristo se reúne por última vez con sus apóstoles, instituye el sacramento de la eucaristía y comunica que uno de ellos le traicionará. ¿Cuál de los tres momentos es el que recoge Leonardo? Pues sin duda, cuando Jesucristo acaba de decir que uno de ellos, de los que han compartido el pan y el vino con él, le va a delatar.

Una vez que sabemos que nos cuenta el lienzo en general vayamos parte a parte. La escena se sitúa en una habitación que cumple de forma rigurosa con las leyes de la perspectiva albertiana. Un casetonado en el techo ayuda a la geometría y la triple ventana del fondo resalta la figura de Cristo a modo de halo y alude a la Santísima Trinidad.
La acción se dispone sobre una mesa blanca y rectangular que contiene los restos del banquete. Las figuras se agrupan de tres en tres y nos muestran diferentes acciones que muestran la pericia del pintor: asombro, indignación, preocupación y un Judas aludido que se echa hacia atrás.

Los vivos colores de las vestimentas se complementan unas con otras y resaltan sobre el bícromo fondo de la habitación.

Una obra maestra original en técnica, forma y contenido. Es una pena que el tiempo la haya malogrado de esta forma; pero aún así tengo la oportunidad de contaros en pocos días si impresiona tanto al natural como en los libros de arte...



ESTÁ SOLO. PARA SEGUIR CAMINO...

Está solo. Para seguir camino
se muestra despegado de las cosas.
No lleva provisiones.
Cuando pasan los días
y al final de la tarde piensa en lo sucedido,
tan sólo le conmueve
ese acierto imprevisto
del que pudo vivir la propia vida
en el seguro azar de su conciencia,
así, naturalmente, sin deudas ni banderas.

Una vez dijo amor.
Se poblaron sus labios de ceniza.

Dijo también mañana
con los ojos negados al presente
y sólo tuvo sombras que apretar en la mano,
fantasmas como saldo,
un camino de nubes.

Soledad, libertad,
dos palabras que suelen apoyarse
en los hombros heridos del viajero.

De todo se hace cargo, de nada se convence.
Sus huellas tienen hoy la quemadura
de los sueños vacíos.


(...)

Luis García Montero