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Cristina Noreña Martín
Acerca de
Me llamo Cristina Noreña, tengo 25 años y me licencié en junio de 2005 en Historia del Arte. Actualmente soy profesora de enseñanza secundaria. Espero que os divertáis un poquito con mi blog y que me escribáis.
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Los nenúfares de Monet (1905). Museo de Bellas Artes de Boston
Me causaba temor enfrentarme a este cuadro, del que nunca habría hablado si no me lo hubieran pedido. Pero no podía obviar a la única persona que me consta que gasta parte de su tiempo en leer mis divagaciones.



Me cuesta y creo que, gracias a este escrito, sé porqué.

Probablemente Monet se levantaba tarde (no podía ser de otra forma, para todo bohemio que se precie); desayunaría mirando por una ventana y el sol amarillo de la Francia de finales del siglo XIX le iluminaría la cara.

Una vez que se llenaba de sol, le era imposible encerrarse en un estudio lúgubre: cogía sus colores y su caballete y salía al plain-aire. Allí le recorría el azul, el rojo, el verde y el blanco: los colores limpios de su jardín.

Pero a él no le interesaban esos colores, ni la agradable esencia de su naturaleza; para nuestro asombro le interesaba el aire: el aire se respira se contamina, se vuelve húmedo o seco... y nadie, nadie, lo pintaba como Monet.

Lo siento por los fans de la botánica y por los que tratan de ver qué pinta Monet: da igual, no le interesa; su fin es pintar el aire que se interpone entre él y el motivo. Es la pura esencia del impresionismo, de lo que no se ve pero se siente y se respira.

Por eso me incomoda este pintor: porque no hay un tema trascendente y nos engaña con la belleza; no se puede leer iconografía ni sacar punta a los pequeños detalles escondidos.


Asimilada la impresión, decae y desaparece. Bienvenido, expresionismo. Maldito siglo XX de guerras y odios eternos. ¿Qué nos espera después? Guerras, guerras, guerras...Hágase la vanguardia.




Aire: nada, casi nada,
o con un ser muy secreto,
o sin materia tal vez,
nada, casi nada: cielo.
Con sigilo se difunde,
nadie puede ver su cuerpo.
He ahí su misma idea,
aire claro, buen silencio.
Hasta el espíritu el aire,
que es ya brisa va ascendiendo
mientras una claridad
traspasa la brisa al vuelo.
Un frescor de transpárencia
se desliza como un témpano
de luz que fuese cristal
adelgazándose en céfiro.
¡Qué celeste levedad!
¡Un aire apenas terreno,
apenas una blancura
donde lo más puro es cierto!

(Jorge Guillén)
 
Comentario:
Muchas gracias. Se agradecería tu intervención de vez en cuando. Seguro que algo puedes aportar, sea sobre lo que sea. Me asusta que esto se convierta en un monólogo.
 
Comentario:
aqui hay mas personas que gastan algo de su tiempo en leer tus divagaciones(por lo menos una mas)mi problema es que como no tengo ni idea de arte lo unico que hago es observar y tratar de aprender algo.encantado de poder leerte de nuevo se despide alguien que observa desde la clandestinidad.corto y cambio.
 
Comentario:
No me siento a la altura en la mayoría de los casos; pero en éste menos aún. Puede que si me encuentro más inspirada hable de las diferentes versiones y del jardín de Monet. He tratado de cumplir lo mejor posible. Gracias de nuevo.
 
Comentario:
¿Divagaciones? extraordinarias en todo caso. Gracias, Rosa de Alejandría. Es un detalle inolvidable desembarcar en los nenúfares. Me encanta este cuadro y sus diferentes versiones. Creo que los importaba de oriente y se obsesionaba por captar la luz exacta. Debes perseverar, estoy convencido de que tienes talento para la escritura y para extraer las enseñanzas del arte. Si, profesora, el siglo xx es desgarrador, pero transparente, en el actual las amenazas son invisibles y enrevesadas. Manu Sarabia, memorizando la poesía de Jorge Guillen.
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