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Más cine, por favor
Acerca de
"Parece como si existiera en el cerebro una región totalmente específica, que podría denominarse memoria poética y que registrara aquello que nos ha conmovido, encantado, que ha hecho hermosa nuestra vida. Desde que conoció a Teresa, ninguna mujer tenía derecho a imprimir en esa parte del cerebro ni la más fugaz de las huellas". La insoportable levedad del ser. Milan Kundera
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Vivir por crear
Me despedí de esto cuando todo, digamos, empezó a marchar. Es una pena que la felicidad asome cuando la literatura se esconde. Me preguntó qué ocurre antes: ¿se deja de sentir el impulso literario, la llamada de las letras, cuando se comienza a ser feliz o es al contrario? Yo siempre habría asegurado que es así, pero también creo que cuando la literatura propia flojea, uno se interesa más por otra clase de artes.

Aquí estoy, después de la experiencia (a posteriori). Muchas cosas me han ocurrido desde que embadurnaba las hojas del blog varias veces al día, cuando acudía sin dilación a la llamada del pensamiento antes de comer, de la idea durante el postre, de las bombillas encendidas justo antes de dormir. Y es que todo ha cambiado radicalmente desde entonces.

Para empezar, ya no vivo en aquella casa, es decir, en la mía, en la que viví mi primer día y el último de la primera María. Si continuamos haciendo recuento sobre en quiénes hemos devenido, hay que decir que la profesión para la que fui instruida está olvidada. Más que olvidada: es un completo desinterés, actualmente. También se han obrado cambios en mis gustos cinematográficos y musicales... Y algunos golpes de suerte y otras rachas de muy mala fortuna se han cruzado en mi vida en los últimos tiempos. El resultado es que todo ha dejado de ser como era antes, como cuando el llanto me hacía lamentarme más pero tal vez me provocaba otra perspectiva de las circunstancias: por mis venas y mis mejillas corría la melancolía, en relación directa con las teclas del ordenador y la producción de textos.

Dicen que debería escribir cuentos para adultos. Ideas chispeantes de esas que hablan de niñas con cuellos largos y sueños de caramelo, nubes a punto de llover y metáforas extrañas que salpican todo el relato. Yo no confío en que sea eso, precisamente, lo que puede dárseme bien.

Yo he dejado de crear para vivir. He elegido la experiencia de la vida, de compartir, de la entrega. Y se me ha olvidado escribir para mí misma, dedicarme a la insoportable levedad del ser.

¿Cuánto tiempo durará?


 
La terapia
Libros, música y películas: la cura de todos los males. Del infierno sólo se puede salir a través de una unívoca terapia: "la terapia".
Reflexión número uno del día en que cumplo 25 años. Temo que Fassbinder vaya a ser el principal proveedor de emociones de ahora en adelante.
Las personas vienen y se van, hacen su estelar actuación en escena, deleitan al público y fidelizan para próximas funciones pero, al final de todo, desaparecen para ejercer nuevos papeles en nuevas obras.
Una vez más, Shakespeare tenía razón. La vida era una tragicomedia en siete actos; yo estaba a punto de pasar al tercero.

 
Paraguas y protección
"Siempre con la misma mierda. Siempre hay que hacer algo. Siempre hay que inventar algo. ¿No podemos ser simplemente como somos?"

"Las cosas hay que acabarlas, ¿me comprendes?
No, no te entiendo"

"Despedirse y llegar es lo más hermoso de la vida"

La ansiedad de Veronica Voss
, Fassbinder

 
Viva la vida (o el cine)
Truffaut se preguntaba: "¿Es el cine más importante que la vida?". La mayoría de vosotros respondería: "No". Sin embargo, hay tardes dadas a la melancolía en que parece que así fuera. El cine es, a veces, el único alimento.

Mi gran lamento actual es no poder sostener un libro más de media hora seguida, tirando esta cifra por lo alto. ¿Será, tal vez, que he dejado de concentrarme al dejar de lado el periodismo? Me pregunto igualmente, muchas veces, si alguna vez regresaré a ese otro lado de la realidad. Tardes enteras que se pasaban de un lado para otro, escribiendo, anotando, rehaciendo, apuntando, titulando, cambiando, cerrando, abriendo, maquetando, opinando...

Veronica Voss es Norma Desmond. Pero, además, drogadicta. Por fin un Fassbinder, por fin. Ya lo he tenido en teatro y, ahora, en cine. Años después de aquel primer contacto, nada amargo aunque sí muy emocionante, "Las amargas lágrimas de Petra Von Kant", me vuelvo a encontrar con una mujer desesperada, que invoca la muerte como la muerte la invoca a ella. Resulta turbador la forma en que el alemán registra la realidad con la cámara, las luces y las sombras, principal subtítulo del filme... Y también la ansiedad, la terrible ansiedad de Voss, de su vida, truncada, marchita, enmudecida en tiempos de sonoro... Y esas luces que hacen estrellas, las habitaciones blanquísimas y cegadoras en contraste con la oscuridad sensual que buscaba Veronica...

Antes, unas horas antes, Louis Malle. ¿Estoy caminando hacia ello? Yo diría que sí... La "nouvelle vague" me saluda años después también, después de mis primeros y lejanos contactos con el cine jazzístico, con el jazz cinematográfico...Y Malle me descubre que el proceso natural de nuestro encuentro no podía comenzar en "Ascensor al cadalso" ni "Los amantes", sino por "Un soplo en el corazón". Va a ser que la palabra souffle está ciertamente relacionada con mi vida...

Viva el cine, una y otra vez...

 
No
La extraña tarde acabó en una noche llena de desilusión y tristeza. En el sofá, sin apenas poder moverse, lloraba desconsoladamente. ¿Sabía por qué o ni siquiera lo sabía? Creía intuir que se trataba del final del verano, de ese momento en que alguien pasa una mano por unos ojos desgastados y los cierra con llave, y para siempre. Las necesidades. Las afinidades. El empeño. La nostalgia. La soledad. La delicadeza. El sacrificio. La bruma.
Empeñada en que la siguiera a todas partes, se dio cuenta en aquel preciso momento en que realmente no tenía nada. Ni pies ni cabeza. Todo indicaba a que cada minuto de la noche el estado anímico se mimetizaría con cada una de las secuencias de la llamarada-película, "El cielo protector". Escalofríos y sudores helados, la manta que tapa y no abriga, diversos objetos tirados alrededor cuyo propósito es demonizar la escena. Un móvil sin respuesta, un mensaje sin tambor, en la lejanía.
También he recordado los días en que me despertaba a las siete de la tarde un veintiantos de agosto, en el pueblo, hipnotizada por el sonido envolvente y llamativo de la plaza de toros, la gente jaleando, el sol de costado, oscureciendo pero todavía con ciertas láminas de sol. Se colaba por todas partes el aire asfixiado y mortecino de esas tardes en que no había habido día, en que no había hecho nada más que dormir y dormitar, soñar con que no estaba donde estaba, y luego venía la ducha, en la que me recordaba en mi casa, en mi casa, por las noches, antes de irme a dormir, arropada, cálida, warm...
La soledad pasa por esta grave noche, una canallada vivaz, una falsa noche en que nada sale como debería, la soledad... E iba a escribir, la soledad, tú y yo, siendo paradójicamente absurdo.
No, no voy a pedírtelo más.

 
Toca Avellaneda
¿Puedo contar con vos?
Vos no me falles y yo no te voy a fallar nunca.
Si la otra es ella te podés quedar, si la otra soy yo, te tienes que ir.
Destinos que no llegan a cruzarse.
Amor: ¿fuego o seguridad-cariño-compromiso-confianza-cosas compartidas?

El mismo amor, la misma lluvia, Juan José Campanella

 
La espalda
Tenía los ojos verdes y el gesto tranquilo. Los músculos, relajados; la espalda, inmensa, era el muro de contención de palabrotas y agresiones, era la muralla china con ingredientes de fortaleza crepuscular. Porque, detrás de esa gran espalda, que recorría palmos y palmos, se encerraba un mundo interior oscuro, a veces fabuloso -lleno de aromas: chocolate, jazmín, fresa y nata, hasta canela- y otras veces caótico; la mayoría de las ocasiones, falto de esperanza.

Sonó el teléfono mientras la escena se fundía a negro y... como no me gusta hacer interrupciones, lo apagué. Así, drásticamente.

 
En el intermedio
A todos les encanta opinar sobre lo que no les concierne. Esa es la conclusión que a las 18:49 me ha asolado.

Tranquila, me encontraba tranquila en casa, viendo un intenso documental sobre "cineastas contra magnates". El teléfono suena y, de nuevo, la misma historia encorsetada: "Deberías hacerte valer, deberías haber esperado, tienes que conseguir que sean ellos los que vayan a ti...". Pero, ¿por qué?

¿Por qué la actitud de una debe ser otra?
¿Por qué "hay que hacerse valer" y no esperar a que a una la valoren como debe ser valorada?
¿Por qué la actitud de los hombres parece que todavía debiera ser diferente a la de las mujeres y viceversa?

Harta de tanta parafernalia, lo digo abiertamente: no me cambiaré por una de esas mujeres dignas ni con principios, como es capaz de asegurar la húngara, que tan deslenguadamente habla sobre las mujeres españolas. ¿Es ser mejor, es tener más dignidad, ser una mujer más íntegra el criticar a otras como si la perfección se hallara en una misma? Por la misma razón que yo no juzgo los pasos de los demás, los hallazgos y desaciertos, desearía que los otros no me juzgaran a mí.

La gran desilusión es esperar que las mujeres y los hombres podamos ser vistos como iguales. La misma sociedad que me juzga por dar yo los pasos antes que esperar a que los den otros es la que reclama una falsa igualdad.

¿Por qué se debe mostrar indiferencia cuando no la siento?
¿Por qué se debe corregir la actitud si antes la que tenía parecía la adecuada?

Los demás podrán cambiar para conmigo, y yo deberé adaptarme a sus nuevas decisiones, pero no es mi labor confundir la dignidad con la personalidad. Un carácter no es menos digno que otro por seguir mostrándose amable y cariñoso aunque el destinatario de tales amabilidades y caricias ya no las quiera recibir, o no las valore del mismo modo. La dignidad está en jugar limpio y dejar de hacerlo cuando uno ya ha entendido que el otro no quiere ser el receptor de tales atenciones, no cuando se deja de actuar de un modo con el oscuro propósito de "hacerse valer" o "demostrar quién es el mejor".

 
El regreso
Te has marchado tan rápido que nos hemos quedado sin tus palabras y sin las mías. Se las ha llevado consigo el recuerdo y la afirmación de volver a vernos. Sin embargo, corres sin mirar atrás, nunca fue tu estilo. Detecto que tienes otros recuerdos que añadir a los grandes, a esos que configuran lo que fue y pudo ser, lo que no fue y no pudo ser.

También te has enamorado muchas veces hoy. Te suele pasar, y ya no lo recordaba. Dejas de cosechar el arroz, y pierdes la posibilidad, se va, se va, se fue, de elaborar sake. Dejas de aderezar la ensalada, y te acostumbras a tomarla sin sal ni vinagre. Borras de tu mente la sensación de entonces, de cuando todo era lo contrario a como es ahora, y piensas que te ha dejado de doler. Pero es mentira; es un placebo.

Y la sola idea de dejar de escribir, qué angustia. Aunque pronunciada en voz alta y, en ese momento, completamente entendida, asumida y cuerda, de vuelta a casa el corazón se me ha parado en dos ocasiones. Una en la que me he dado cuenta de que no ibas a mirar atrás de ninguna manera; la otra, cuando he pensado: "¿cómo he sido capaz de pensar en que dejaría esto algún día?". El día en que no escriba o no me derrame en palabras, vino blanco versus cerveza en un indio, será que he dejado de respirar.

 
What was it you wanted?
What were you wanting?
(What was it you wanted?)
I just want to say
(I just want to say don't ever change)
don't ever change now baby
(and thank you)
and thank you
(I don't think we will meet again)
I don't think we will meet again
And you must leave now before the sunrise above sky scrapers The sin and ...