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Más cine, por favor
Acerca de
"Parece como si existiera en el cerebro una región totalmente específica, que podría denominarse memoria poética y que registrara aquello que nos ha conmovido, encantado, que ha hecho hermosa nuestra vida. Desde que conoció a Teresa, ninguna mujer tenía derecho a imprimir en esa parte del cerebro ni la más fugaz de las huellas". La insoportable levedad del ser. Milan Kundera
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Sindicación
 
Reflexiones absurdas I
En el descanso de mi clase de la Unión Europea, hablando de supuestos me ha dado por pensar algunos. ¿Qué harías si consultas tu correo electrónico a eso de las 10.30 de la noche y te das cuenta de que has recibido un e-mail a las tres de la tarde de una persona conocida que solamente decía S.O.S en su mensaje?

Si algunas tecnologías de hoy en día son lentas para comunicar con urgencia, ¿cómo sería hace 50 años? Cuando no se podía ni siquiera ir por la calle asido a tu teléfono móvil. Cuando no había incluso ni teléfono fijo en las casas...
 
Felicidad
Yazid me ha dejado un mensaje en el teléfono y me ha mandado un beso sonoro...
 
¿Cómo se llama la estrella bajo la que usted camina?
Es tiempo de hablar de Fernando Arrabal, o de Fando y Luce, o Lis. Imagino a Arrabal como un personaje de la talla de Truman Capote, un asombroso ego-hombre que esconde mil historias y que tiene anécdotas para aburrir, pero no aburre.

Esta mañana en la radio han contado cosas muy interesantes. Se han puesto melancólicos y románticos con eso de que hoy es el día de San Jordi, y los catalanes caminan con un libro y una rosa por las calles. Y han hablado del amor, y de ahí han pasado a uno muy especial, como el que sintió Arrabal por Gala, y luego por Luce. Si, Gala. Gala-la-de-Dalí.

Dalí y Arrabal tenían personalidades tan arrolladoras que no es de extrañar que el primero le dijera por teléfono al segundo, para presentarse: "soy el divino Dalí", pero tampoco debe resultar estrambótico que Arrabal, cuando fue a la suite del hotel donde Dalí residía en París, acudiera encadenado de unas estudiantes maoístas. Para completar el cuadro, la mujer de Dalí, Gala, de un nombre elegantísimo y sensual, comprobaba balances sobre un escritorio vestida de María Antonieta.

Arrabal se enamoró de Gala, pero como dijeron en la radio, ella los prefería bajitos. Luego aparece Luce, o Lis, inválida, fascinante y fascinada por Fernando, cuyo nombre significa "hombre libre". Pero no fue la única en quedar deslumbrada por su estrella opaca. Ionesco, Kundera, Beckett...

"¿Cómo se llama la estrella bajo la que usted camina, Arrabal?... Su estrella lleva el nombre de Cervantes ...Con la luminosa claridad de la sinrazón , expresa usted la misma revelación". Vicente Alexiandre.

 
La lluvia plata
Aunque parezca mentira, hay un lugar en Inglaterra que de puro soso, es encantador. Se llama Preston, y se encuentra entre Liverpool y Manchester. La pequeña Preston, o el pequeño Preston, nunca supe si era femenino o masculino, esas cosas no pasan en las ciudades inglesas, no tenía el olor que tiene Getafe cuando nos saluda al salir del metro siempre cerca de las nueve de la mañana. No tenía olor, era simplemente frío. Pero tenía caracoles por el suelo, muchos caracoles, y más cuanto más frío hacía. Una noche salimos en pijama a verlos, porque estaba helando y sabíamos que tenía que haber muchos en el caminito que llevaba a nuestra casa.

Las casas en Inglaterra, también los baños de los bares, tienen dos puertas. Uno llega a acostumbrarse a esa doble puerta que aisla el salón de la calle, pero al principio resulta extraño y hay quien hasta el último de sus días en aquella ciudad se queda atrapado entre las dos y se ve obligado a enseñar su nariz para ganar espacio.

Preston tenía al menos tres zonas. Aquella de Pluntington Road, que era más o menos por donde se encontraba nuestra casa, aunque quedaba unos metros antes de la oficina de Correos, y de los bares con música en directo, y del Spar. Luego estaba la zona de la calle principal, la de los bancos y las tiendas de música y ropa. Y antes de ellas: el Aldi. Por último estaba la de la universidad, en torno a la que vivían todos, salvo algunos como Sergio, Inés o Yazid. Más allá: los parques de los recuerdos, o los recuerdos de los parques, de a uno, de a dos.

Melancolizo como el que se alcoholiza al pensar en aquel tiempo de lluvias plata.

 
Promesas que no valen nada
¿Son peores las expectativas o las promesas? Me dijeron una vez que el héroe de hoy en día era aquel capaz de cumplir sus promesas...
 
De entre los vivos
No sé si lo has sentido alguna vez, es como si habláramos de una cuchara. O de una cucaracha, da igual. La primera no es flexible y además es fría, la segunda es toda una superviviente. La segunda se instala en la primera, y ya tiene su casa, no tiene por qué buscar más. La primera puede matar a la segunda con un golpe, la segunda puede esconderse en la cuchara si ésta está mirando hacia abajo, es el hueco perfecto.

En realidad nunca he querido asociar cuchara a cucaracha, porque es algo repugnante, si lo piensas más de un segundo, que no puede ser de otra manera. Las he asociado porque se parecen un poco tanto en la pronunciación como en la escritura, pero ahora pienso que si lo recuerdo cuando vaya a tomarme el yogur esta tarde, puedo sentir naúseas. Y francamente, querida, no quiero sentirlas.

Por otra parte, he decidido hablar de aquella mujer del autobús. En mi pequeña y vieja libreta apunté rápidamente con un lápiz de IKEA una breve descripción de lo que representaba para mi, pero creo que ni entonces ni hoy seré capaz de expresar lo que su imagen reflejaba aquella tarde. Yo estaba en el autobús, en uno de los que tomo al día para llegar a todos esos sitios a los que hay que llegar. Y la estaba mirando. Un buen rato. Todo el rato. Trece minutos treinte segundos. Ella estuvo todos esos minutos mirando hacia la calle. Su mirada traspasaba el cristal; fuera, llovía. Sus ojos se reflejaban en el cristal, y estaban clavados en algún punto que necesariamente nunca podía ser el mismo, ya que el autobús se movía, a no ser que fuera algo que sólo ella veía, y que era capaz de seguirla a todas partes.

Era Madeleine con veinte años más, pero su ensimismamiento era el mismo. Desde luego, no parecía disimulado, sino que era delicado, fascinante, elegante. ¿Dónde miraba? ¿Qué podría cruzársele por la mente? Ni un momento despegó la mirada, parpadeó, suspiró, mostró un síntoma de normalidad de los vivos. Por eso su nombre era Madeleine.

 
Las piedras jamás, paloma, ¡qué van a saber de amores!
- Es tan feliz - dijo M juntando una piedrita blanca y mirándola por todos lados. H le quitó la piedra y la lamió. Tenía gusto a sal y a piedra.
- Es mía - dijo M, queriendo recuperarla.
- Sí, pero mira qué color tiene cuando está conmigo. Conmigo se ilumina.
- Conmigo está más contenta. Dámela, es mía.

H se apoderó de la mano de M y le contó atentamente los dedos. Después colocó la piedra sobre la palma, fue doblando los dedos uno a uno, y encima de todo puso un beso. M vio que había cerrado los ojos y parecía como ausente. "Comediante", pensó enternecida.

Julio Cortázar
 
Viva la imaginación
La domadora de leones blandía su látigo en en el campo de batalla.

(La domadora tiene ochenta años y va armada de un paño de cocina para espantar a una avispa. Está encerrada en la terraza de la cocina. Es mi abuela, toda una domadora de la vida.)
 
That´s why, darling
Unforgettable, that’s what you are
Unforgettable though near or far
Like a song of love that clings to me
How the thought of you does things to me
Never before has someone been more

Unforgettable in every way
And forever more, that’s how you’ll stay
That’s why, darling, it’s incredible
That someone so unforgettable
Thinks that I am unforgettable too

Nat King Cole
 
Y obtendrás un Munch
Tienen caras de dinosaurios
y huelen a ratas de mezquindad
el amor explotaba por dentro
visceralmente
y la hermosura era afilada
y la miniatura corrosiva
el dolor estaba en todas partes
especialmente en las antenas de TV
y en su amor
visceralmente vivido

Martillea su corazón
Bombea su respiración
Atiza el ánimo
Y obtendrás un Munch
En Nagasaki el 8 de agosto

Escupe hacia dentro
Y encuéntrate
Te estaré esperando

(Curiosidad antes de marchar: ¿si el poema estuviera firmado por César Vallejo sería bueno?)
 
Fiebre del modernismo (sábado noche)
"La sociedad de masas es masiva hasta en las propuestas que pretenden aportar originalidad, como puede verse en muchos de los planteamientos de grupos juveniles protestatarios o en la uniformidad de vestimentas supuestamente alternativas". (Antonio Lucas Marín).

Se puede decir más alto pero no más claro... aunque sí con más adornos (véase La Rebelión de las masas y la denigrante definición del hombre-masa que enamoraba perdidamente a Ortega). Eso es: la masa llega al mundo del alternativo. Del que tenía en su salón la más elegante fotografía a lo Andy Wharhol de Audrey, de la que salía de casa con el conjunto del siglo (pendientes circulares y de color vivo, a juego con el bolso y los zapatitos de niña), del que llevaba la camiseta de rayas azules y grises y las Converse rojas.

Ahora todos somos alternativos comprando en H y M y haciéndonos con un bolsito, camiseta, zapatitos de lunares.
 
¡Al fordista, al fordista!
"Dejando de lado las consideraciones más estructurales sobre la insatisfacción y la participación, sabemos que no se puede afirmar radicalmente que la repetición de tareas, su simplificación, o, en definitiva, la división a ultranza del trabajo hasta sus consecuencias últimas, sean siempre negativamente percibidas por todos los grupos de trabajo. Es más, algunas investigaciones han probado que incluso entre trabajadores normales la diversidad de tareas a realizar en el trabajo no es siempre preferida, no da lugar siempre a un aumento de la satisfacción laboral". (Antonio Lucas Marín)

¡Que apresen a ese taylorista! ¡Al fordista, al fordista! De verdad, después de más de cinco horas de trabajo copiando y pegando información de una página web a un documento de word, haciendo click ininterrumpidamente y con la función del "control V" desgastada, me parece un chiste encontrarme con esta aseveración.

Martín Santomé, me acuerdo mucho de ti en mis cinco horas de inactividad activa, repetida y francamente, irrepetible. Los becarios somos unos santos...

 
Dis-asociación de ideas
Esperando el metro el hombre del acordeón se ha empeñado en tocar "el vals", y me ha parecido larguísimo, aunque dulce. He deseado que el señor de mi lado me cogiera de la cintura y... ¡a bailar! Pero había mucha indiferencia porque el metro no llegaba, y ya se sabe, no está el horno para bollos.

Yo no como nada más que una fruta. Quiero decir: de entre todas las frutas que hay, sólo tomo una. Las frutas me parecen en realidad un alimento increíble, precioso, redondeado, de colores vivos, de texturas simpáticas, frescas y arenosas, o suaves y aterciopeladas. La naturaleza alcanzó su perfección en el diseño de las frutas, pues hay toda una variedad donde elegir, y además, todas son buenas. "Tomad mucha fruta", solía decir mi padre parafraseando a aquel cartel que colgada a la entrada de un mercado de Madrid, nunca supe cuál. Y es que las frutas han traído de cabeza a muchos, no en vano Cézanne dedicó algunos años de su vida a pintar su solidez, a recrear su volumen, a contemplar sus formas, siempre curvas. Pero, ¿le gustarían los kiwis? A mi solamente me gustan las manzanas, por eso me sorprende que mis manos huelan a mandarina.

Curiosidad: en el libro de "Cómo ser bueno", de Nick Hornby, a (del que ha salido volando un "Diamantino": ¡están por todas partes!)aparece unos instantes Dick, el chiflado de la tienda de discos de otro de sus libros, "Alta fidelidad". Es el mismo, sin duda.
 
El recurso de andar
Queda quizá el recurso de andar solo
de vaciar el alma de ternura
y llenarla de hastío e indiferencia
a este tiempo hostil, propicio al odio.

O

Quedá quizá el recurso de andar contigo
de llenar el alma de ternura
y vaciarla de hastío e indiferencia
a este tiempo hermoso, propicio al amor.

Termino por hoy, con Ángel González, en "A todo amor".
 
La fábrica de sentimientos
El amor, convenimos ayer Sabiduría y yo, era una compra de momentos. Y es que las parejas se suben a la noria no porque les guste, no porque quieran mirar la ciudad desde arriba, sino porque quieren mirarla entrelazando las manos y entregándose el amor mágico del momento preparado. Todo esto vino a propósito de la película Azuloscurocasinegro, la ópera prima de Daniel Sánchez Arévalo. Se trata de un film estrambótico pero capaz de sumergir al espectador en la espiral de la reflexión y los sentimientos. Pero el dato con el que hoy me quedo, es la ridícula sensación que seguramente el noventa por ciento de los que estábamos allí experimentamos en un momento dado. Las manos tocan los ojos y la voz repite en voz alta: "ojos". Las manos tocan los labios y la voz repite en voz alta: "labios". Los ojos están cerrados; es una práctica de la memoria sensorial. ¿Cuántos de los que están ahí no pensaron repetirla en su intimidad? ¿Cuántos no desearon reproducir un momento así es sus vidas? Crearlo, sentirlo y poderlo recordar. Artificialmente. Volvemos a la fábrica de sentimientos del cine.
 
Avena para el corazón
Comienzo.
La sensación de libertad al escuchar Let go, de Fron Fron, mientras me arreglaba. Aquella sensación inglesa. Aquella súbita felicidad, aquel "tengo toda la tarde, y toda la noche, y mañana también es mío", aunque no "el mañana", de eso sí que no estábamos seguros.

Sonreir. Respirar. Bailar. Cerrar los ojos y bailar, y encontrarte con unas manos que bailaban contigo. Abrirlos y sentir cómo también sonríen. Regresar y hablar sobre Mao Zedong con un pequinés, mientras tomábamos avena para fortaceler el corazón. Un corazón que estaba en pleno desarrollo. Y todo aquello en un instante fugaz antes de salir.
 
Vidas de cine B
He decidido comenzar. Volver a escribir, pero escribir de todo lo que quiera y se me ocurra escribir, no sólo sobre cine, pero como no quiero admitir veleidades, voy a hacer un pequeño circunloquio. ¿Por qué centrarnos en las pantallas? ¿Por qué no creer que nuestras vidas también son de cine? Bienvenidos de nuevo.