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Más cine, por favor
Acerca de
"Parece como si existiera en el cerebro una región totalmente específica, que podría denominarse memoria poética y que registrara aquello que nos ha conmovido, encantado, que ha hecho hermosa nuestra vida. Desde que conoció a Teresa, ninguna mujer tenía derecho a imprimir en esa parte del cerebro ni la más fugaz de las huellas". La insoportable levedad del ser. Milan Kundera
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Sindicación
 
"Te equivocarás"
Acaba de terminar "Pauline en la playa", una película que me ha parecido espléndida. No sé hasta qué punto visualmente o formalmente es interesante; tampoco podría hablar de la fotografía, o la utilización del silencio, ni tan siquiera de la narrativa. ¿Cómo está contada? ¿Qué sugiere? ¿Qué evoca? En mi opinión, lo que transmite es sencillez. Comunica perfectamente con el espectador que, entre divertido y melancólico, recuerda sus primeros amores (en plural), lo fatídico del Amor (en singular y mayúscula, a ver qué dice la RAE), la imposibilidad de evitar enamorarse de quien no se debe y la posibilidad imposible de fijarse en el bueno de la película. Pierre, corre de un lado para otro. Ese rubio con camiseta de rayas -muy francés- y pantalones blancos, ajustados. Ese rubio se la pasa diciendo verdades, mirando con sinceridad, proclamando la bondad de las acciones y aconsejando el camino que se debe seguir. Mientras, Marion, Pauline (todas), hacen lo que no deben. Buscan en quien no deben ese amor que llaman pasional, auténtico, soñador, puro. No escuchan las palabras sabias del que fuera un joven tierno e inteligente, sino que actúan. La mujer se revela heroica: "voy a actuar, se acabó el esperar: lo que quiero, lo puedo conseguir". Pero qué ciegas están...

Sin embargo, Pauline (¿qué edad tiene? ¿17?) es mucho más madura de lo que su pelo a lo monje refleja. Lo es mucho más que Marion, que está loca de remate, y sólo busca que el momento sea mágico, que la quieran con esa locura que irradia su pelo largo, sus manos delgadas, su ropa ceñida y de colores. Busca el brazo fuerte de un hombre no-de-bien, que desconoce, y sin embargo, cree conocer. Se entrega pronto, no permite que la deseen, y el marinero pierde el interés por ella. Aunque dice saber esperar, querer esperar, es demasiado impaciente, y está ciega... Ciega de remate.

Pauline se reencontrará con Pierre, estoy segura. Además, sus nombres empiezan por la misma inicial. Él aprenderá a darse cuenta de que no es un cría; ella, no pensará nunca más "qué viejo es". Se esperarán, aunque no lo hagan a propósito, pero el tiempo les ayudará a encontrarse de nuevo. Pierre, pensando en que espera a Marion, se cruzará en la vida de Pauline, que conservará siempre el candor y la dulzura de la niñez.

Lo mejor es el final, y el olor de la playa.
 
Primer contacto con J.V.
"La vida nos ha demostrado que el paso del tiempo está de mi lado. Y yo que pensaba que te perdí a ti; ahora lo entiendo, tú me perdiste a mí. De qué me sirve eso".

Julieta Venegas

 
Beso


 
El poder de los sueños
"Primer largometraje realizado por Buñuel, que se acercó al cine por admiración hacia Murnau, Fritz Lang y Einsestein, "Un perro andaluz" nace de una coincidencia onírica del realizador aragonés y Salvador Dalí, amigos por haber coincidido en la Residencia de Estudiantes de Madrid. Invitado por Dalí a pasar unos días en su residencia de la Costa Brava, Buñuel le explicó al pintor un sueño en el que una nube cortaba la luna, mientras una mano cercenaba un ojo. Dalí, por su parte, le contó un sueño en el que se veía una mano llena de hormigas. Los dos amigos decidieron escribir un guión a partir de esta imaginería onírica, y en seis días concluyeron "Un perro andaluz". Sólo se marcaron como premisa no introducir ningún elemento que pudiera tener una explicación racional, con una clara voluntad de transgresión de la narrativa en el sentido clásico del término. La película se apartó del formalismo, de moda entonces en el seno de la vanguardia francesa".



 
Qué importa
Me hubiera encantado descolgar el teléfono y decirte: "Lo he terminado. Por fin". Anoche lo conseguí, ¡cuánto he tardado en leerme esas más de trescientas páginas amarillentas! Sin embargo, comienza la etapa: al llegar a la última página, y retroceder muchas veces, y leer de nuevo las líneas en que Ignatius, por vez primera, parecía una persona, y Myrna, por primera vez, no hablaba de sexo, he cogido con ánimo el otro libro, y me he dispuesto a devorarlo. ¡Espero que sea así! Me hace ilusión pensar que soy capaz de volver a leer con pasión, como en los viejos tiempos, cuando todo era posible: melancolizar sin actuar, esperar sin impacientarse, ser grato y cruel, olvidar el egoísmo y siempre volver al punto de partida.

"La conjura de los necios" es un libro inteligente y desafiante. Atina en la creación de imágenes que no olvidaré fácilmente, y ahonda en lo escatológico y asqueroso del ser humano. Habla de válvulas que se abren y se cierran, de salchichas y panecillos industriales, de cuadernos enmohecidos y olorosos. Si bien es cierto que los textos apelan directamente a nuestros sentidos para hacernos recordar, para crear ese momento mágico del que el profesor de redacción tanto habla, "La conjura de los necios" es un libro que continuamente consigue estremecernos. Nos hace olerlo todo, tocarlo todo -incluído el bigote húmedo de Ignatius-, verlo todo perfectamente y sin lugar a dudas. No hay lugar a equívoco. La descripción me ha resultado apasionante y a veces, aplastante; las historias entrelazadas, el hilo argumental, bien conseguido, nada forzado. Sin embargo, el final. Pienso en el final y no sé si entiendo... ¿Por qué tan apresurado? ¿No parece que no le quedaban más ganas de escribir, más tinta, más energías? Es un tanto precipitado y un poco irreal, después de seguir durante centenares de páginas a un Ignatius que apenas sí se mueve, que apenas sí hace otra cosa que escribir e imaginar. El final me ha resultado un poco chocante, como si Toole lo precipitara por algún motivo que desconozco. No obstante, me ha gustado mucho. Es esperanzador y diría que bonito. Desde luego, no es fílmico, pero sí bonito.

¿Qué importa que una situación no sea de película para ser igualmente hermosa? ¿Qué importa que te des un codazo cuando estás besando a alguien como si te fuera la vida en ello, o que la cena con velitas para dos sea alrededor de una gran pizza? ¿Qué importa no saber poesía, no tocar la guitarra, no cantar bien, no saber dibujar un paisaje, no saber bailar o hacer cadenetas, cajas, pajarillos con las manos?
 
Facilón y ramplón
Si vivieras conmigo toda la vida
y yo fuera siempre periodista
¿qué significaría para ti,
que llegara a casa sonriente,
y dijera: "tengo buenas noticias"?

 
Shall I start?
Sobre la catarsis he escrito muchas veces. He escrito mucho sobre muchas personas, y rara vez sobre mí, aunque como dices, no hace falta que se escriba sobre uno mismo, para decirlo todo de quiénes somos. La vida siempre te sorprende, mil veces lo conseguirá, mil veces nos llevará al abismo y nos empujará por el precipicio, pero luego, también nos ayudará a recogernos, a través de los ojos gemelos, a través de las miradas vivas, y encima de un charco, haciendo malabarismos, intentando no caernos, nos mojamos, reímos y lloramos, de tal modo que todo es llanto, pues estaba lloviendo, también llovía entonces... A veces sólo queremos que llueva para que el agua, en grandes cantidades, en inmensas cantidades, en chorros ásperos y llenos de arrojo nos devuelva la calma, nos purifique, limpie el alma y lo purgue... Y entonces recordar no será un dolor, simplemente, un recuerdo único y perfecto... borraremos sabiamente los pliegues, las dobleces, los misterios pérfidamente resueltos... y la vida será esa hoja de papel en blanco sin escribir, dispuesta a que comencemos a trazar una línea circular, esta vez no espiral, la espiralidad pertenece a las hojas de cuadros...

Volví a veros en mí.
 
Leído
"El que no haya ocupado el asiento de la esquina no significa que quiera que lo ocupes tú, pero si lo haces, no me importará. El olor no se olvida no se olvida no se olvida. Juguemos a hacer listas de relaciones caóticas y descubriré qué eres, quién eres, qué hay detrás de ti. ¡Un momento, no mires hacia atrás! Dicen que es inteligente el que se pone a la altura del otro; afirman que de todos, se puede aprender. La música en un disco circular, en un redondel había llegado a mi casa, junto con una leyenda... No lo hagas, no desaparezcas... Aliméntame las ganas de imaginarte trenzando mi pelo, llévame de la mano a ciegas, a ciegas elévame, a ciegas, descúbrete... Cuanto más cansada, más viva te sientes, cuantos más problemas, mejor masticas las verduras... Aprende, lee, vete y dispérsate, date, atraviesa paredes... Juégame".

 
Conversación con uno mismo
- ¿Qué pervive? Los buenos momentos.
- Esas cosas no son importantes.
- Lloraremos. Una, dos, tres veces.
- No más.

 
Atenuante
Aunque "Quizás, quizás, quizás" me recuerde a muchos momentos, me traiga a la memoria más de una película, más de un cantante, más de una tarde perdida, jamás, me atrevo a decir quizás, seré capaz de olvidar la figura de Gael García Bernal vestido de mujer, en aquel escenario, con guantes. La voz penetrante y la canción, resonando en mis oídos, segundos después de que acabara la escena. Y los movimientos, quizás, los más certeros de todo el film.

 
Don Nadie vs. Don Alguien
Caminé días lluviosos
bajo un cielo lluvioso en Jaén.
Y era un Don Nadie
en el papel de Don Nadie.
Personaje de mi obra
con mi libreta de dibujo bajo el brazo,
mirando embelesado
a las estudiantes de trenzas rojas.
Y tú me escribes sin conocerme.

Que me dibujaras un paisaje,
que me cantaras sin palabras, te pediría.
En un cartel indicador, que me pintaras
tu nombre y una flecha que me guiara.

Crucé el puente de Triana
contento como un maestro el uno de mayo.
Caminé días de feria
bajo un cielo color andaluz
y era Don Alguien
en el papel de Don Alguien.
Tú me escribes sin conocerme.

 
JO-DER
Se escriben con mayúscula (añado, injustamente):

1. "Por razones de respeto, los títulos de los miembros de la familia reinante en España suelen escribirse con mayúscula, aunque vayan seguidos del nombre propio de la persona que los posee, al igual que los tratamientos de don y doña a ellos referidos: el Rey Don Juan Carlos, el Príncipe Felipe, la Infanta Doña Cristina. (Matiz: ¿hacia los demás no nos dirigimos con respeto?).

2. También es costumbre particular de las leyes, decretos y documentos oficiales, por razones de solemnidad, escribir con mayúsculas las palabras de este tipo: el Rey de España, el Jefe del Estado, el Presidente del Gobierno, el Secretario de Estado de Comercio. (Matiz: no se dirijan ustedes solemnemente al resto).

3. Los nombres de conceptos religiosos como el Paraíso, el Infierno, el Purgatorio, etc., siempre que se usen en su sentido religioso originario, y no en usos derivados o metafóricos. (Matiz : conceptos religiosos cristianos).

4. El hecho de escribir Península Ibérica con mayúsculas se debe a que con esta expresión nos referimos a una entidad de carácter histórico-político, y no a un mero accidente geográfico. (Matiz: supongo que la RAE os habrá preguntado sobre esta cuestión, para llegar a tal convencimiento).

Conclusión, para abreviar: todo lo que se refiera a la religión cristiana, a la monarquía española (que no a otra) y a España, que se escriba en mayúsculas, y no se hable más.
 
Pareado espontáneo
A propósito de un artículo de un catedrático prestigioso, conversación entre un joven de 26 años y un hombre de más de 55, antiguo alumno del erudito:

- Creo que es mi líder intelectual.
- Pues es un capullo integral.
 
La polémica
Jill Greenberg le quitó un caramelo a un niño. Lo fotografió. Eso lo repitó con 25 niños; todos ellos, lloraron o se estremecieron de dolor. Por la pérdida de un caramelo. Su colección, bautizada como "End times", tiene múltiples interpretaciones, aunque para la autora represente "una metáfora sobre el duelo en el que el mundo se halla sumido por la política de la Administración de Bush y el poder de los sectores religiosos de derechas en Estados Unidos". Yo, sin embargo, no soy capaz de ver un significado tan profundo en las rabietas de esos niños. Veo la teatralidad del ser humano que, desde bien pequeño, conoce a la perfección. Veo su grado de exageración que, aunque no es premeditado, resulta excesivo en la mayoría de las ocasiones. Leo entre líneas el apego a lo efímero, el malestar que el arrebato de lo que era tuyo provoca. Me encuentro con unas imágenes que revelan la volubilidad del ser humano, el capricho, el drama, el poder de convicción... en definitiva, el poder del hombre. De la mujer. De los niños. Los ojos acuosos, las muecas, el gesto de la rabia. La tristeza ensayada. La cara que se ha de poner para dar pena, para que los padres les devuelvan al intante el caramelo. Lo peor, es que esto no sólo pasa entre niños.

Por otra parte, me sorprendo admirada ante la capacidad que tiene la blogosfera de reproducir opiniones y multiplicarlas por veintemil en pocos segundos. Así ocurrió a partir de la publicación y exposición de las fotografías de Greenberg, que provocaron juicios de todo tipo, y mucha polémica. Es una pena que aún yo no me haya topado con ella...
 
Un presente almíbar
No esperemos más para bailar y escribir. No esperemos un segundo más para reirnos de lo que nos pasa, para quemar las mentiras, para ahogar la hoguera en plomo. Dejemos atrás lo único que puede quedarse en ese lugar: el pasado y su historia, sus escondites y sus callejuelas oscuras. Entremos, sin embargo, en un presente almíbar, en un presente plata y arroz, tenue y tranquilo. Un presente de permanecer como espectadores en una obra de teatro, rodeados de otros y a oscuras. Entregados al placer de recibir estímulos, de escuchar palabras, de mirar. Los personajes pueden ser héroes y mártires, dictadores y villanos. ¿Y qué era "Anne de las tejas verdes"?
 
Una foto
Lambda sobre papel baritado
Iris sobre papel acuarela
(Isabel Muñoz)