El gramófono
La abuela mira y arruga la nariz. Levanta las cejas, relaja la expresión, tamborilea los dedos sin darse cuenta. De modo inconsciente, mira y arruga la nariz. Levanta las cejas, relaja la expresión. Y vuelve a tamborilear los dedos esqueléticos. Torpe y algo voluminosa, gira la cintura de izquierda a derecha para imitar el movimiento presumido de la que fuera su amiga -no sé nombres ni orígenes; es imposible no perderse entre tantos árboles, genes y ancestros- cuando las dos eran bastante más jóvenes: "Me preguntó: '¿no ves, no te has fijado? Mira la falda', me dijo, contenta, risueña, haciendo mover los volantes". Su amiga había colmado su felicidad al poder realizar su sueño: comprarse una falta con canesú y volantes, de la que podía "fardar" en el pueblo.
Las ilusiones de los de antes no son las mismas de los de ahora... y algo me dice que es una pena que hoy no podamos sentir la misma alegría voluptuosa que sintió la otra amiga de la abuela cuando por fin, entrada en años, pudo comprar y lucir unos pendientes largos, como siempre había soñado. Desde pequeña, desde que se casó a temprana edad, durante los años en que su marido, que tenía "muy malas formas", la hacía desgraciada, y pocos meses antes de que éste muriera.
Las ilusiones de los de antes no son las mismas de los de ahora... y algo me dice que es una pena que hoy no podamos sentir la misma alegría voluptuosa que sintió la otra amiga de la abuela cuando por fin, entrada en años, pudo comprar y lucir unos pendientes largos, como siempre había soñado. Desde pequeña, desde que se casó a temprana edad, durante los años en que su marido, que tenía "muy malas formas", la hacía desgraciada, y pocos meses antes de que éste muriera.
De modo que queda París
"¿Cómo medir la sensación de alejamiento, de la distancia? Estar lejos ¿de dónde?, ¿de qué lugar? ¿Dónde está ese punto de nuestro planeta que a medida que lo dejamos atrás tenemos la impresión de encontrarnos cada vez más cerca del fin de la tierra? ¿Acaso es un punto en el sentido meramente emocional (mi casa como centro del mundo)?¿O cultural (como, por ejemplo, la civilización griega)? ¿O religioso (como La Meca)? Al preguntársele qué considera el centro del mundo: París o México, la mayoría de la gente responderá: París. ¿Por qué? Al fin y al cabo, la ciudad de México es más grande que París y, al igual que ella, tiene su metro, y sus monumentos importantes y sus grandes obras de arte, y sus magníficos escritores. Y no obstante dirán: París".
El Imperio
El Imperio
Tarde y noche
Ojo avizor: he desubierto que dos palabras que fonéticamente se parecen pueden significar lo mismo en el entendimiento de cada cual. Aciaga y ciénaga. Una puede ser la tarde, la otra la noche.
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Error con autómata

Fenómeno, Remedios Varo
Warning
Si me hicieran hablar de este libro lo primero que diría es que ha inyectado en mi unas ganas locas de seguir leyendo. Hacía ya varios meses, incluso un año tal vez, que no me sentía capaz de leer un libro entero de más de 300 páginas. La lentitud del abordaje, la cuesta de las palabras y el escalón de la constancia me parecían demasiado inclinados. Pero tras cerrar el libro entre mis manos, casi juntar la palmas, alzar la mirada hacia el infinito, y respirar hondo, he mirado más arriba aún y me he cruzado con "Los miserables". Creo que ha sido la primera que he pensado que habría algunas posibilidades de quedarme dormida sosteniendo el volumen en mi regazo.
Si me hacen hablar de "El perfume" como lo estoy haciendo, aún a riesgo de procurar un deleite excesivo de un "best seller" que se ha llevado al cine, no se me escapan estos detalles, diría, digo, que la obra trata de muchas más cosas de las que se dicen. Como las películas americanas de los cincuenta, en las que se velaba el verdadero contenido para mostrar una milésima parte de lo que se quería decir, "El perfume" trata del inconformismo y de la incapacidad para ser feliz y amar. No se culpa a una madre psicópata que pretende ahogar a su hijo entre los olores de la sangre, el pescado, la putrefacción y la basura, sino que solamente se recrean estos nauseabundos olores para hablarnos, como en "Papillón", del camino de la podredumbre. Esto es, el de la descomposición de un mismo sujeto, envuelto en los perfumes más finos y elegantes. De qué nos sirve engalanarnos si cuando alcanzamos el objetivo, seguimos siendo incapaces de disfrutarlo.
Si se van a leer el libro porque aún no lo hayan hecho y lo contemplen en la lista de los mil volúmenes que se debe leer antes de morir, les advierto que no lean la solapa. De ningún modo.
Si me hacen hablar de "El perfume" como lo estoy haciendo, aún a riesgo de procurar un deleite excesivo de un "best seller" que se ha llevado al cine, no se me escapan estos detalles, diría, digo, que la obra trata de muchas más cosas de las que se dicen. Como las películas americanas de los cincuenta, en las que se velaba el verdadero contenido para mostrar una milésima parte de lo que se quería decir, "El perfume" trata del inconformismo y de la incapacidad para ser feliz y amar. No se culpa a una madre psicópata que pretende ahogar a su hijo entre los olores de la sangre, el pescado, la putrefacción y la basura, sino que solamente se recrean estos nauseabundos olores para hablarnos, como en "Papillón", del camino de la podredumbre. Esto es, el de la descomposición de un mismo sujeto, envuelto en los perfumes más finos y elegantes. De qué nos sirve engalanarnos si cuando alcanzamos el objetivo, seguimos siendo incapaces de disfrutarlo.
Si se van a leer el libro porque aún no lo hayan hecho y lo contemplen en la lista de los mil volúmenes que se debe leer antes de morir, les advierto que no lean la solapa. De ningún modo.
Belleza magnética
"En realidad, la joven era de una belleza exquisita. Pertenecía a aquel tipo de mujeres plácidas que parecen hechas de miel oscura, tersas, dulces y melosas, que con un gesto apacible, un movimiento de cabellera, un solo y lento destello de la mirada dominan el espacio y permanecen tranquilas como en el centro de un ciclón, al parecer ignorantes de la propia fuerza de atracción, que arrastra hacia ellas de modo irresistible los anhelos y las almas tanto de hombres como de mujeres. Y era joven, muy joven, aún no había perdido en la madurez incipiente el encanto de su tipo, los pechos como recién moldeados, y el rostro ancho, enmarcado por cabellos negros y fuertes, aún poseía los contornos más delicados y los lugares más secretos".
El perfume
El perfume
Las ratas se meaban de miedo
Cierta mezcla de fascinación y repugnancia tiene mi mirada, tras la última página de lectura corrida de "El perfume", de un Patrick Süskind ecléctico y siempre sorprendente.
"Empezó cazando moscas, larvas, ratas y gatos pequeños a los que ahogó en grasa caliente. Por la noche entraba a hurtadillas en los establos para envolver durante un par de horas vacas, cabras y cochinillos en paños impregnados de grasa o cubrirlos con vendajes empapados de aceite. O bien se introducía en algún aprisco para esquilar con disimulo un cordero, cuya odorífera lana lavaba después en alcohol. Al principio, los resultados no fueron muy satisfactorios porque, a diferencia de los objetos inanimados como el pomo y la piedra, los animales no se dejaban arrebatar su aroma de buen gusto. Los cerdos se quitaban los vendajes frotándose contra las estacas de la pocilga. Las ovejas balaban cuando se aproximaba a ellas de noche con el cuchillo. Las vacas agitaban las ubres hasta que desprendían de ellas los paños engrasados. Algunos escarabajos que capturó segregaron líquidos nauseabundos cuando intentó tratarlos y las ratas se meaban de miedo en las pomadas sumamente sensibles".
Se comienza el libro con decisión y suavidad, se devora en el centro y llegando al final, se demora el máximo tiempo posible para evitar que la lecture expire. Más o menos como la embriaguez y seducción de un buen perfume.
"Empezó cazando moscas, larvas, ratas y gatos pequeños a los que ahogó en grasa caliente. Por la noche entraba a hurtadillas en los establos para envolver durante un par de horas vacas, cabras y cochinillos en paños impregnados de grasa o cubrirlos con vendajes empapados de aceite. O bien se introducía en algún aprisco para esquilar con disimulo un cordero, cuya odorífera lana lavaba después en alcohol. Al principio, los resultados no fueron muy satisfactorios porque, a diferencia de los objetos inanimados como el pomo y la piedra, los animales no se dejaban arrebatar su aroma de buen gusto. Los cerdos se quitaban los vendajes frotándose contra las estacas de la pocilga. Las ovejas balaban cuando se aproximaba a ellas de noche con el cuchillo. Las vacas agitaban las ubres hasta que desprendían de ellas los paños engrasados. Algunos escarabajos que capturó segregaron líquidos nauseabundos cuando intentó tratarlos y las ratas se meaban de miedo en las pomadas sumamente sensibles".
Se comienza el libro con decisión y suavidad, se devora en el centro y llegando al final, se demora el máximo tiempo posible para evitar que la lecture expire. Más o menos como la embriaguez y seducción de un buen perfume.
Nostalgia histórica
"Dios ha muerto, Marx ha muerto, Nietzsche ha muerto, y yo no estoy bien". - Eso decía una pintada en el mayo del 68 francés. Este tiempo me fascina.
Sobre el amor I
Me interesa teorizar sobre el amor. Más que saludarlo y darle la bienvenida, quiero aprender acerca de él y sobre el papel. Dijo una vez un chico con botas de tacón: "cuando nos enamoramos, lo hacemos de nosotros mismos". Me hizo falta sólo un instante para entender lo que quiso decir. Y es que está bien claro: cuando te enamoras, lo haces de la persona elegida y de lo que ella hace de ti. Quiero decir, ese amor proyectado se refleja en cada uno de nosotros, de modo que es una poesía bien entonada vernos pensando en cómo mejorar la vida de quien queremos y de esa forma, mejorar también nuestros normalmente ásperos sentimientos. De pronto se suavizan, es maravilloso encontrarse en el blanco de la diana de esa persona, ser la matriz de sus sentimientos. Y gustarse. Gustarse cuando uno se mira en el espejo cristalino de unos ojos color el que sea, y darse, sentir por fin que regalarse sin dosificación es un alivio.
Me han interesado estas afirmaciones encontradas en la revista dominical de El País: "En la Universidad de California y en la de Saint Andrews (Escocia) han llegado a la conclusión de que, en la sociedad occidental, la atracción hacia el otro es una variante más del narcisismo. Los investigadores de esas instituciones han observado que las personas que más nos gustan son las que más se parecen a nosotros. En un estudio, el equipo científico manipuló las fotos de los propios participantes para convertirlas en una persona del sexo opuesto; cuando tuvieron que elegir, la mayoría de los participantes mostraron su preferencia por la foto travestida de sí mismos".
No diría que revelador porque me parece un análisis exagerado y frívolo, pero sustenta relativamente la tesis de que cuando nos enamoramos, nos estamos declarando el amor a nosotros mismos.
Me han interesado estas afirmaciones encontradas en la revista dominical de El País: "En la Universidad de California y en la de Saint Andrews (Escocia) han llegado a la conclusión de que, en la sociedad occidental, la atracción hacia el otro es una variante más del narcisismo. Los investigadores de esas instituciones han observado que las personas que más nos gustan son las que más se parecen a nosotros. En un estudio, el equipo científico manipuló las fotos de los propios participantes para convertirlas en una persona del sexo opuesto; cuando tuvieron que elegir, la mayoría de los participantes mostraron su preferencia por la foto travestida de sí mismos".
No diría que revelador porque me parece un análisis exagerado y frívolo, pero sustenta relativamente la tesis de que cuando nos enamoramos, nos estamos declarando el amor a nosotros mismos.
Tiro otra vez. Es mi turno
Me da un vuelco algún órgano debajo de las tres flores de mi sujetador en la quilla de los vasos que lo forman.
Me da un vuelco la órbita de mi pupila izquierda cuando siento removerse en mi el sabor de lo perfectamente presente.
Me da un vuelco el aura mágica si dispongo de ella cuando en la regla de los tres tercios aparezco en la fotografía a tu lado.
Me da un vuelco tremendamente sofocante cuando pienso en el momento de yo-de-espaldas-esperándote en la salida de tu portal.
Me da un vuelco alentador cuando corro contando las horas de una libertad comprada y sin moho de cuatro días y tres minutos.
Me da un vuelco el reflejo de mi misma el día X alas X horas cuando miope me acerco y cruzo el calendario de principio a fin y tiro otra vez.
Me da un vuelco la órbita de mi pupila izquierda cuando siento removerse en mi el sabor de lo perfectamente presente.
Me da un vuelco el aura mágica si dispongo de ella cuando en la regla de los tres tercios aparezco en la fotografía a tu lado.
Me da un vuelco tremendamente sofocante cuando pienso en el momento de yo-de-espaldas-esperándote en la salida de tu portal.
Me da un vuelco alentador cuando corro contando las horas de una libertad comprada y sin moho de cuatro días y tres minutos.
Me da un vuelco el reflejo de mi misma el día X alas X horas cuando miope me acerco y cruzo el calendario de principio a fin y tiro otra vez.
Puerta abierta
Desde la soledad de una redacción escribo como si me fuera la vida en ello. Creo, siempre he creído, que se nace débil, se crece fuerte, y se madura débilmente otra vez. Se es débil por naturaleza, pero los diversos periodos que atravesamos a lo largo de la vida nos fortelecen. Hacen que nos podamos defender de los demás y de nuestros propios pensamientos, que en ocasiones, son los más duros de vencer. Se madura a golpe de soledad. ¿Y qué es la soledad? En mi opinión, la soledad son muchas cosas. No tiene por qué ser encontrarse solo, en una habitación, en una sala enorme, o en una cueva en la que tenemos que entrar agazapados. Es posible no sentir ningún atisbo de soledad en esos lugares. Solo, caminas por la calle llena de gente, y no lo estás. Te sientes. Se trata del matiz del sentimiento. La soledad es una emoción. Es una congoja. Es un instante duradero. Una oscuridad lumínica. La soledad es secarse una lágrima con el puño de una sudadera, pero hay más soledad si en lugar de empaparse tan bien como lo hace en este tejido, la lágrima se encuentra rudamente con un jersey de lana. Que pica además al acercar la mejilla.
La soledad es un taburete vacío y no en un bar, sino en tu propia casa. Es una noche larga, pensando en cuántas horas te quedan por dormir y en que tal vez, ojalá, mañana pudieras dormir todo el día también. La soledad es mirar por la ventana y aunque sean las tres de la tarde en Madrid, sentir que son las diez de la noche en Londres. Una tarde cerrada, una puerta abiertísima, una luz que no se apaga, un piloto intermitente, un reloj que no cesa.
La soledad es una canción elegida. Un traspiés fortuito. Un choque de cables, porque la soledad se siente, vuelvo a ello, no existe. Se percibe porque ya no se tiene aquello que se tuvo, porque el ser humano sabe comparar, tiene memoria y capacidad de interpretación. La soledad es un estado en el que se entra y del que se sale si se quiere, porque es volitiva, eso es, opino que la elegimos, la llamanos, la invitamos a pasar... La soledad es una puerta abierta.
La soledad es un taburete vacío y no en un bar, sino en tu propia casa. Es una noche larga, pensando en cuántas horas te quedan por dormir y en que tal vez, ojalá, mañana pudieras dormir todo el día también. La soledad es mirar por la ventana y aunque sean las tres de la tarde en Madrid, sentir que son las diez de la noche en Londres. Una tarde cerrada, una puerta abiertísima, una luz que no se apaga, un piloto intermitente, un reloj que no cesa.
La soledad es una canción elegida. Un traspiés fortuito. Un choque de cables, porque la soledad se siente, vuelvo a ello, no existe. Se percibe porque ya no se tiene aquello que se tuvo, porque el ser humano sabe comparar, tiene memoria y capacidad de interpretación. La soledad es un estado en el que se entra y del que se sale si se quiere, porque es volitiva, eso es, opino que la elegimos, la llamanos, la invitamos a pasar... La soledad es una puerta abierta.
Climate change to hit poor worst
Este titular me lo dice todo. Antaño, Occidente arrebató los bienes a los países sureños. Hoy en día, no conforme con mantener deudas externas e internas, seguir tomando pedacitos jugosos de la tarta e ignorando su presencia mediática -entre otras muchas cosas que no soy capaz de citar-, confabula para que el cambio climático, provocado en un porcentaje altísimo de los casos por los países del Norte, afecte radical y agresivamente a los pobres.
"The world's poor, who are the least responsible for global warming, will suffer the most from the effects of climate change, U.N. Secretary-General Ban Ki-moon told global environment ministers on Monday."
"The world's poor, who are the least responsible for global warming, will suffer the most from the effects of climate change, U.N. Secretary-General Ban Ki-moon told global environment ministers on Monday."
¿Por qué?
Por qué comprarse un piso en Madrid es ya más caro que en Berlín, Berna, Bruselas, Viena, Estocolmo, Helsinki o Copenhague, si en estas capitales de países la renta per cápita es sensiblemente superior a la española.
Aquella mañana
Para evitar descafeinarse sería imprescindible tener una nariz como la de Grenouille. Un olfato no mortal, ávido de reflejos, facultado para registrar más de mil olores y recordarlos. Una pituitaria potente, que permita recuperar los aromas y engendrarlos también, crearlos y rendirles un homenaje.
Para no descafeinarse sería preciso aspirar profundamente e inundarse del perfume deseado. Rememorar el olor que buscamos con el fin de sentir aquello que hace tanto que no se siente. Dicen los científicos, y también los estadistas, aunque no sean los más indicados para hablar del tema, que no se vibra ni se disfruta de la misma forma sino es a partir de una percepción olfativa. Lo que no consigue la vista, ni el paladar, ni tan siquiera el tacto, lo puede la nariz.
Por eso aquella mañana, quien esto pensó, se dijo, lúcido, a sí mismo: "te he echado tanto de menos, patria pequeña y fugaz".
Para no descafeinarse sería preciso aspirar profundamente e inundarse del perfume deseado. Rememorar el olor que buscamos con el fin de sentir aquello que hace tanto que no se siente. Dicen los científicos, y también los estadistas, aunque no sean los más indicados para hablar del tema, que no se vibra ni se disfruta de la misma forma sino es a partir de una percepción olfativa. Lo que no consigue la vista, ni el paladar, ni tan siquiera el tacto, lo puede la nariz.
Por eso aquella mañana, quien esto pensó, se dijo, lúcido, a sí mismo: "te he echado tanto de menos, patria pequeña y fugaz".
Tu paso por el mundo
A veces la vida es tan estática que no queda tiempo ni para recordar. Es entonces cuando entre una máquina y un ser vivo hay muy pocas diferencias. Suena el despertador y en media hora estás sentado en un coche frenando y acelarando. A las dos horas de ese toque de queda matutino, te plantas en el metro. Esperas, lees, dormitas. Abres los ojos y encuentras las miradas de las personas que intentan no hacerlo, que intentan no dormirse, pero tampoco quieren robarte la intimidad del sueño. Sin embargo, lo hacen. Te despiertas trasnochado, y es tu parada, te pones en pie dudándolo, sales, buscas el otro andén. De nuevo, coges otro metro, u otro autobús, aún te quedan más plataformas por pisar hasta arribar a tierra firme. Pero llegas. Y te metes en la oficina, como los ladrones. Allí no ves salir el sol ni ponerse; los fluorescentes son demasiado potentes para percibir que el día pasa, que las horas se escurren, y que te queda poco para meterte entre las sábanas y pensar en que un día más voló, se quedó atrás. Y en que tu paso por el mundo ha sido nimio.
La frase
"Ver lo que tienes delante de las narices es una lucha continua".
George Orwell
George Orwell





