...
Te dan gato por liebre. Aquí tienes tu vida, aquí te la vendo.
Gravitación
Prácticamente hacia casi todo mantengo un tipo de sentimiento ambiguo que me gustaría cambiar y convertir en neutral. Por ejemplo, siento una especie de fascinación natural por el inglés que, a la vez, resulta contradictoria, pues a veces lo aborrezco tanto como lo honro. Deseo hablar esa lengua con la misma intensidad que un niño quiere alcanzar los caramelos que se esconden tras las vitrinas, pero no puede. Araña el cristal con sus deditos insolentes y acusadores, pero no son capaces de traspasarlo. Lo mismo me ocurre con el inglés: paladeo su pronunciación pero me trabo en la tercera palabra. Allí me resbalo y me caigo.
Esa fascinación llega a cobrar visos de sobrenatural en otros ámbitos parecidos al inglés. El sentimiento de la rabia me parece acertado para describir lo que determinados hechos o cosas o personas me hacen sentir. La admiración trasciende lo humano y aceptable pero, por eso mismo, es muy probable que la emoción gravite y se desplome, cayendo sobre ese algo o alguien dañándole irreversiblemente.
Esa fascinación llega a cobrar visos de sobrenatural en otros ámbitos parecidos al inglés. El sentimiento de la rabia me parece acertado para describir lo que determinados hechos o cosas o personas me hacen sentir. La admiración trasciende lo humano y aceptable pero, por eso mismo, es muy probable que la emoción gravite y se desplome, cayendo sobre ese algo o alguien dañándole irreversiblemente.
Perdidos inestables
La hija de Peridis dejó, antes de morir con 32 años, un importante legado a su padre y a la humanidad. He aquí algunas reflexiones que mi padre me ha remitido, a las que ha hecho notas cuidadosamente y ha añadido la edad que ella tenía.
Correo para Lucía (32 años)
Madrid, 4 de enero de 2005
... la gente del campo no consume casi, cultiva su comida, viste de forma sencilla, no se preocupa tanto por la moda, ni por los cosméticos; no genera riqueza a las empresas, por eso ya no interesa. Interesan grandes superficies que produzcan carne, huevos, leche, tomates; que contraten al menor número de personas, para que el resto vivamos en las ciudades, con nuestros coches, nuestros sueños de fama, con ser "especiales" y distintos con tal o cual perfume, que queramos parecernos a tal cantante o actriz o actor, que nos cansemos de todo, del color de nuestro pelo, del largo de nuestras uñas, de nuestros granos, del color del iris, del jersey del lunes, que compremos sin parar. Y claro, eso al final se extrapola a todo, al alcohol, al tabaco, al costo, a las pastillas, a la coca; todo mueve la economía, y cuanto más inestables seamos, más querremos comprar. Por eso, busquemos el amor perfecto, el novio perfecto, el sexo perfecto; cambiemos, probemos, para así seguir perdidos inestables, y comprando (...)
Marta Pérez Martín
Correo para Lucía (32 años)
Madrid, 4 de enero de 2005
... la gente del campo no consume casi, cultiva su comida, viste de forma sencilla, no se preocupa tanto por la moda, ni por los cosméticos; no genera riqueza a las empresas, por eso ya no interesa. Interesan grandes superficies que produzcan carne, huevos, leche, tomates; que contraten al menor número de personas, para que el resto vivamos en las ciudades, con nuestros coches, nuestros sueños de fama, con ser "especiales" y distintos con tal o cual perfume, que queramos parecernos a tal cantante o actriz o actor, que nos cansemos de todo, del color de nuestro pelo, del largo de nuestras uñas, de nuestros granos, del color del iris, del jersey del lunes, que compremos sin parar. Y claro, eso al final se extrapola a todo, al alcohol, al tabaco, al costo, a las pastillas, a la coca; todo mueve la economía, y cuanto más inestables seamos, más querremos comprar. Por eso, busquemos el amor perfecto, el novio perfecto, el sexo perfecto; cambiemos, probemos, para así seguir perdidos inestables, y comprando (...)
Marta Pérez Martín
Versos apátridas (y suicidas)
(...) Los recuerdos son injustos / los presentes diversos / los futuros inolvidables / Sobreescribimos
(...) Cruzo tu fotografía de plano a plano. Rompo tu sonrisa y me la como en forma de cucurucho de papel. Dentro de mí, hace la digestión. Es la única forma de tenerte dentro de mi mientras el papel se marchita y los días se deslizan a paso de calendario.
(...) Le tendió el enchufe y le dijo: "Mete los dedos". Y los metió.
(...) En cierto modo, la electricidad y el magnetismo eran lo único que le interesaba. Día a día, acercaba los imanes a las limas y observaba cómo se atraían.
(...) Que me parafrasees no significa nada más que me has leído. Que lo hagas significa que lo has comprendido y que lo has anotado en tu cabeza. Olvídate de olvidarlo.
(...) Nos dibujamos / Maquillaje para ocultar las venas / Sangre para tus labios / Lágrimas para olerme / Opacidad
(...) Vieja Errada Arrugada Opaca Triste
(...) Palmea cual mariposa
(...) Lo olvido todo / Ya no vale lo mismo / Vendo recuerdos a miles / Compro inocencia cálida / Hago dibujos por palabras / Cambio sonrisas por presencias / Envuelvo brocas para anillas y tornillos / Robo ilusiones / En venta
(...) Coquetea con quienes esperan el autobús. Lanza miradas desesperadas mientras ralla el cristal del televisor. Los ojos pantallosos (vidriosos) no la ven.
(...) Desdoblaba la mirada / La plegaba / Parpadeaba telarañas / Temblaban sus pupilas / Se encharcaban / Se ahogaban
(...) Cansada de practicar la escritura automática intenta parecer cuerda y sin embargo, se encuentra quitándole una flor a un niño y sacándole la lengua a un ejecutivo. El verso fácil le revienta, la fácil vida le revienta, la sencillez le abruma y lo complicado le enloquece. Nunca trataría de envolverse en papel de periódico pero tal vez lo haría de oscuridad, hasta apagar las luces, y lo único que hallaría serían ojos nocturnos...
(...) Cruzo tu fotografía de plano a plano. Rompo tu sonrisa y me la como en forma de cucurucho de papel. Dentro de mí, hace la digestión. Es la única forma de tenerte dentro de mi mientras el papel se marchita y los días se deslizan a paso de calendario.
(...) Le tendió el enchufe y le dijo: "Mete los dedos". Y los metió.
(...) En cierto modo, la electricidad y el magnetismo eran lo único que le interesaba. Día a día, acercaba los imanes a las limas y observaba cómo se atraían.
(...) Que me parafrasees no significa nada más que me has leído. Que lo hagas significa que lo has comprendido y que lo has anotado en tu cabeza. Olvídate de olvidarlo.
(...) Nos dibujamos / Maquillaje para ocultar las venas / Sangre para tus labios / Lágrimas para olerme / Opacidad
(...) Vieja Errada Arrugada Opaca Triste
(...) Palmea cual mariposa
(...) Lo olvido todo / Ya no vale lo mismo / Vendo recuerdos a miles / Compro inocencia cálida / Hago dibujos por palabras / Cambio sonrisas por presencias / Envuelvo brocas para anillas y tornillos / Robo ilusiones / En venta
(...) Coquetea con quienes esperan el autobús. Lanza miradas desesperadas mientras ralla el cristal del televisor. Los ojos pantallosos (vidriosos) no la ven.
(...) Desdoblaba la mirada / La plegaba / Parpadeaba telarañas / Temblaban sus pupilas / Se encharcaban / Se ahogaban
(...) Cansada de practicar la escritura automática intenta parecer cuerda y sin embargo, se encuentra quitándole una flor a un niño y sacándole la lengua a un ejecutivo. El verso fácil le revienta, la fácil vida le revienta, la sencillez le abruma y lo complicado le enloquece. Nunca trataría de envolverse en papel de periódico pero tal vez lo haría de oscuridad, hasta apagar las luces, y lo único que hallaría serían ojos nocturnos...
Paráfrasis
"En realidad. Odio comenzar de ese modo, pero en ninguna parte dicen cómo se ha de empezar un, pongámosle un nombre cualquiera, escrito. En ningún manual de los que había encontrado se explicaba cómo comenzar un buen artículo. Cómo conseguir una buena novela, pues no era lo mismo hacer de un trozo de papel en blanco una buena historia que una muy vendible situación escénica. Es fácil hallar lo legible. Hablemos de una pareja; que se ama, que se odia. Sumémosle algo de sexo o, si no, pensamientos elevados. ¿Un beso? ¿Una caricia? Mejor, hagamos que se deseen, que vuelen pero no con demasiada magia sino con más casualidad. Entonces tendremos una pieza para devorar. Se leerá. Se comprará. Se recomendará, pero no será valorada. La cuestión no es vender, sino convencer.
No pretendía seducir, tan solo, contar.
Contar no es tan fácil. Contar la vida de uno es un arduo trabajo. Primero, hay que recopilar las historias y, para hacerlo, es preciso recordar. Tener memoria. Si no se dispone de esta, hay que tener imaginación, mucha imaginación. Hallar detalles. Mezclar pasajes. Refundirlos en memorias leídas. Novelar. Y tener ritmo. El ritmo es esencial. Se puede aburrir sólo si partes de un enunciado delirante, pero si el texto está justificado se compensa en su justa medida al lector. El lector elige. Es distraído, aunque entregado, y curioso. Pero tiene una actitud vacilante, una mirada insidiosa, una tentación que vive dentro de él. Hay que mimarle para luego sacudirle. Perderle y darle los cabos sueltos dosificadamente. Juntarle palabras, resolverle enigmas, dejarle alguno para el final. O para la cama. Tal vez para su pareja.
El lector es el enamorado. No se le puede dar, como a éste, nada demasiado trillado, ni mostrale el primer día el truco. Se le debe decir que hay un truco. Hablarle del sabor. De su olor. Evocar su forma. Tallar en su mirada la curvatura del elemento. Dejarle encontrar algo. Poco a poco. Propiciar sus descubrimientos, olvidar detalles a propósito. Dejarle en el camino de vuelta a casa una pista. Dos, cuatro. No más. Y atraerle. Acercarle hasta oir el latido del corazón y su pausa. Hacer que se pare.
Es difícil separar la lectura de la escritura. Tan difícil como delimitar la amistad y el amor, tu campo de maizales y el mío. Siempre fue arduo repartir, negociar, dar y recibir. Regalar o conservar. Recuperar lo volitivamente dado. Recuperar lo deliberadamente absorbido. Tras la contienda, somos otros seres. Tenemos cicatrices y ampollas sin explotar. Somos personas dentro de personas. Nos hemos quitado la piel una vez. Mudamos. Cambiamos. Dejamos atrás. Dejamos de mirar atrás. Dejamos detrás quiénes fuimos. Nacimos por cesárea. Nos separaron. Nos practicaron una cirugía. Rompimos el embrión".
No pretendía seducir, tan solo, contar.
Contar no es tan fácil. Contar la vida de uno es un arduo trabajo. Primero, hay que recopilar las historias y, para hacerlo, es preciso recordar. Tener memoria. Si no se dispone de esta, hay que tener imaginación, mucha imaginación. Hallar detalles. Mezclar pasajes. Refundirlos en memorias leídas. Novelar. Y tener ritmo. El ritmo es esencial. Se puede aburrir sólo si partes de un enunciado delirante, pero si el texto está justificado se compensa en su justa medida al lector. El lector elige. Es distraído, aunque entregado, y curioso. Pero tiene una actitud vacilante, una mirada insidiosa, una tentación que vive dentro de él. Hay que mimarle para luego sacudirle. Perderle y darle los cabos sueltos dosificadamente. Juntarle palabras, resolverle enigmas, dejarle alguno para el final. O para la cama. Tal vez para su pareja.
El lector es el enamorado. No se le puede dar, como a éste, nada demasiado trillado, ni mostrale el primer día el truco. Se le debe decir que hay un truco. Hablarle del sabor. De su olor. Evocar su forma. Tallar en su mirada la curvatura del elemento. Dejarle encontrar algo. Poco a poco. Propiciar sus descubrimientos, olvidar detalles a propósito. Dejarle en el camino de vuelta a casa una pista. Dos, cuatro. No más. Y atraerle. Acercarle hasta oir el latido del corazón y su pausa. Hacer que se pare.
Es difícil separar la lectura de la escritura. Tan difícil como delimitar la amistad y el amor, tu campo de maizales y el mío. Siempre fue arduo repartir, negociar, dar y recibir. Regalar o conservar. Recuperar lo volitivamente dado. Recuperar lo deliberadamente absorbido. Tras la contienda, somos otros seres. Tenemos cicatrices y ampollas sin explotar. Somos personas dentro de personas. Nos hemos quitado la piel una vez. Mudamos. Cambiamos. Dejamos atrás. Dejamos de mirar atrás. Dejamos detrás quiénes fuimos. Nacimos por cesárea. Nos separaron. Nos practicaron una cirugía. Rompimos el embrión".
Retales
¿Y si te dijera que Degas y Monet no evolucionaron hacia el arte abstracto o expresionista en la etapa final de su vida, sino que padecían fuertes trastornos oculares? ¿Y si te contara que Monet tenía cataratas¿ ¿Y que Degas debía alejarse varios metros de la obra para observar el resultado?
Tal vez te esté revelando el mundo.
El secreto.
El código de la esencia.
Cuando vienen visitas a casa, ella les ofrece agujas para enebrar. Si tienen buena vista, abusa y les tiende dos. Si no es así, una es suficiente.
A veces sus palabras levitan. No me asusta, me fascina.
Tal vez te esté revelando el mundo.
El secreto.
El código de la esencia.
Cuando vienen visitas a casa, ella les ofrece agujas para enebrar. Si tienen buena vista, abusa y les tiende dos. Si no es así, una es suficiente.
A veces sus palabras levitan. No me asusta, me fascina.
Doble lectura
Ahora lo entiendo: estuve caminando boca abajo durante meses. Leyendo las primeras notas, los primeros anhelos, las primeras palabras de arrobo, de apelativos cariñosos, se descubre que el comienzo fue sólido y equilibrado, pese a todo. Nací, crecí, me desarrollé. Pero me fui volviendo loca a medida que pasaban los meses. Leyendo aquellas letras del principio, lo he visto claro. La intensidad cabía en el cuerpo de una persona, en el ventrículo izquierdo y los dedos pulgares. Cuando pasó el tiempo, la locura era dogmática. Pero viendo todo aquello hoy, me he dado cuenta de que no es bueno mirar al sol.
Born to be a drummer
"I think you can only be born a drummer. You can get lessons, but you're born a drummer".
Dito Montiel
Dito Montiel
Hemiplejía moral
"La obra intelectual aspira, con frecuencia en vano, a aclarar un poco las cosas, mientras que la del político suele, por el contrario, consistir en confundirlas más de lo que estaban. Ser de izquierda es, como ser de derecha, una de las infinitas maneras que el hombre puede elegir para ser un imbécil: ambas, en efecto, son formas de la hemiplejía moral. Además, la persistencia de estos calificativos contribuye no poco a falsificar más aún la "realidad" del presente, ya falsa de por sí, porque se ha rizado el rizo de las experiencias políticas a que responden, como lo demuestra el hecho de que hoy las derechas prometen revoluciones y las izquierdas proponen tiranías".
José Ortega y Gasset, La rebelión de las masas (1937)
José Ortega y Gasset, La rebelión de las masas (1937)
Nudo
Odio (sentimiento extremo y radicalmente inusual) cuando la inspiración o como se le quiera llamar te atrapa. Te está asfixiando y estás ahí, cual aparición, lejos pero te puedes acercar si te aprehendo fuerte y te impulso y te obligo. Si te fuerzo a estar conmigo. Llega, súbitamente, cuando termina "Tierra" o "Bailar en la oscuridad", cuando estoy sola y leo un párrafo y paso el dedo por la línea y vuelvo a ella una y otra vez. Lo silabeo. Lo paladeo. Lo lastimo. Lo rasgo. Lo devuelvo.
Odio cuando llama a mi puerta y todo está listo, la hoja de papel en blanco, el teclear latente, como pulso loco, desvaído, mareado, y me dispongo a hacerlo, voy a plasmarlo, voy a contártelo, te lo voy a gritar, lo voy a clamar a los cuatro vientos, pues se que todos están reunidos en el inmenso océano y, de pronto, todo cae absurdamente y desaparece cuando no puede simplemente volar, escapar, huir...
Lo odio. Me estigma. Me lastra. Me angustia. Me inquieta. Quiero volver a empezar pero ya no es igual. No pienso igual, he perdido aquel descubrimiento, la lucidez de la oscuridad, de la botella rota en mil pedazos, de la sangre por mis manos. Pierdo la notoriedad, la expresión, el verso, la prosa, la labia, las átonas. Olvido el arranque, el nudo, el desenlace. Cuento con los dedos y no recuerdo el final. Las dos primeras líneas. Tu posición en el espacio. La ropa que llevabas. La proximidad con el milímetro.
Es importante eso, ¿sabes? Acordarse de todo. Prestar atención a la situación de los cuerpos, a la nitidez con que se pronuncian las palabras, la cadencia de las mismas, el sentido del mensaje, la forma de pronunciar los puentes que te tiendes. El gesto, el movimiento, los párpados, el arqueo, la sonrisa, el color, la respiración, los pasos, el escenario, la cercanía.
Y la incapacidad de expresarse es abrumadora. La tengo que recibir una y otra vez y darle la bienvenida cuando, lo que quiero, es dejarla ir.
Odio cuando llama a mi puerta y todo está listo, la hoja de papel en blanco, el teclear latente, como pulso loco, desvaído, mareado, y me dispongo a hacerlo, voy a plasmarlo, voy a contártelo, te lo voy a gritar, lo voy a clamar a los cuatro vientos, pues se que todos están reunidos en el inmenso océano y, de pronto, todo cae absurdamente y desaparece cuando no puede simplemente volar, escapar, huir...
Lo odio. Me estigma. Me lastra. Me angustia. Me inquieta. Quiero volver a empezar pero ya no es igual. No pienso igual, he perdido aquel descubrimiento, la lucidez de la oscuridad, de la botella rota en mil pedazos, de la sangre por mis manos. Pierdo la notoriedad, la expresión, el verso, la prosa, la labia, las átonas. Olvido el arranque, el nudo, el desenlace. Cuento con los dedos y no recuerdo el final. Las dos primeras líneas. Tu posición en el espacio. La ropa que llevabas. La proximidad con el milímetro.
Es importante eso, ¿sabes? Acordarse de todo. Prestar atención a la situación de los cuerpos, a la nitidez con que se pronuncian las palabras, la cadencia de las mismas, el sentido del mensaje, la forma de pronunciar los puentes que te tiendes. El gesto, el movimiento, los párpados, el arqueo, la sonrisa, el color, la respiración, los pasos, el escenario, la cercanía.
Y la incapacidad de expresarse es abrumadora. La tengo que recibir una y otra vez y darle la bienvenida cuando, lo que quiero, es dejarla ir.





