Blogs.ya.com Quitar publicidad
Mac Guffin
Más cine, por favor
Acerca de
"Parece como si existiera en el cerebro una región totalmente específica, que podría denominarse memoria poética y que registrara aquello que nos ha conmovido, encantado, que ha hecho hermosa nuestra vida. Desde que conoció a Teresa, ninguna mujer tenía derecho a imprimir en esa parte del cerebro ni la más fugaz de las huellas". La insoportable levedad del ser. Milan Kundera
Counter
Sindicación
 
Epilepsia mental
"Mañana en la batalla piensa en mí" o "Mañana, (coma) en la batalla piensa en mí". También puede ser: "En la batalla de mañana piensa en mí". O: "Mañana piensa en mí durante la batalla". Disquisiciones tontas: te invito a reflexionar.

Por mucho que me las haga, las mieles, en torno a una taza de té y fumando un Galouise -por dios, ni siquiera sé si se venden, qué profunda nostalgia me da todo-, no voy a sentarme en un círculo ni a encender un fuego. No voy a sacar una linterna de una mochila, ni a esconder varias monedas con la cara de otro monarca en mi bolsillo. Te ves tan niña, niña, recortándolo todo. Haces pedacitos y los vuelas por la ventana. En ellos hay pequeños mensajes: aquí un verso de Benedetti, allá otro de Vallejo. Qué poca poesía has leído.

Venías a buscarme a las siete en punto a aquel pequeño complejo en donde las fuentes inexistentes tenían varios caños. Recuerdo cómo conseguí el trabajo. Cómo, al instante, me llamaron: "Es tuyo". Y yo, me hice mieles. Y tú, las compartise conmigo.

Eran en punto cuando la conductora del autobús precisaba que nos despidiéramos. Era encantadora, eso pensamos. Me miró de arriba a abajo y yo a ella, y nos sonreímos.

Cuando para el metro en Tribunal, tienes que descender. Salir y esperar. Llegará el día menos pensado en que ese ritmo melódico e inquieto ya no será vano y hallará su explicación.

Mientras te consumes las tardes con televisión y revistas (ya comenzaste a entender cómo se lee "La luna de metrópoli", ya dominas el "On Madrid" y le sacas partido a "El cultural"), piensas en que te gustaría ser como Amy sin parecerte nada a ella. Clavarte un lápiz de ojos en el corazón y hacerte un ovillo en el sofá. Como hacías.

También ordenas a tus piernas que hagan caso a tus órdenes cerebrales, pero no eres capaz de moverlas. Son largas y están morenas, te gusta verlas andar. No te gusta cruzarlas. Sí cuando se tensan.

Te sirves un té. Sacas una magdalena. Te creíste de cuento. Olvídalo. Todo es real cuanto más lo parece.

 
Doisneau. Posmodernidad



 
Amy y Blake





 
Love is a losing game
"Le cuento que uno de sus ídolos, la cantante de country Dolly Parton, se levanta cuatro horas antes que su marido para estar maquillada y presentable ante él. La anécdota le parece genial. Winehouse asegura que haría lo que fuera con tal de tener contento a Blake. Innumerables veces durante la entrevista se levanta para darse besos con su marido, cuando no responde distraída a las preguntas con un: "Perdona, no te presté atención; estaba pensando en Blake".

No hace falta pasar mucho tiempo con ellos para concluir que existe una relación de dependencia, y que ya podía Winehouse cuidarse a sí misma la mitad de lo que atiende a su marido. Están muy enamorados, pero también está claro que son dos seres autodestructivos, tan capaces de ser lo mejor como lo peor que le haya podido pasar al otro. Él tiene el nombre de ella tatuado tras la oreja derecha. Ella, el de él sobre el corazón. Son cómplices que desaparecen camino del baño con una regularidad que invita a pensar en consumo de drogas.

Cuando le pregunto cómo sabría que ha llegado el momento de reconsiderar alguno de sus hábitos y vicios, le rebota la cuestión a Blake. "Baby, ¿si tuviera un vicio malo cuándo me daría cuenta de que lo es?". "Yo te lo diría", contesta él con su sonrisa de dibujo animado en la cara".

Rolling Stones. Jenny Eliscu
 
Elenco
A veces me gustaría dejar de tamborilear mis dedos en la mesa y coger el lápiz. Pero ya no puedo hacerlo. Ahora tecleo. Me siento y poso mis manos en el piano de la computadora. Y brotan las palabras. Querría describir el perfil de las personas que me rodean en ese "habitáculo", como un día dijo F. F. F, en el que paso tantas horas al día, rodeada de las mismas respiraciones y los mismos olores.

M. A. Sólo tengo que abrir los ojos para encontrármelo, pero es difícil captar una de sus miradas, que, con discrección, sé que reserva para su "chica", como él la llama. A veces descuelga el teléfono y aunque no quiero escuchar, escucho cómo se dirige a ella, y tiemblo, y sonrío. Su afición por el teatro es profesional y real, su dominio es intrigante. Comedido, paciente, simpático. Capaz de abstraerse y ascender a la concentración más absoluta, el desgarbado periodista, flaco y rubio, de cómic, con camisetas de películas y grupos de música, es el más eficaz. Con sólo treinta años, es una piedra angular en la redacción. Lee entre líneas, no es pícaro pero persigue la noticia, ama la profesión y su sacrificio, y tiene mil nombres, mil cosas, mil historias, mil temas en la cabeza. Todo lo quiere sacar, busca espacio de debajo de las piedras, es liberal, aborrece el bigotito de Aznar pero invoca a Keynes tal vez, es partidario del "laissez faire" y veo en él un trasfondo de Adam Smith, también de Bobbio, malas notas, mucho mus y póquer, sonrisa, sorna, y seriedad. Un supermán del periodismo.

D. C. C. Es auténtico. Camina rápido, es enérgico, tiene la piel morena. Es simpático, y tiene una curiosidad insaciable. Busca, llama a Azpilicueta, sugiere, va con la avanzadilla a explorar las cosas que no están bien. Está lleno de letras, de palabras, de trucos, de experiencias. Es un abismo de juventud que rebosa y desborda, comprende, mira, sonríe, siempre tiene la palabra adecuada en el momento buscado y no duda. No trastabillea, y te habla de cerca, invadiendo un espacio que era propio y ahora te atreviste a compartir.

J. O. El mundo se ha vuelto loco en sus pupilas. Se rapó el pelo con vetas blancas que se despeinaba, ahora sus pestañas se unen aún más, se arremolinan en el rabillo del ojo y hacen de ellos una barca mágica, brillante, que se pierde en la nada de una mente abstracta, que sabe todo lo que se puede saber, todo lo que existe y más. Lleno de historias (de exnovias, de Ángelas que se desvestían en los conciertos de Iggy Pop y cervezas y cubatas en la carretera), lleno de cuentos de hadas con bisturí y cine negro, blanco, azul, amarillo, de todos los colores. Es una profusión de elementos culturales mezclados en una persona de mediana estatura, delgada pero fuerte, que concentra más de tres décadas de vida, que es vieja, que es inocentemente joven, educada, diplomática, devastadora, destructiva, afilada, fuerte, débil, nerviosa, categóricamente especial. Es un bohemio, un Clark Gable salido de un barrio de españolitos, un tipo de izquierdas que entrevista a Jiménez Lozanos y que entiende poesía, de arte, de cultura, de libros, de música, de cine, de todo lo que en esta vida puede adoptar formas artísticas o literarias, salvo de la vida.

(Continuará)
 
Feliz
Jo-der.
Sus ojos son alegres, sonríen mucho más que su boca.
Sus labios son finísimos, y están secos.
Sus mejillas se colorean.
Es, dijiste, la parte feliz de un coche, un tanto artificial.
Se le arruina la vida a las ocho de la tarde.
No es capaz de cargar con el peso de una redacción echando humo.
Y sin embargo, ya nadie fuma.
Entra y sale.
Sonríe con diplomacia.
Te pregunta con absorción.
Te absorbe.

 
Hoy tengo un plan
Woody Allen llevaba en mis sueños unas converse rojas y tenía la voz de Manolo García. Insurrectos y absurdos nos encontramos los humanos ante las puertas de la felicidad. Es cuando nos inventamos la realidad, la maquillamos y nos convertimos en lobos nocturnos con ojos rasgados que miramos con hambre a los demás. Y la música se mete en tu cuerpo y las cosas que hacen bum-bum explotan en tu interior y dios, dale de nuevo al repeat que la fiesta no decaiga.

Escribiendo.

 
Diálogos bellos
"Este corazón, si fuera piedra, ya habría roto. Si fuera piel de vaca, ya habría reventado".

"La muerte pasa rápido, pero es ese después lo insoportable".

"Lo que se espera nunca quiere venir".

"Tú eres agricultor, pero yo soy madre".

"La esperanza te pierde".

"Cesó".

"No quiero oscurecer en la hamaca".

"Me duele mi hijo".

"No vamos a llorar".

"Sólo se le llora a la muerte".

"Y todavía no nos morimos".

"No hay que estar solo".

"Nos tenemos el uno al otro".

"Estamos hechos el uno para el otro".

"Estamos felices así".

"Ha pasado una estrella".

Hamaca paraguaya, Paz Encina
 
Martilleo
Es julio. Me duelen los hombros. Tengo un moratón rojo en el antebrazo. Otro en el muslo, pero este es verde. Me pregunto por qué mi cuerpo no quiere ser de color carne.

Aquel hombre de la nariz ancha, los pómulos prietos y el cuerpo de gimnasio aseguraba que había fotografiado espejismos. Contaba que es una ilusión óptica, pero no necesariamente producida por el calor y varios días a la deriva del desierto. Él tenía una fotografía con un oasis, pero tal plataforma azulada no existía.

Escojo "Nunca el tiempo es perdido". Es verano y los hombres azules quieren raptarme, para visitar al Doctornoestamosolos y encontrarme, en sueños, con el afilador. Y desear que vendrán días en que el peso que hoy te abruma ya no será carga sino bagaje.

No podría quedarme con una de sus frases, no podría elegir el momento en que la vida ha dejado de ser realidad para convertirse en un espejismo. No podría asegurar si estoy dentro o fuera de esa plataforma azulada, no sabría cómo descifrar si estoy viva. O si dejé de existir y la percepción me está traicionando. Intento abrir la puerta pero no me doy cuenta de que delante hay una mesa.

Sólo vemos lo que queremos ver. Somos muy capaces de vaticinar, de predecir, de sentir qué es lo que va a pasar de un momento a otro. Y, sin embargo, muchas veces nos velamos los ojos. Los escondemos tras un paracaídas a prueba de bombas, por el que nos dejamos deslizar para que el golpe no sea seco, pero lo es.

A veces lloras. A veces las lágrimas caen rendidas, hartas de estar encerradas en casa. Se llenan de oxígeno y pesan como bolas de cristal, llenas de incomprensión. La música sigue sonando y la vida, como un radar, nos avisa del peligro que corre.

Alrededor del cuello le han puesto una soga. Y los pies le cuelgan. Recuerdo muy bien aquella escena de "El beso mortal", una película en que el cine clásico dejaba de serlo y se revelaba en otras formas, ante la incomprensión y, probablemente, insatisfacción del público. Me pregunto si cuando digo "unicornio" el lector sabe qué quiero decir. Me pregunto si cuando aludo al viento o salto con tangente cinco metros de altura, el que está ahí, poniendo sus ojos en la pantalla del ordenador, y dejando que las letras se impriman en sus retinas, es capaz de decodificar lo que aquí yace.

Aquí yazgo yo.