Nao sei dormir
Amalucada Vida
e voce amalucada vida
e voce a minha consentida
e voce desnorteada briga
e voce a minha perdicao
eu nao sei dormir sem a tua companhia
eu nao sei voar sem voces a meu lado
procurar um lugar tao buscado
vou beber vou rir vou jantar
e voce amalucada briga
e voce e voce e voce
eu nao sei dormir sem a tua companhia
eu nao sei voar sem voces a meu lado
procurar um lugar tao buscado
vou perder vou ganhar e tentar
e voce amalucada vida
e voce e voce e voce
eu nao sei dormir
eu nao sei voar
La Radiolina, Manu Chao: "Amalucada vida"
e voce amalucada vida
e voce a minha consentida
e voce desnorteada briga
e voce a minha perdicao
eu nao sei dormir sem a tua companhia
eu nao sei voar sem voces a meu lado
procurar um lugar tao buscado
vou beber vou rir vou jantar
e voce amalucada briga
e voce e voce e voce
eu nao sei dormir sem a tua companhia
eu nao sei voar sem voces a meu lado
procurar um lugar tao buscado
vou perder vou ganhar e tentar
e voce amalucada vida
e voce e voce e voce
eu nao sei dormir
eu nao sei voar
La Radiolina, Manu Chao: "Amalucada vida"
Dale al play
A Quai se llama. Dale al play y déjate llevar. Si no sabes escribir, dale al play y déjate llevar; deslizan tus dedos por el teclado cual piano y te ves volando... No es necesario que sigan el ritmo el ritmo se adquiere con el viento, con las puestas de sol, inquietantes, con las doradas, el romanticismo no existe porque la persona que debe darte el pie no cuadra con la amalgama de recuerdos...
A Madrid lo están haciendo París los que tocan en sus metros y por sus calles. Cada día hay más hombres pequeños, bajos y de marrón que sacan de su utilitario en el que viven los acordeones... Y según se arrugan las láminas de la carpeta se cuelan las notas impulsadas por el viento y el fuelle que da cobijo al fuego...
Y se infla el corazón.
Y el corazón se infla del aire que desprende el acordeón, de los dedos que tocan las llaves y las teclas...
El mundo está en mis manos, reza la inscripción de un muerto que no se va a levantar ya. Qué chiste.
El mundo me pertenece, asevero.
Pero, ¿por qué entonces no puedo cambiarlo ni un ápice?
A Madrid lo están haciendo París los que tocan en sus metros y por sus calles. Cada día hay más hombres pequeños, bajos y de marrón que sacan de su utilitario en el que viven los acordeones... Y según se arrugan las láminas de la carpeta se cuelan las notas impulsadas por el viento y el fuelle que da cobijo al fuego...
Y se infla el corazón.
Y el corazón se infla del aire que desprende el acordeón, de los dedos que tocan las llaves y las teclas...
El mundo está en mis manos, reza la inscripción de un muerto que no se va a levantar ya. Qué chiste.
El mundo me pertenece, asevero.
Pero, ¿por qué entonces no puedo cambiarlo ni un ápice?
Ok, caos
El primer paso es sentir cómo aviene.
El teléfono suena.
Veo cómo vibra sobre el escritorio.
Y descifro el número.
Es largo.
Su voz atronadora.
La del tren. La de la oportunidad. La del stop.
El teléfono suena.
Veo cómo vibra sobre el escritorio.
Y descifro el número.
Es largo.
Su voz atronadora.
La del tren. La de la oportunidad. La del stop.
Rostros sabios
Página 363: "Hemos cogido juntos el ascensor, sin hablar. Parecía muy cansado, más cansado que triste; me he dicho: así es como se ve el sufrimiento en los rostros sabios. No se nota demasiado, sólo provoca la impresión de un cansancio enorme. ¿También yo parezco cansada?".
El final era inmerecido. ¿Por qué?
El final era inmerecido. ¿Por qué?
Búsqueda

En medio la guitarra
-Ven, que te invito a un caligrama.
-¿De qué sabor?
-¿Te gusta éste? "Y el tren que pasaba / ha dejado mis manos colmadas de racimos".
-Es sólo el final de "Cuadro".
-A Gerardo Diego le gustaba Maurice Raynal.
-Y a él Pablo Gargallo.
-"Después de ver el cuadro / la luna es más precisa / y la vida más bella".
-¿Por qué uno no se hará en dos?
-¿Por qué tú no eres como yo?
-Lo que te pasa a ti es que te gustaría que mi réplica fuera tu discurso.
-Y que pensaras como yo.
-Eso es egoísta.
-No compartes, impartes.
-Pero no impongo.
-Sin embargo, dictas.
-No. Marco tu camino.
-Me vendes caligramas como motos.
-Me escuchas con pasión.
-Tengo pasión.
-Entonces no me reproches nada.
-Quiero aprender.
-Y yo soy la única persona de la que quieres aprender.
-"En medio la guitarra"
-"Amémosla".
A la orilla gastada del camino
mi sombra y yo nos despedimos
Versos de Gerardo Diego insertos en una versión reiventada sobre el poema "Cuadro"
-¿De qué sabor?
-¿Te gusta éste? "Y el tren que pasaba / ha dejado mis manos colmadas de racimos".
-Es sólo el final de "Cuadro".
-A Gerardo Diego le gustaba Maurice Raynal.
-Y a él Pablo Gargallo.
-"Después de ver el cuadro / la luna es más precisa / y la vida más bella".
-¿Por qué uno no se hará en dos?
-¿Por qué tú no eres como yo?
-Lo que te pasa a ti es que te gustaría que mi réplica fuera tu discurso.
-Y que pensaras como yo.
-Eso es egoísta.
-No compartes, impartes.
-Pero no impongo.
-Sin embargo, dictas.
-No. Marco tu camino.
-Me vendes caligramas como motos.
-Me escuchas con pasión.
-Tengo pasión.
-Entonces no me reproches nada.
-Quiero aprender.
-Y yo soy la única persona de la que quieres aprender.
-"En medio la guitarra"
-"Amémosla".
A la orilla gastada del camino
mi sombra y yo nos despedimos
Versos de Gerardo Diego insertos en una versión reiventada sobre el poema "Cuadro"
Creemos que podemos hacer miel
Como dice mi hermana, la distancia entre la mano de un observador y la tripa de una embarazada pierde completamente el pudor. No se sonrojan los diez centímetros mínimos de rigor y respeto occidental (en otras culturas será aún más): el dedo en la llaga es la mano sobre la tripa abombada. Nadie se resiste a tocar, cuando, al principio, no hay pies de bebé que sobresalgan ni movimientos del mundo.
Uno de esos que podrían colarse en las páginas de Muriel Barbery en su segunda novela "La elegancia del erizo". Disfrutarla es un verbo que me sabe a poco para tratarse de un volumen que está arrancándome el sueño, apartándome de la tele y haciéndome las delicias en los trayectos de transporte urbano.
Ahora te hablaré a ti directamente, Muriel.
Tu nombre siempre me llevó a Bioy Casares y su invención de Morel. Tu tímida sonrisa hizo que pasara una tarde escribiendo sobre ti, un reportaje que llevaba por título "Cuando el éxito se sonroja", que ha terminado en la papelera de reciclaje de un ordenador, y en la de la redacción de Cultura, Espectáculos y Vivir. Parece mentira que en un diario nacional ese sea su destino de publicación.
Lo sentí muchísimo porque, pese a que tú estuvieras promocionando tu libro y yo estuviera haciendo mi trabajo (de una forma algo penosa: tales son las prisas con las que me pasan los libros y me encargan los temas), me atrevería a decir que las dos paladeamos la entrevista. Yo te preguntaba por el arte y la educación, el cine y la cultura japonesa. Tú respondías con guiños hacia Renée y Paloma, y yo te devolvía la pregunta evocando a Amèlie. Dijiste que nada había en el libro que fuera de su pertenencia; sin embargo, también apreciaste que no había sido la única en hacer esa asociación.
Puede ser que "La elegancia del erizo" se haya colado en las listas de súper ventas sin merecer ese premio, pero me gusta pensar que han sido los libreros y el boca a boca lo que lo ha elevado (o abandonado) a esa categoría. No obstante, no es un libro de fácil lectura ni rápido-paso-de-página (ésta es la definición que da una persona como yo, de difícil lectura en todos los sentidos, a los libros que no han resistido a mi impaciencia). Está repleto de reflexiones y disquisiciones sobre temas abstractos, las camelias y Tólstoi. Es elevado en cierto modo, aunque llano como su protagonista, la portera del edificio situado en el número 7 de la calle Grenelle. Me invita a tomar un té mientras levanto la mirada y busco un lápiz afilado. Y subrayo:
Tengan sólo una amiga pero elíjanla bien.
Cuando se toma el té en Angelina, se está en Francia, en un mundo rico, jerarquizado, racional, cartesiano, regulado.
Yo, en cambio, pienso que sólo se puede hacer una cosa: dar con la tarea para la cual hemos nacido y llevarla a cabo como mejor podamos, con todas nuestras fuerzas, sin buscarle tres pies al gato y sin creer que nuestra naturaleza animal tiene algo de divino. Sólo así tendremos el sentimiento de estar haciendo algo constructivo en el momento en que venga a buscarnos la muerte. La libertad, la decisión, la voluntad, todo eso no son más que quimeras. Creemos que podemos hacer miel sin compartir el destino de las abejas.
Día tras día, recorremos nuestra vida como quien recorre un pasillo.
No podemos dejar de desear, y ello nos magnifica y nos mata. ¡El deseo! Nos empuja y nos crucifica; [...] nos hace construir, aunque hayamos de morir mañana, imperios abocados a convetirse en polvo, como si el conocimiento que de su caída próxima tenemos no alterara en nada la sed de edificarlos ahora; nos insufla el recurso de seguir queriendo lo que no podemos poseer.
Uno de esos que podrían colarse en las páginas de Muriel Barbery en su segunda novela "La elegancia del erizo". Disfrutarla es un verbo que me sabe a poco para tratarse de un volumen que está arrancándome el sueño, apartándome de la tele y haciéndome las delicias en los trayectos de transporte urbano.
Ahora te hablaré a ti directamente, Muriel.
Tu nombre siempre me llevó a Bioy Casares y su invención de Morel. Tu tímida sonrisa hizo que pasara una tarde escribiendo sobre ti, un reportaje que llevaba por título "Cuando el éxito se sonroja", que ha terminado en la papelera de reciclaje de un ordenador, y en la de la redacción de Cultura, Espectáculos y Vivir. Parece mentira que en un diario nacional ese sea su destino de publicación.
Lo sentí muchísimo porque, pese a que tú estuvieras promocionando tu libro y yo estuviera haciendo mi trabajo (de una forma algo penosa: tales son las prisas con las que me pasan los libros y me encargan los temas), me atrevería a decir que las dos paladeamos la entrevista. Yo te preguntaba por el arte y la educación, el cine y la cultura japonesa. Tú respondías con guiños hacia Renée y Paloma, y yo te devolvía la pregunta evocando a Amèlie. Dijiste que nada había en el libro que fuera de su pertenencia; sin embargo, también apreciaste que no había sido la única en hacer esa asociación.
Puede ser que "La elegancia del erizo" se haya colado en las listas de súper ventas sin merecer ese premio, pero me gusta pensar que han sido los libreros y el boca a boca lo que lo ha elevado (o abandonado) a esa categoría. No obstante, no es un libro de fácil lectura ni rápido-paso-de-página (ésta es la definición que da una persona como yo, de difícil lectura en todos los sentidos, a los libros que no han resistido a mi impaciencia). Está repleto de reflexiones y disquisiciones sobre temas abstractos, las camelias y Tólstoi. Es elevado en cierto modo, aunque llano como su protagonista, la portera del edificio situado en el número 7 de la calle Grenelle. Me invita a tomar un té mientras levanto la mirada y busco un lápiz afilado. Y subrayo:
Tengan sólo una amiga pero elíjanla bien.
Cuando se toma el té en Angelina, se está en Francia, en un mundo rico, jerarquizado, racional, cartesiano, regulado.
Yo, en cambio, pienso que sólo se puede hacer una cosa: dar con la tarea para la cual hemos nacido y llevarla a cabo como mejor podamos, con todas nuestras fuerzas, sin buscarle tres pies al gato y sin creer que nuestra naturaleza animal tiene algo de divino. Sólo así tendremos el sentimiento de estar haciendo algo constructivo en el momento en que venga a buscarnos la muerte. La libertad, la decisión, la voluntad, todo eso no son más que quimeras. Creemos que podemos hacer miel sin compartir el destino de las abejas.
Día tras día, recorremos nuestra vida como quien recorre un pasillo.
No podemos dejar de desear, y ello nos magnifica y nos mata. ¡El deseo! Nos empuja y nos crucifica; [...] nos hace construir, aunque hayamos de morir mañana, imperios abocados a convetirse en polvo, como si el conocimiento que de su caída próxima tenemos no alterara en nada la sed de edificarlos ahora; nos insufla el recurso de seguir queriendo lo que no podemos poseer.
Leer leer y soñar soñar
Hay quien dice que se debe tener miedo para sentirse vivo, para saberse dentro de uno mismo. Un corazón late, corres, salibas, te tragas el coágulo de emoción, haciendo honores a Deyanira. Sin embargo, no comparto esa opinión. Me gustaría reinventar el mundo de las cosas recién estrenadas, de las historias recién horneadas. Contarte tu propia vida y que te sonara a nuevo, olvidar todo lo que se hizo mal, y no sentir el ridículo de los que fueron atrevidos, el temor de los que malograron en el intento, el silbido de los que ven censuradas sus actuaciones. Desearía no cometer errores y que las acciones de cada uno fueran coherentes con lo que piensan, no dejarse llevar por las manos y leer con los dedos, reposar el índice en las líneas y seguir el trazado. Y leer leer hasta perder el sueño y soñar soñar con que lo que se hizo no fue en vano.
El equilibrio es imposible
Pese a que busco desesperadamene el bienestar terrenal -lo anhelo como aquel que soñaba con el santo grial-, no lo encuentro y, además, cada vez soy más consciente de cuánta inclinación toma el centro de equilbrio de mi cuerpo. No consigo mantenerme recta, no soy capaz de caminar por una vara. A lo sumo, gateo, cual alma sin ánima, cual niño que acaba de aprender a moverse. Me siento condenada y abocada siempre al mismo precipio abismal, que me lleva al punto de inicio, en el que mis pies cuelgan, pero también mi cabeza. No puedo socorrerme a mí misma del mismo modo que no puedo dejar de cometer insensateces. No me quedan caras nuevas que estrenar y me da vergüenza pasarme la vida poniendo el gesto del que se inclina para pedir perdón y piedad.
Ya no como naranjas
-Cuando usted era una niña comía naranjas mientras leía. Y soñaba.
-Sigo soñando, pero ya no como naranjas. Soy demasiado vieja para comer naranjas. Eso es hacerse vieja: no como esto, no como de lo otro... Pero sigo leyendo mucho, y soñando.
El que pregunta es Juan Cruz (cómo no, me harta su constante presencia a lo Pepito Grillo) y la que responde, Doris Lessing, Premio Nobel de Literatura 2007.
-Sigo soñando, pero ya no como naranjas. Soy demasiado vieja para comer naranjas. Eso es hacerse vieja: no como esto, no como de lo otro... Pero sigo leyendo mucho, y soñando.
El que pregunta es Juan Cruz (cómo no, me harta su constante presencia a lo Pepito Grillo) y la que responde, Doris Lessing, Premio Nobel de Literatura 2007.
Sin asunto
Siempre he querido reproducir frases oídas y sonadas en mi cabeza cuando me encuentro acompañada, pero, generalmente, así como soy incapaz de recordar qué temas llevaba en el listado de asuntos por hablar, tampoco me acuerdo de las citas de cine. Quiero decir, de las de Catherine, por ejemplo. Hay otra que he estado saboreando un buen rato antes de arrojarla contra esta pared negra: "Nunca ha estado claro de que estado te lamentas cuando estás así". Me ha parecido auténticamente reveladora porque refleja con la máxima precisión el estado en que a veces me encontraba cuando estaba así. Para ayudar al lector a entender (comprender, como dice el nuevo eslogan de "El País": miedo me da que se convierta en otro diario sensacionalista más) a qué me refiero, diré que el estado abismal en que solía hundirme y fundirme (pues él y yo formábamos uno solo) era algo así como un sumidero que aspira. Es decir: un tragadero de angustias que, a su vez, pretende subsumir a quien circunda el área. De modo que cuando estaba sumida en ese trance, todo el que se me acercara debía darse cabezazos de incomprensión. El ánimo me machacaba la impaciencia y la paciencia se despedazaba contra la metáfora del otro, no había forma de razonar, aunque tampoco era una furia que acabara disparando jarrones y ceniceros contra las paredes. Era simplemente que "nunca estaba claro de que estado me lamentaba cuando estaba así". Pero así estaba y no había milagro que me sacara del vertedero en un abrir y cerrar de ojos.
Pero te creo
Sé que no soy nadie diferente
Sé que no soy nada especial
Puedo reírme
Puedo llorar
Sé que solamente tuve suerte
Sé que simplemente pude estar
En el momento
En el lugar
Sé que hemos perdido mucho tiempo
No sé cuánto nos puede quedar
Sé que me conoces demasiado
Sé que alguna vez te hice dudar
Pero te creo
Y tú
La Poderosa
"No es éste el relato de hazañas impresionantes, es un trozo de dos vidas tomadas en un momento en que cruzaron juntas un determinado trecho, con identidad de aspiraciones y conjunción de ensueños. ¿Fue nuestra visión demasiada estrecha, demasiado parcial, demasiado apresurada? ¿Fueron nuestras conclusiones demasiado rígidas? Tal vez, pero ese vagar sin rumbo por nuestra mayúscula América me ha cambiado más de lo que creí. Yo ya no soy yo, por lo menos no soy el mismo yo anterior".
Ernesto Che Guevara, 1952. Diarios de motocicleta
Ernesto Che Guevara, 1952. Diarios de motocicleta
Dormir solo
Me late esta chapuza como en mi vida, pero es que ayer, entre el caos, te brillaban los ojos como siempre lo hacen antes de que vayas a morir, al tiempo que a mí me daba un ataque de risa de lo más dulzón. Me regalo estas frases descontextualizadas de Jordi Soler:
Leer cuando haya concentración
Dormir solo
Pedirle a Dios que me despierte a las siete y media del año que viene
amén
[...]
Se lloran las partes que sobran
soy incapaz de llorar un dictador o un bosque
[...]
Lloro porque no me cabes en los ojos
[...]
Se llora todo
el televisor, una lámpara
lo que no cabe
lo que no fue
lo que asfixia
llora el que se ahoga:
el que quiere sacarse la lluvia.
Leer cuando haya concentración
Dormir solo
Pedirle a Dios que me despierte a las siete y media del año que viene
amén
[...]
Se lloran las partes que sobran
soy incapaz de llorar un dictador o un bosque
[...]
Lloro porque no me cabes en los ojos
[...]
Se llora todo
el televisor, una lámpara
lo que no cabe
lo que no fue
lo que asfixia
llora el que se ahoga:
el que quiere sacarse la lluvia.
Efecto secundario
Partir de cero y pagar al contado era para Catherine la base de su doctrina - Si rompemos y luego me doy cuenta de que te amo será un riesgo - La pareja no es el ideal - Su mirada expresaba mucha fantasía y audacia contenidas - Catherine sólo revelaba sus fines alcanzándolos - Temo olvidar sus ojos - Sólo amamos completamente un momento - El futuro es de los curiosos - Cuando las cosas van demasiado bien suele estar descontenta - Ella podría lanzarse a los hombres, como podía al Sena - La vida es neutro
Muchachino pronto le enseñaré a nadar
Cualquiera podría pensar que esta frase busca lo que aquella de Veronese, con el "mujeres soñaron caballos", pero nada de eso. Lo único es que quien la escribió, posa sus dedos con demasiada lentitud sobre el teclado como para volver atrás, y reescribir lo ya escrito.
El texto completo merece su publicación: ¿por qué a veces llenamos páginas y páginas de periódicos con las grandes estupideces de Occidente y olvidamos lo hermoso de la vida?
"Hola hijos: y al nuevo muchachín que va a ser como un javichuelino. El día que me lo dijísteis me quedé mudo sin capacidad de reacción, ayer tuve todo el día un hormigueo por todo mi cuerpo y a punto estuve de enfilar rumbo a Suecia, la mirada se me iba hacia el saliente y mi pensamiento estaba con vosotros y con el nuevo ser; delante del patio de un colegio me paré a mirar la cantidad de cosas raras que hacen los niños y también las niñas, a mi lado tengo un pequeño vagón de tren que he rescatado del trastero, seguro que con este juguetino se tranquilizará y dormirá como un santo Job. Job puede ser un buen nombre, pero tiempo habrá para pensar en el nombre.Tienes que alimentarte bien y cuidarte, ojo con no caerte de la bici, fumar ni una calada, alcohol tampoco. Tenemos que enseñarle a nadar y también le haremos gorros de auténtica naturaleza. Bueno hijos, que estoy muy contento y emocionado. También le enseñaremos a manejar el ordenador. Besos".
Lo que más me gusta, sin duda alguna, es ese despiste gramatical y estructural en la construcción de una frase: "Ojo con no caerte de la bici".
Qué delirio.
El texto completo merece su publicación: ¿por qué a veces llenamos páginas y páginas de periódicos con las grandes estupideces de Occidente y olvidamos lo hermoso de la vida?
"Hola hijos: y al nuevo muchachín que va a ser como un javichuelino. El día que me lo dijísteis me quedé mudo sin capacidad de reacción, ayer tuve todo el día un hormigueo por todo mi cuerpo y a punto estuve de enfilar rumbo a Suecia, la mirada se me iba hacia el saliente y mi pensamiento estaba con vosotros y con el nuevo ser; delante del patio de un colegio me paré a mirar la cantidad de cosas raras que hacen los niños y también las niñas, a mi lado tengo un pequeño vagón de tren que he rescatado del trastero, seguro que con este juguetino se tranquilizará y dormirá como un santo Job. Job puede ser un buen nombre, pero tiempo habrá para pensar en el nombre.Tienes que alimentarte bien y cuidarte, ojo con no caerte de la bici, fumar ni una calada, alcohol tampoco. Tenemos que enseñarle a nadar y también le haremos gorros de auténtica naturaleza. Bueno hijos, que estoy muy contento y emocionado. También le enseñaremos a manejar el ordenador. Besos".
Lo que más me gusta, sin duda alguna, es ese despiste gramatical y estructural en la construcción de una frase: "Ojo con no caerte de la bici".
Qué delirio.
Las lágrimas también viajan
El complicado pretexto del cómo era aquella canción que nos separaba de la lluvia y de la tormenta que días más tarde nos asedió. Ayer ver tu llamada perdida con tu apellido inventado fue extraño, me devolvió días pasados que me nublaron la mirada: cuando alguien muere, es mejor que no resucite.
A veces esto es lo único que te hace persona otra vez. Quiero decir, la escritura y la lectura. Los pelos de punta, la sensibilidad a flor de piel. Escribir cuando llueve como hoy y el toldo de verano aún está bajado, y las gotas se resbalan por él cual lágrima extraviada por una mejilla, o mejor, cuando se contagia y termina en el hombro de alguien; las lágrimas también viajan.
Ayer extendí la mano y me cayó una gota del cielo. Me la tomé y era salada: ¿será verdad eso que creen los niños sobre el mar y el cielo? ¿Son la misma cosa? ¿Es así probable que Madrid, por fin, tenga su mar? ¿Quedamos allí a las cuatro?
Las conversaciones a punto de dos cañas -una cerveza y otra con limón- en el bar de siempre (qué bien que ya tenemos uno) me hacen feliz. No las cañas, que también, sino la amistad. Cuando la tormenta de verano ha pasado lo que queda es ese bar a las doce de la noche, con un camarero que no sirve whiskys sino botellines, y contigo, contigo al lado.
A veces esto es lo único que te hace persona otra vez. Quiero decir, la escritura y la lectura. Los pelos de punta, la sensibilidad a flor de piel. Escribir cuando llueve como hoy y el toldo de verano aún está bajado, y las gotas se resbalan por él cual lágrima extraviada por una mejilla, o mejor, cuando se contagia y termina en el hombro de alguien; las lágrimas también viajan.
Ayer extendí la mano y me cayó una gota del cielo. Me la tomé y era salada: ¿será verdad eso que creen los niños sobre el mar y el cielo? ¿Son la misma cosa? ¿Es así probable que Madrid, por fin, tenga su mar? ¿Quedamos allí a las cuatro?
Las conversaciones a punto de dos cañas -una cerveza y otra con limón- en el bar de siempre (qué bien que ya tenemos uno) me hacen feliz. No las cañas, que también, sino la amistad. Cuando la tormenta de verano ha pasado lo que queda es ese bar a las doce de la noche, con un camarero que no sirve whiskys sino botellines, y contigo, contigo al lado.