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Más cine, por favor
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"Parece como si existiera en el cerebro una región totalmente específica, que podría denominarse memoria poética y que registrara aquello que nos ha conmovido, encantado, que ha hecho hermosa nuestra vida. Desde que conoció a Teresa, ninguna mujer tenía derecho a imprimir en esa parte del cerebro ni la más fugaz de las huellas". La insoportable levedad del ser. Milan Kundera
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No hay problema que no solucione Maya
Hay que estar muy desesperado para creer a un chamán pero mucho más para recordar su diagnóstico de por vida.

Lanzo esta pregunta: ¿Cómo se puede creer esto? "No hay problema sin solución. 26 años de experiencia en todos los campos de Alta Magia Africanos (así, con mayúsculas, como si fueran una institución), ayuda a resolver todo tipo de problemas y dificultades por difíciles que sean: enfermedades crónicas de droga y tabaco, cualquier problema matrimonial, amor, negocios, suerte, judiciales, depresión, quitar hechizos, atraer clientes, mantener el puesto de trabajo... Resultados positivos y garantizando al 100% de 3 a 7 días cmo máximo".

La cuestión es que nada es creíble pero que el tío pega chapa y cotiza como nadie, no se puede discutir. Trabaja de 8 a 22. Supongo que lo de conciliar la vida familiar y laboral no le apurará demasiado... Al fin y al cabo, no hay problema que no solucione Maya.

 
Recoged las rosas mientras podáis
"El alcoholismo en el cine" o "Días de vino y rosas". Por fin la vi, ya era hora: un año y seis meses después de la debacle. Anoto:

"Recoged las rosas mientras podáis
Largos no son los días de vino y rosas
De un nebuloso sueño
Surge nuestro sendero
Y se pierde en otro sueño".

(Ernest Dowson)

Aunque el título de la espléndida película surja del segundo verso que Lee Remick cita, me parece mucho más reveladora la primera frase. Hay que recoger las rosas mientras se pueda (léase: tréboles o amapolas o aquello que al lector le recuerde a su infancia, a su primer amor, a la primera tarde de sol que pasó en el mar...), hay que ser egoístas y llévarselas todas, meterlas bajo el brazo y correr ("Take the money and run": take the roses and run...), salir huyendo con todo lo que se ha bebido, con todo lo que se ha degustado, con todo lo que se ha olfateado, con todo lo que se ha experimentado, con todo lo que se ha alcanzado... Hay que recoger las rosas (los deseos, los secretos, las confesiones, las palabras, el aliento, los besos, los caramelos, las pasiones, las obsesiones, los anhelos) mientras se pueda, no hay que perder el tiempo, hay que ser rápidos pero tratar de que el instante se eternice... Un siglo, una vida, unos años, unos meses, unas semanas, un día, un minuto, un segundo...


 
Empobrezco
Sigo teniendo ideas pero estoy perdiendo la capacidad de desarrollarlas. A veces me veo como todos. Otras, sin embargo, escapo del mundo para mirar como un "voyeur" entre las faldas de colores de las bailarinas que danzan al son de cualquier melodía en aquel pasadizo. Sólo lo recorro cada martes a las ocho y media. Una vez a la semana, y no siempre. Camino despacio, me entretengo como hacía Prissy en "Lo que el viento se llevó". No hay ninguna parturienta que necesite a un médico, sábanas limpias y agua caliente. Pero yo me demoro. No me importa que la clase haya empezado: me gusta observar aquello que nunca seré, aquello que es arte y me es desconocido. Las siluetas moviendose con decoro, con cortesía, con amabilidad, con dulzura, con agilidad, sutilmente, armoniosamente. Son Nikés de Samotracia aladas: son Victorias llenas de futilidad...

Me levanto a las siete y media. Suena el despertador. Dos despertadores. Ducha, tostadas de pan crujiente con unas gotas de aceite y un poco de sal. Salar la vida no viene nada mal... Lo equilibro con un buen Cola-cao instantáneo y dulce, muy dulce. Me visto. Corro hacia el autobús. No me peleo por un sitio. Llego a la Renfe. No mato por un sitio. Me bajo en Aluche. Leo los carteles de la campaña: "Con cabeza y corazón". "España: octava potencia mundial. Primera en derechos humanos". "Vota con todas tus fuerzas". "Las ideas claras".

Y el chocolate espeso.

Duermo de nuevo en el otro autobús. Descubro a Jorge por las mañanas: está leyendo con fruición el "20 minutos"; yo le discuto la importancia de no llamarse Ernesto. "A mí me gusta más el 'Adn'. Soy una incondicional, a decir verdad. ¿No te parece que lo de Nureyev está especialmente bien maquetado?". "Sí, tienes razón", asiente Jorge, un tipo que llevo viendo toda la vida, al que no había saludado en muchos años. Es curioso: después de coincidir en el viaje de fin de curso, ver "La naranja mecánica" por su insistencia, no dormir nada en el autobús y entrar en contacto por primera vez con la genialidad de Manu Chao, Jorge reaparece. Años después, habrían de ser unas manos muy diferentes las que me envolvieran al ritmo de un espeso, y melancólico, "Te espero siempre mi amor, cada noche cada día...".

Al mismo tiempo que las frases del tipo "Me hielo, la habitación, no tengo calefacción" eran la clase de sentencias que siempre sus labios podían llegar a pronunciar, sin venir a cuento o en el más oportuno de todos los momentos (así era su capacidad innata de asustar, abrumar, atraer y fascinar), Jorge se expresa de un modo muy brillante. Sus 100 kilos se mueven con lentitud, pero sin torpeza. Igual que la versatilidad de sus conversaciones. Es exigente. Ha estado en Tokio. Le queda Viena, Berlín y Reykjavik por ver antes de morir. Eso dijo, eso afirmó. Eso me hizo sonreir.

Jorge se sube en el coche del pelirrojo de su jefe y yo me quedo allí, rodeada de otros, camino al trabajo. Pasa el día y vuelvo. Entonces, Jorge queda atrás, la vida de entonces ya ni se parece a la que fue entonces (¿cómo es posible?), las fotografías pegadas sobre el cuaderno manufacturado hacen que mi estómago vuelque: vomitaría de contener la suficiente pasión como para aislarme entre dos coches y sentir el frío cortante sobre la nuca.

Pero ya no vomito. Ya no me acongojo. Ya no necesito que me cojan de la mano, que me aplasten las sientes como a Scarlatta. Ya no necesito nada. Soy austera, aunque utilizo cheques de restaurante para pedir "foie de pato". Soy pobre, aunque puedo perderme en la oscuridad de un teatro de 22 euros. Soy cada día más pobre, aunque vista prendas de cachemire.

Empobrezco. Por mis ojos desfilan las imágenes de un lugar-escenario que era un montaje-amañado. Dublín o París, Londres o Gante. Dios mío, ni siquiera puedo ahogarme en el Moskva.

 
Por fin, Calixto Bieto
Y por fin, Calixto Bieto. Tengo 23 años y recién llego al pop teatral, a la subversión comercial, a la intriga de la rebeldía. Desde que aquella profesora de literatura nos habló de los perfomances, de las compañías que la montaban en el escenario lanzando coches sobres el público, y cuchilladas verbales, no había cejado en mi empeño de ver una obra de Bieto. El pasado año, gran añada, había leído no pocas cosas sobre él. Había esuchado no pocos comentarios afilados sobre su modo de hacer y de expresar... Mi acostumbrada insatisfacción me lleva a proclamarme aún muy profana en la materia, pero un Calixto Bieto ha pasado sobre mi run-run cerebral.

Ayer, con mi padre, fila 3. Anfiteatro (paraíso o gallinero, ya se habló de esta dualidad versus eufemismo en su día). "Los persas. Requiem por un soldado", basada en la versión de Esquilo. El folleto explicativo reunía unos tres párrafos de mentiras: es, en cualquier caso, lógico aunque manipulador, el hecho de quien aquello escribió tuvo que hacerlo en la más "light" de todas sus posibilidades de narración. Un trabajo nada grato: imagino que la prioridad era atrapar a cuantos más espectadores, mejor, aun a riesgo de vender la moto sin moto y soportar las críticas postreras. Sin embargo, a mí me parece hasta cierto punto lícito: si es necesario engañar para divulgar... Al menos tergiversando al espectador se consigue sentarlo en la butaca. Luego sólo le queda llevarse el desaguisado a su casa. Pero se lo ha tragado.

Bieto opta por las rupturas de las convenciones aunque incurre en algunos tópicos. Culpa a los muertos. Las guerras se generan por ellos, aunque aún no hayan reventado en mil pedazos. Las palabras son bofetadas llenas de pequeños cristales de sal en las mejillas del espectador que, después de veinte, no se insensibiliza, sino todo lo contrario. Se empieza a sentir incómodo, los sarcasmos le marcan la sonrisa del payaso, duelen las comisuras. También los ojos, los oídos, la garganta. Un terrón de tierra ahoga el transepto hacia la respiración.

Sobre todas las descargas de silla eléctrica (seguramente los técnicos estaban compinchados y juntaban el cable azul con el rojo en algunos momentos), pesa esta frase: ¿Cómo coño voy a creer en la resurrección? Eso se dice mientras un soldado loco (que no loco soldado) lanza cabezas de muñecos, ángeles descabezados, sobre el escenario, lleno de polvo e injusticias.

 
La industria cultural humana
A veces llego a un lugar y desde el minuto uno (o cero: puedo resolverme incluso en un tiempo récord), sé con quién quiero hablar el resto de la noche. Puede que no sea correspondida, pero con un poco de suerte abordo un tema de conversación que despierte el interés del elegido, lo atrapo para mí y le hago un par de bromas extrañas e infantiles (es la combinación perfecta) para fidelizar su atención. Se trata de personas cuyas baterías están cargadas de una sintonía especial, una especie de armonía que puedo distinguir a una distancia prudencial, antes incluso de intercambiar una sola palabra. Nos reconocemos enseguida: es como si nos conociéramos de antes de haber nacido. Nos une un interés hacia el otro especial, que no sobrenatural, y se puede reprimir el gusto y el instinto de la "plática", pero mientras el mundo siga rodando, siempre es posible cruzar el umbral.

Como si se tratara de aquella colonia de franceses que viven en una Camboya en guerra en la película de "Apocalypse now", todos extendemos largamente la copa (o cerveza), para comenzar a distinguirnos. Un tercero nos presenta. La noche transcurre y la marcha de algunas personas hacen que los que quedamos, cerquen el círculo. Entonces es cuando la estrategia a lo Swann hacia Odette se pone en funcionamiento. Las preguntas introductorias son amplias, vagas, confusas. "Entonces, ¿vosotros os conocéis de Sao Paulo?". "Sí, allí entablamos nuestra amistad". "Qué interesante. Tengo entendido que es una ciudad-foco de la cultura, ¿es así?".

Y los pitillos también se alargan, como las copas. El humo se vuelve soportable; como nómadas, nos trasladamos de un lugar a otro sin hablar pero, al llegar al nuevo bar, con su música zafia o encantadora, abrumados por el frío de la calle y el rubor de las estancias cerradas, llenas de gente, de adrenalinas y alientos, volvemos a preguntarnos cualquier cosa. "¿Y aquí pasas frío?". "Sí, mucho. Pero en mi casa tengo mantas". "¿Qué tiempo hace en Sao Paulo?". "Sólo dos veces al año hace unos ocho grados". Dios mío.

Entre disquisiciones nocturnas acerca del poder de una camiseta, con un mensaje en una botella ("Tenemos nostalgia del futuro", de Renau) que todos quieren explotar, discutir, debatir, exponer, convencer (viva la palabra), se cuelan las frases no dichas por las rendijas de la música no bailada. Una foto de grupo y un cruce de verbos, varias horas hablando sobre Lula da Silva y Hugo Chávez, Novamerica y el populismo verde oliva, para acabar en un búho de vuelta a casa cuando todo flota sobre nuestras intenciones.

 
Domingo político
Tardes vacías como ésta pero llenas de lecturas y sueños (dormitando entre artículo y artículo), me hacen recordar aquellas de la casa victoriana. Entraba el sol y se ponía por las cortinas del salón: la luz era toscana; el ambiente, a medida que el sol iba desapareciendo, cada vez más cálido. La manta de cuadros sobre el sofá -poco útil pero acogedora- convertía la estancia en un amasijo de cotidianeidad: ardía la hoguera de una chimenea invisible, sobre la que echaban en versión original subtitulada "La mujer del cuadro" y en el español más castizo "La colmena". Ninguna de las dos llegaron a la escena final.

Las tardes que se caen como gotas de agua, vencidas por un peso enorme que las abomba y las embaraza, se convierten en realidad en un poso de nostalgia delicioso. Instalados en ese estado de ánimo, la decadencia es abrumadora, pero la manta te cubre hasta la nariz, el regazo está a buen resguardo, la materia gris descansa al tiempo que se alimenta.

"El País", la Ser. El domingo parece, sinceramente, promovido por el grandioso grupo Prisa, que se desmarca como una religión más. Los ortodoxos de corazón conectamos la radio y nos desayunamos con "A vivir", qué pena que el "Más cine, cine, cine" ya no nos arranque sonrisas matutinas. El periódico socialista nos llega al mediodía, junto el olor del pan y, tal vez, sólo en contadas ocasiones, envuelto en un ramillete de flores salvajes, nada de madreselvas ni bayas... Que vivimos en la ciudad.

Desplegar sus páginas es una rutina vespertina más; sin embargo, me extraña que el telediario de Cuatro aún no haya colonizado los corazones socialistas de la casa. Me siento como en una película inspirada en los años sesenta, en pleno régimen socialista berlinés... Todo está imbuido en la política del falso humor, en la blanda política. Pero hablar de democracias liberales y no liberales, del destino de la Unión Europea o el papel que puede llegar a jugar esta en la extinción de las "electocracias" nos hace recordar que no todo son arqueos de dedos-cejas en el rostro.

 
Adios "gatekeepers"
"¿Qué importa la Guerra Europea? ¿Y que haya un millón de muertos? ¿Qué importa el terremoto de China?

(...)

Adiós, esclavos de los sueldos: cuando escapéis por las escaleras de incendio y os den con las puertas en las narices y comáis en Navidad un bocadillo, no os olvidéis de Hildy Johson, y cuando estéis amargados y hundidos...".

Frases sueltas de una película muy crítica con el periodismo, pero en un tono cómico y francamente desternillante. No se trata de la crítica aguda que puede plantear "Corredor sin retorno", sino más bien de la ácida e irreverente que se puede apreciar en "Luna nueva", un maravilloso filme sobre el periodismo y sus terribles (y cada día más expuestas) miserias.

 
Otra forma de opresión
Y el número uno de las mejores frases de la semana lo ocupa la siguiente: "Ahora no tenemos la Inquisición, pero tenemos el banco Santander".

 
La vida pasa
En el autobús cerré los ojos. Desconozco la razón pero al prensar las retinas, lo único que la oscuridad dejaba ver eran los palpables y aterciopelados pétalos de una rosa casi negra. Tenía unas pinceladas de rojo puro, rojo carmín, y el olor que desprendía podía percibirse incluso a través de las pupilas. Sentía, además, cómo la carne de los gruesos pétalos, maduros y pesados, era a su vez fina y carnosa, suave y tersa pero definitivamente intensa. Nada ligera. Era una sensación que duraba en el instante. Que alargaba todo instante.

Asimismo, mi piel ha recibido los primeros rayos de sol del año. Madrid se ha convertido en un espectáculo digno de ser visto. Sus habitantes han decidido enseñar su blancura caucásica a los pétalos solares; así que todo el mundo, y sin que ninguna ley de orden pueda evitarlo, aparece sin mangas por todas partes. Cargan las bufandas de los lomos de los bolsos de los que también tiran los abrigos, las sudaderas y las camisetas finas. Todo para que el sol alcance el hombro, lo dore y, al año siguiente, esté lleno de minúsuculos lunares.

Sentados contra aquella pared de enredaderas, todos intentábamos pasar el tiempo. En cuestión de segundos, apenas sí quedaba pared por ocupar, y nadie se hablaba. Un libro, varios; buena música, dos cascos... El domingo sólo sirve para quemar las alas, para empezar el año, una y otra vez...

Vuelves a sentir el olor de la primavera. Aunque no quieras, tendrás que olisquear las fragancias de todas las hermosas flores que nacen sobre el asfalto, que sobreviven entre tanta contaminación... Pero siempre quedan paraísos en plena ciudad, descubiertos por mil transeúntes que no se molestan los unos a los otros. Entre cervezas y vermús la vida pasa, los chamanes pueden limpiarnos el espíritu y arreglar nuestras cuentas... No hay nada que no pueda conseguirse en el Madrid soleado de los tornillos de segunda mano y las ruedas de bicicleta llenas de parches.

 
Cuarteto delicioso
No es comparable a aquel fin de semana que fui a ver la exposición de Escher y la de Liechestein que estaba por aquel entonces en Madrid, pero se le parece. Hice cosas:

1. Vi películas.
2. Paseé por el Rastro.
3. Me senté al sol de Tirso de Molina.
4. Leí un espléndido reportaje.

¿Ha sido ésta una buena forma de celebrar mi último fin de semana? "Yo creo que sí", se dijo saboreando las últimas horas de libertad.

 
I lost myself
Tras una interrupción nada ordinaria, permitió que su vida siguiera igual. El problema es que había olvidado el significado (neto o bruto) de la palabra "igual" y todas sus consecuencias.

 
Born to be free
"Haz un pensamiento
y déjalo crecer.
Dale cuerda
y libéralo".

 
La gran mentira
"De lo poco que he entendido es que Debussy quería darle tanto a alguien (¿quién sería?) que le compuso lo que ahora mis oídos están alcanzando. A pesar de las imprecisiones nada se constituye sin interrogaciones: me doy cuenta de que, como la música que suena, como nuestra estancia precisa aquí, todo es tan vago y tan vano como esperaba. El desconcierto de no llegar nunca a asir lo que siempre había esperado se debate como las voces del Parlamento, de igual modo que las cuerdas se tensan y se pelean por no reventarse encima. Cuando estás en medio de todos no te sientes, y, sin embargo, todo encuentra su punto, su lugar... El esperado interludio llega y cuando llama a tu puerta no se puede rechazar... Pero, ¿quién desea descansar ahora? ¿Quién quiere reflexionar ahora? Lo mejor de todo es que nada de esto había probado con anterioridad: es como pisar de nuevo aquello que hace años te perteneció y albergar ligeros recuerdos y descubrirlos en las palabras que nunca dijiste... Tan nueva se abre la boca de Londres, hambrienta, como esta nueva práctica que si yo fuera Verlaine o Mallarmé tal vez la instituyera en corriente. Pero nada de eso haré porque a nadie le importa: se trata del seguir de las notas con la punta afilada de este boli como si fuera capaz de alcanzarte-de restituirte-de deslizarme. Como entonces por tu tersa piel... ¿Te diste cuenta de la gran mentira? ¿Encontraste el gran error, la gran equivocación? La falsa prueba venció. Se supone que Toulouse Lautrec hablaba de la amistad entre mujeres... ".

Escrito en el último viaje a Londres. Encontrado meses después.

 
Pizzicato
Acabo de percibir el final de las fuerzas. Acabo de saludarme por vez primera. Acabo de ver cómo se ve el mundo cuando se es miope durante años. Acabo de interiorizar el verdadero significado de la pérdida. Comienzo a distinguir entre las tinieblas. Encuentro el punto de partida. Apago el reloj. Me despojo de lo que me perteneció.

Me han robado parte de lo que me hacía un ser occidental más. Hay cosas que ocurren a plena luz del sol, sin nocturnidad ni alevosía. Simplemente, han de ocurrir.

¿Quién se presta a pellizcarme?

 
Rabia
Me cortaría el pelo a jirones.

 
Mezcolanza
Fue aquella persona que de vez en cuando me escribe la que primero me habló de aquel concepto. Como si se tratara de Dios estableció el concepto de lo latino, yo no tenía ni idea de aquello, nunca había conocido a un mexicano. El mexicano, o el actor mexicano, como dieron en llamarlo, me viene a la cabeza según escucho toda esa música que, ¡robo!, me estoy bajando de internet... Estoy en uno de esos momentos en que aún no consigo expresar pero que es todo vehículo y todo comunicación, es todo piel y todo sentidos, cien por cien ritmo, cien por cien tecleo, cien por cien disfrute... El concepto de lo latino, ¿qué quiso decir con ello? ¿Qué significó? De pronto, en aquel restaurante, en aquella soledad buscada, en aquel lugar en el que nada era real, donde nada tenía que demostrar y nadie pidió nunca nada de mí que no fuera autenticidad, que no fueran las miserias de unas manos sin pintura ni maquillaje, las arrugas de la vida recién expuesta al sol... En aquella vida nos encontramos dos personas de muy diferentes lugares. Comenzamos a conocer, a querer comprender, entre crayones y rayuelas, apenas sí hablábamos el mismo idioma... pero volvíamos a ser del norte y del sur, volvíamos a quedar en Manchester para tomar "aqua" y pizza, pizza y "aqua" y nada más... Me incomunico conmigo misma-mil sensaciones se cruzan en mi cabeza-los cascos no me dejan leerme-pierdo la conexión con mis dedos-la mente no llega-está experimentando algo que no es nuevo pero no suele hacerse...

Es como si hablásemos de Ernesto Sábato y la conspiración de los ciegos, como si quisiéramos asegurar que el tango es más intenso que el jazz y que el jazz tiene algo de latino, de balseros idos de un continente a otro, de raíces... Es como si quisiera asegurar que "lo latino" es como "lo moderno" o "lo barroco", me gusta cuando el artículo neutro forma un concepto al preceder a un adjetivo... Lo latino éramos nosotros en el noroeste de Inglaterra, éramos dos copas de agua brindando y aquella música, y nuestros rostros, narices afiladas o cejas anchas, las manos llenas de historia, de continentes vencidos, de pasta y engaño, de choques y Huntingtons y Papillón e indios... El mundo estaba condensado en un vaso de agua que iba y venía, sus hombros se movieron al ritmo de un disco de música española que pusieron para hacernos reír...

¿Qué es lo latino? ¿Es España parte involucrada? ¿Somos los españolitos (aquí sí se puede publicar esta palabra, ¡qué alivio!) latinos? Y, ¿por qué jamas, jamás, jamás, como dijo aquel hombre que se nos apareció, los de aquí podríamos llegar a divertirnos como los de allá, como los habaneros, los cubanos, los que llevan en su sangre la esencia misma de lo latino? ¿Qué quisiste decir con ello?

Adoré el momento en que Julieta preguntó, con aquella sutilidad: "¿Acá dicen mezcolanza?".

 
El telón cayó
Igual que en un escenario
finges tu dolor barato
tu drama no es necesario
ya conozco ese teatro
fingiendo qué bien te queda el papel
después de todo parece
que ésa es tu forma de ser.
Yo confiaba ciegamente
en la fiebre de tus besos,
mentiste serenamente
y el telón cayó por eso.

Teatro, lo tuyo es puro teatro,
falsedad bien ensayada
estudiado simulacro,
fue tu mejor actuación
destrozar mi corazón.

Y hoy que me lloras de veras
recuerdo tu simulacro
perdona que no te crea
me parece que es teatro.

Puro teatro, La Lupe

 
Presiones vs. creatividad
¿Cómo se puede escribir con deleite...
... cómo se puede amar con fruición...
... cómo se puede arrojar la toalla...
... y pintar y colorear...
... sentarse a ver las nubes correr...
... gritar por el pasillo que conduce al Centro Cultural de la Villa...
... correr, sorprender, reír a pleno pulmón...
... vencer la soledad...
... leer...
... estudiar...
... convencer...
... comprender...
... y, vivir en su máxima expresión...

Si todo son problemas.
Porque todo se nos antoja difícil.
Lejos, brutal.
Inclinado.
Abismal.
Si las presiones fruncen el ceño.
Si cada día es más doloroso erguir la espalda.
Si internet nos esponja.
Si anochece tan pronto.
Si tenemos miedo de cambiar.
Y probar, retar, desafiar, perder.
De perdernos.

 
Tus bailes son mi soñar
Me da miedo perderme la vida. Menos mal que todavía quedan canciones como ésta de Dusminguet:

"Esta mañana llovía como nunca
me puse a llorar ante Jusitanramán
hasta Mamara me vio volar la luna
me puse a bailar con mi amigo Celicán
Ay, ay, ay
ey, ey, ey
uy, uy, uy
ay cómo duele este dolor de corazón
Siento
tus palabras como ecos
de llanto que chocan en mi pesar
tus caderas como agujas
tus bailes son mi soñar".