Qué importa
Me hubiera encantado descolgar el teléfono y decirte: "Lo he terminado. Por fin". Anoche lo conseguí, ¡cuánto he tardado en leerme esas más de trescientas páginas amarillentas! Sin embargo, comienza la etapa: al llegar a la última página, y retroceder muchas veces, y leer de nuevo las líneas en que Ignatius, por vez primera, parecía una persona, y Myrna, por primera vez, no hablaba de sexo, he cogido con ánimo el otro libro, y me he dispuesto a devorarlo. ¡Espero que sea así! Me hace ilusión pensar que soy capaz de volver a leer con pasión, como en los viejos tiempos, cuando todo era posible: melancolizar sin actuar, esperar sin impacientarse, ser grato y cruel, olvidar el egoísmo y siempre volver al punto de partida.
"La conjura de los necios" es un libro inteligente y desafiante. Atina en la creación de imágenes que no olvidaré fácilmente, y ahonda en lo escatológico y asqueroso del ser humano. Habla de válvulas que se abren y se cierran, de salchichas y panecillos industriales, de cuadernos enmohecidos y olorosos. Si bien es cierto que los textos apelan directamente a nuestros sentidos para hacernos recordar, para crear ese momento mágico del que el profesor de redacción tanto habla, "La conjura de los necios" es un libro que continuamente consigue estremecernos. Nos hace olerlo todo, tocarlo todo -incluído el bigote húmedo de Ignatius-, verlo todo perfectamente y sin lugar a dudas. No hay lugar a equívoco. La descripción me ha resultado apasionante y a veces, aplastante; las historias entrelazadas, el hilo argumental, bien conseguido, nada forzado. Sin embargo, el final. Pienso en el final y no sé si entiendo... ¿Por qué tan apresurado? ¿No parece que no le quedaban más ganas de escribir, más tinta, más energías? Es un tanto precipitado y un poco irreal, después de seguir durante centenares de páginas a un Ignatius que apenas sí se mueve, que apenas sí hace otra cosa que escribir e imaginar. El final me ha resultado un poco chocante, como si Toole lo precipitara por algún motivo que desconozco. No obstante, me ha gustado mucho. Es esperanzador y diría que bonito. Desde luego, no es fílmico, pero sí bonito.
¿Qué importa que una situación no sea de película para ser igualmente hermosa? ¿Qué importa que te des un codazo cuando estás besando a alguien como si te fuera la vida en ello, o que la cena con velitas para dos sea alrededor de una gran pizza? ¿Qué importa no saber poesía, no tocar la guitarra, no cantar bien, no saber dibujar un paisaje, no saber bailar o hacer cadenetas, cajas, pajarillos con las manos?
"La conjura de los necios" es un libro inteligente y desafiante. Atina en la creación de imágenes que no olvidaré fácilmente, y ahonda en lo escatológico y asqueroso del ser humano. Habla de válvulas que se abren y se cierran, de salchichas y panecillos industriales, de cuadernos enmohecidos y olorosos. Si bien es cierto que los textos apelan directamente a nuestros sentidos para hacernos recordar, para crear ese momento mágico del que el profesor de redacción tanto habla, "La conjura de los necios" es un libro que continuamente consigue estremecernos. Nos hace olerlo todo, tocarlo todo -incluído el bigote húmedo de Ignatius-, verlo todo perfectamente y sin lugar a dudas. No hay lugar a equívoco. La descripción me ha resultado apasionante y a veces, aplastante; las historias entrelazadas, el hilo argumental, bien conseguido, nada forzado. Sin embargo, el final. Pienso en el final y no sé si entiendo... ¿Por qué tan apresurado? ¿No parece que no le quedaban más ganas de escribir, más tinta, más energías? Es un tanto precipitado y un poco irreal, después de seguir durante centenares de páginas a un Ignatius que apenas sí se mueve, que apenas sí hace otra cosa que escribir e imaginar. El final me ha resultado un poco chocante, como si Toole lo precipitara por algún motivo que desconozco. No obstante, me ha gustado mucho. Es esperanzador y diría que bonito. Desde luego, no es fílmico, pero sí bonito.
¿Qué importa que una situación no sea de película para ser igualmente hermosa? ¿Qué importa que te des un codazo cuando estás besando a alguien como si te fuera la vida en ello, o que la cena con velitas para dos sea alrededor de una gran pizza? ¿Qué importa no saber poesía, no tocar la guitarra, no cantar bien, no saber dibujar un paisaje, no saber bailar o hacer cadenetas, cajas, pajarillos con las manos?
Comentario:
Bien! Muchas gracias por escribir! Estoy muy contenta, mucho! además, hoy luce el sol, hace calor (me metería incluso en la piscina), y Amèlie... Amèlie resuena en mis oídos. Gracias...
Comentario:
Yo siempre lo he dicho: no hay nada como una sinestesia bien hecha. Perdonad que me haya puesto un poco pedante, pero es que me he acordado de que tras ver "Amelie", tan sólo quería sumergir mi mano en un saco de legumbres... Besunis.





