El reconocimiento
El despertador sonó a las once de la mañana. El periódico seguía en el mismo lugar desde el viernes. "Qué rabia", pensaba. "No soy capaz de leer ni un artículo". Se revolvió en la cama, se dio la vuelta tres veces, despacio al principio, con brusquedad al final. Se acordó "del hueco", de cómo se reduce el espacio cuando es compartido. Y se durmió de nuevo. Le pareció que el sueño había durado un segundo cuando de pronto, el reloj marcaba las doce menos veinte. Decidió cortar de raíz con la pesadez: ella era así. La pereza no le gustaba aunque a veces agradecía poder ser como los demás, y remolonear entre las sábanas, sin sufrir, sin ver pasar el día sin que hiciera nada de provecho. Limpió escuchando la radio, qué envidia le daban los tertulianos, hablando por hablar, y escuchados por tantos oyentes. Hizo la cama, tendió la ropa. Fue entonces cuando se reconoció en ella, a quien siempre decía que no quería parecerse. Pero se parecía. Cogía las pinzas de dos en dos, y siempre, del mismo color para cada prenda, para que hicieran juego entre sí, y a ser posible, con la camiseta que sostenían o el pantalón que se secaba al sol.
Mamá, estás en todo aunque no estés.
Mamá, estás en todo aunque no estés.
Comentario:
y siempre estará...
Algunas manías pueden ser hasta agradables...
Besos
Algunas manías pueden ser hasta agradables...
Besos
Comentario:
Ha sido mi mañana. Un beso Raúl, gracias siempre.
Comentario:
Es genial, ¿qué es? aunque lo de los contertulios... a mí me suelen caer bastante mal: será cosa de mis sesgo ;-)





