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"Parece como si existiera en el cerebro una región totalmente específica, que podría denominarse memoria poética y que registrara aquello que nos ha conmovido, encantado, que ha hecho hermosa nuestra vida. Desde que conoció a Teresa, ninguna mujer tenía derecho a imprimir en esa parte del cerebro ni la más fugaz de las huellas". La insoportable levedad del ser. Milan Kundera
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La extrañeza
Se había quedado sin palabras. Ella, que cuando era pequeña las buscaba en el diccionario VOX para construir un glosario de consulta: "vertiginoso, bulímico, franquicia, excéntrico". Fue de esta forma como se hizo con el tesoro del lenguaje, que defendía por encima de todas las cosas. Solía afirmar que todo era expresable, que nada tenía por qué escapar al raciocinio y a la conjugación verbal, todo podía vehicularse con las palabras. "Las sumas, las restas, las multiplicas, divídelas, procúrales un aborto, o engórdalas con nutrientes, pero no rehúses a utilizarlas todas, porque cuantas más sepas, más lejos de la abstracción te hallarás". Siempre pedía: "inténtalo expresar, tómate tu tiempo, pero dime qué es exactamente lo que piensas, qué es exactamente lo que encierra tu cabeza; sólo de esa forma podré conocerte, asirte, y entenderte". Negaba frunciendo el ceño cuando le decían aquello de "es inexplicable... lo siento, pero no te lo puedo explicar". Le parecía que era una muestra de dejadez, de abandono, de debilidad. Se dejaban vencer por lo abstracto, se dejaban convencer por los que aseguraban que había sentimientos inabarcables, incapaces de someterse al lenguaje. Pero es que ella creía en un embudo por el que los sentidos y las emociones pasaban, una especie de filtro que convertía lo intangible en palabras recortadas, en letras que se hermanaban, la "h" con la "a", seguida de la "s", la "t", la "i" y la "o". La "m" era tan versatil que siempre formaba palabras preciosas: maga, madre, música. Además, lo había visto. Una vez vio un armario con cajones entreabiertos, llenos de palabras y significados que rebosaban literalmente. Si uno podía ir a ese cajón y encontrar su sentimiento, todo podría expresarse...

Sin embargo, llegó la aciaga mañana en que leyó aquello. Aquello que la enmudeció, sordamente. "Tal vez sea que la vida a veces da tales vueltas que no queda ya absolutamente nada que decir".

 
Comentario:
Las palabras y el mundo son infinitos, y no me creo lo de la cáscara de nuez...
 
Comentario:
La talidad no puede ser descrita con palabras ¿o si? Muchas veces es mejor mantener la boca cerrada y parecer que eres tonto a abrirla y demostrar que lo eres, jejejejeje, 1 beso Maria!!!
 
Comentario:
Yo creo que sí... a mí aún no se me han quemado todas las palabras, pero Raúl, ¿llegará el día? ¿llegará el día en que todo se haya más que dicho? En fin... gracias por tu comment!
 
Comentario:
Siempre hay algo que decir...
¿O no?
No sé.
[...]
No