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"Parece como si existiera en el cerebro una región totalmente específica, que podría denominarse memoria poética y que registrara aquello que nos ha conmovido, encantado, que ha hecho hermosa nuestra vida. Desde que conoció a Teresa, ninguna mujer tenía derecho a imprimir en esa parte del cerebro ni la más fugaz de las huellas". La insoportable levedad del ser. Milan Kundera
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Clyde y Bonnie (cómo cuesta leerlo en este orden)
Todos somos o hemos sido en algún momento de la vida Bonnie y Clyde. Es decir, gente perdida que encuentra en la perdición su única forma de vivir. Nos hemos dejado llevar por el único camino que creíamos viable en una sociedad que no nos comprendía o que no nos preguntaba qué es lo que pensábamos acerca de lo que nos deparaba el destino. Cuando Clyde mata por primera vez, su mundo se desmorona. Se siente afligido, avergonzado, sabe que nada nunca volverá a ser como antes. Tiene miedo. ¿Quién no ha experimentado esta sensación sin haber matado a alguien? Porque yo he sentido cómo en un microsegundo era capaz de desdoblarme y dar nacimiento a una nueva persona, que no volvería a ser la misma que antes aunque se añorara todos los días de su vida. Imagino perfectamente la siguiente imagen: estoy en el borde de una azotea gigantesca. Tengo todo el espacio que quiera para retroceder, pero sin embargo, doy un paso al frente. Pierdo el equilibrio. Y vuelvo a nacer. En otra piel, aunque con las mismas manos y los mismos ojos. Por fuera sigues siendo la misma, pero por dentro ha llovido una eternidad. Clyde, en el momento de matar, da ese paso al frente. No se lo piensa dos veces, no tiene tiempo, la supervivencia apremia. Pero un segundo después, o mejor, mientras el cuerpo del policía pasa a ser cadáver, y se resbala por el cristal, Clyde sabe que se ha convertido en un monstruo. Su atractivo, su sonrisa insolente, sus brazos fuertes siguen siendo los mismos. La envoltura de un monstruo.

Sin embargo, el espectador no los ve como tal. Está de parte de esa panda de locos que roban con cariño, que desenfundan el arma para tomarse una foto. Que posan, que dan cobijo al rehén. Bonnie es como él, aunque con más y cada vez más intensas regresiones. Es más dura que Clyde, pero más niña que la Bonnie que algún día lo fue. Se arrepiente, quiere parar el reloj, mover las agujas y retroceder tan solo unas semanas. Se cobija en Clyde, que no sabe amar: "lo único especial en ti es tu forma de tratar a las mujeres, que de ningún modo es como se hace", le dice con veneno Bonnie, para luego, al instante también, arrepentirse.

Por último, he de decir que he observado algo fascinante en Bonnie & Clyde y no es otra cosa que las reminiscencias de este flime del 67 a Al final de la escapada (Godard, 1959). Tal vez los cinéfilos eruditos no estuvieran de acuerdo con este paralelismo lejano que pretendo establecer, pero para mí las dos películas tiene muchos puntos en común, que van desde el extraño parecido entre Warren Beatty y Jean Paul Belmondo, hasta la fotografía, la narración de la historia, la música disparatada y cómica, la profundidad de una historia que parece superficial, el engaño, la pose, la moda, el tema de fondo... Y el final también.

Bien por la existencia del cine clásico, que nos saca del mundo durante unas horas y nos devuelve más crecidos y mejores.

 
Comentario:
AMIGAS, perdonad la comparación, pero a mí también me recuerda a "amor a quemarropa" de Tonny Scott (el hermano de Ridley, sí, sí: el de "Thelma y Louis"). Creo que son pelis que intentan mandar un mismo mensaje (genialmente expuesto por María) con distintas formas (no tan distintas).
 
Comentario:
La verdad, es que no tengo tiempo para reflexionar,basicamente,porque esto me sale a un euro la media hora,pero quería agradecerte por hacerme pasar tan buenos ratos en este pueblo, que aunque tanto me gusta, cada día está más muerto.Un besazo AMIGA.
No