Invención literaria
Me enteré hace unos días que la Maga existió. Era una mujer con el pelo a lo "garçon", tal vez Sabina en su canción de los peces muertos, o de ciudad, que viene a ser lo mismo, se refería a ella. Me enteré también que la propia Maga se desdice y que, pese a que Cortázar muy probablemente sí se prendió de ella (y con esto quiero decir lo que ese verbo significa: "asir, agarrar, sujetar algo"), ella nunca creyó que podrían tener un futuro juntos. Real, no anecdótico -esto acontece hasta en las mejores casas-, pero brutal. Tristemente dolido se halla aquel que esto consiente. Pero así fue. La Maga supo, sabe y sabrá que ella sólo fue una invención literaria. Sabe que es más sobre papel y en palabras que cuando está recortada en el umbral de la puerta. Es consciente de que todos nos enamoramos de ella, igual también la aborrecimos en cierta ocasión, cuando el bebito se dejó morir, pero la quisimos por su fuerza poética; por sus venas corrían despavoridas las notas de una canción. Su pelo era violín entre las manos de una cintura tan estrecha. "Cuando en la novela fallece el hijo de la Maga, descubrí que su amor por ella estaba muriendo", dice mientras fuma un Gauloise en nuestra imaginación.
La pieza de jazz suena en la pieza, dentro del corazón en forma de corazón melódico. La Iglesia acabó con el infierno y los tridentes hace unos años, ahora se ha llevado el limbo al paraíso de las mentiras piadosas. "Era mentira, nos retractamos, los niños muertos no bautizados irán al cielo", dicen ahora, o eso retumba en mis oídos al menos, no lo vayan a creer al pie de la letra.
Así es que Rocamadour pudo bien no permanecer en ese limbo de la abducción y la desesperanza. Pudo bien quedarse en otra frontera, en la que yacen quienes están muertos aunque siguen respirando. Llega el punto en el tiempo, tropiezo, en el que nada marcha aunque todos, diligentemente, se mueven con fruición. "Los locos son equilibristas y buscan el equilibrio desequilibradamente": eso es, la sabia maga loca así lo dice durante el minuto glorioso que los medios le conceden en la radio. Lúcida, ojos brillantes, grandes, desquiciados cuando no está cuerda, descubre parte del mundo que está en nuestras manos. Que llevamos a cuestas.
Jostein Gaarder y su mundo de Sofía aún sin leer, aunque su joven de las naranjas alberga en mi, viene mañana a Madrid. A la noche de los Libros, cuántas iniciativas tiradas al contenedor de la cultura. Yo no podré ir a verle. No podré ir a ningún sitio. No podré moverme de debajo del escritorio donde me encuentro agazapada, acurrucada e inmóvil.
La pieza de jazz suena en la pieza, dentro del corazón en forma de corazón melódico. La Iglesia acabó con el infierno y los tridentes hace unos años, ahora se ha llevado el limbo al paraíso de las mentiras piadosas. "Era mentira, nos retractamos, los niños muertos no bautizados irán al cielo", dicen ahora, o eso retumba en mis oídos al menos, no lo vayan a creer al pie de la letra.
Así es que Rocamadour pudo bien no permanecer en ese limbo de la abducción y la desesperanza. Pudo bien quedarse en otra frontera, en la que yacen quienes están muertos aunque siguen respirando. Llega el punto en el tiempo, tropiezo, en el que nada marcha aunque todos, diligentemente, se mueven con fruición. "Los locos son equilibristas y buscan el equilibrio desequilibradamente": eso es, la sabia maga loca así lo dice durante el minuto glorioso que los medios le conceden en la radio. Lúcida, ojos brillantes, grandes, desquiciados cuando no está cuerda, descubre parte del mundo que está en nuestras manos. Que llevamos a cuestas.
Jostein Gaarder y su mundo de Sofía aún sin leer, aunque su joven de las naranjas alberga en mi, viene mañana a Madrid. A la noche de los Libros, cuántas iniciativas tiradas al contenedor de la cultura. Yo no podré ir a verle. No podré ir a ningún sitio. No podré moverme de debajo del escritorio donde me encuentro agazapada, acurrucada e inmóvil.
Comentario:
:( la maga





