Un minuto perecedero
Alargué el tiempo que sonó la sirena del colegio para revivir mis años escolares, las terribles gafas de pasta, mi nombre en el puesto 21 del orden alfabético, el retroceso, las mesas de dos en dos, las sumas interminables, las raíces cuadradas que vinieron más tarde, las lecturas en voz alta, los ejercicios en los cuadernos grandes de cuadros, las portadas, los dibujos perfilados con "rotring". La clase de plástica, aquella enorme alfombra verde en la que estaba pintado ¿Alcorcón?, por ejemplo; los bailes, los fines de curso, el bocadillo, las dobles palmeras de chocolate, los abrigos colgados en el perchero "universal", los paraguas, los murales con el escudo de la comunidad de madrid.
La sirena duró menos de un minuto, pero acabó con el encuentro de la profesora de gimnasia, que ya no lo era. Ahora impartía todas las materias, tenía los mismos ojos saltones, el mismo pelo rebelde. Las manos largas, estaba delgada. Y me llamó por mi nombre.
La sirena duró menos de un minuto, pero acabó con el encuentro de la profesora de gimnasia, que ya no lo era. Ahora impartía todas las materias, tenía los mismos ojos saltones, el mismo pelo rebelde. Las manos largas, estaba delgada. Y me llamó por mi nombre.
Comentario:
Siiiii!!! muchas gracias por tus comments!!!!
Comentario:
El cole... Paraíso perdido. Qué guay que te reconociera tu profe de gimnasia :)





