Paráfrasis
"En realidad. Odio comenzar de ese modo, pero en ninguna parte dicen cómo se ha de empezar un, pongámosle un nombre cualquiera, escrito. En ningún manual de los que había encontrado se explicaba cómo comenzar un buen artículo. Cómo conseguir una buena novela, pues no era lo mismo hacer de un trozo de papel en blanco una buena historia que una muy vendible situación escénica. Es fácil hallar lo legible. Hablemos de una pareja; que se ama, que se odia. Sumémosle algo de sexo o, si no, pensamientos elevados. ¿Un beso? ¿Una caricia? Mejor, hagamos que se deseen, que vuelen pero no con demasiada magia sino con más casualidad. Entonces tendremos una pieza para devorar. Se leerá. Se comprará. Se recomendará, pero no será valorada. La cuestión no es vender, sino convencer.
No pretendía seducir, tan solo, contar.
Contar no es tan fácil. Contar la vida de uno es un arduo trabajo. Primero, hay que recopilar las historias y, para hacerlo, es preciso recordar. Tener memoria. Si no se dispone de esta, hay que tener imaginación, mucha imaginación. Hallar detalles. Mezclar pasajes. Refundirlos en memorias leídas. Novelar. Y tener ritmo. El ritmo es esencial. Se puede aburrir sólo si partes de un enunciado delirante, pero si el texto está justificado se compensa en su justa medida al lector. El lector elige. Es distraído, aunque entregado, y curioso. Pero tiene una actitud vacilante, una mirada insidiosa, una tentación que vive dentro de él. Hay que mimarle para luego sacudirle. Perderle y darle los cabos sueltos dosificadamente. Juntarle palabras, resolverle enigmas, dejarle alguno para el final. O para la cama. Tal vez para su pareja.
El lector es el enamorado. No se le puede dar, como a éste, nada demasiado trillado, ni mostrale el primer día el truco. Se le debe decir que hay un truco. Hablarle del sabor. De su olor. Evocar su forma. Tallar en su mirada la curvatura del elemento. Dejarle encontrar algo. Poco a poco. Propiciar sus descubrimientos, olvidar detalles a propósito. Dejarle en el camino de vuelta a casa una pista. Dos, cuatro. No más. Y atraerle. Acercarle hasta oir el latido del corazón y su pausa. Hacer que se pare.
Es difícil separar la lectura de la escritura. Tan difícil como delimitar la amistad y el amor, tu campo de maizales y el mío. Siempre fue arduo repartir, negociar, dar y recibir. Regalar o conservar. Recuperar lo volitivamente dado. Recuperar lo deliberadamente absorbido. Tras la contienda, somos otros seres. Tenemos cicatrices y ampollas sin explotar. Somos personas dentro de personas. Nos hemos quitado la piel una vez. Mudamos. Cambiamos. Dejamos atrás. Dejamos de mirar atrás. Dejamos detrás quiénes fuimos. Nacimos por cesárea. Nos separaron. Nos practicaron una cirugía. Rompimos el embrión".
No pretendía seducir, tan solo, contar.
Contar no es tan fácil. Contar la vida de uno es un arduo trabajo. Primero, hay que recopilar las historias y, para hacerlo, es preciso recordar. Tener memoria. Si no se dispone de esta, hay que tener imaginación, mucha imaginación. Hallar detalles. Mezclar pasajes. Refundirlos en memorias leídas. Novelar. Y tener ritmo. El ritmo es esencial. Se puede aburrir sólo si partes de un enunciado delirante, pero si el texto está justificado se compensa en su justa medida al lector. El lector elige. Es distraído, aunque entregado, y curioso. Pero tiene una actitud vacilante, una mirada insidiosa, una tentación que vive dentro de él. Hay que mimarle para luego sacudirle. Perderle y darle los cabos sueltos dosificadamente. Juntarle palabras, resolverle enigmas, dejarle alguno para el final. O para la cama. Tal vez para su pareja.
El lector es el enamorado. No se le puede dar, como a éste, nada demasiado trillado, ni mostrale el primer día el truco. Se le debe decir que hay un truco. Hablarle del sabor. De su olor. Evocar su forma. Tallar en su mirada la curvatura del elemento. Dejarle encontrar algo. Poco a poco. Propiciar sus descubrimientos, olvidar detalles a propósito. Dejarle en el camino de vuelta a casa una pista. Dos, cuatro. No más. Y atraerle. Acercarle hasta oir el latido del corazón y su pausa. Hacer que se pare.
Es difícil separar la lectura de la escritura. Tan difícil como delimitar la amistad y el amor, tu campo de maizales y el mío. Siempre fue arduo repartir, negociar, dar y recibir. Regalar o conservar. Recuperar lo volitivamente dado. Recuperar lo deliberadamente absorbido. Tras la contienda, somos otros seres. Tenemos cicatrices y ampollas sin explotar. Somos personas dentro de personas. Nos hemos quitado la piel una vez. Mudamos. Cambiamos. Dejamos atrás. Dejamos de mirar atrás. Dejamos detrás quiénes fuimos. Nacimos por cesárea. Nos separaron. Nos practicaron una cirugía. Rompimos el embrión".
Comentario:
Luna-tik! ¡Cuánto tiempo! Me tienes que contar sobre cómo te va todo... ¿Cuándo quedamos? Muchas gracias por darme aliento.
Comentario:
¡Qué bueno!Creo que tú sabes enganchar tienes las cualidades perfectas para ello,cuentas con la llave así que si quieres abrir la puerta no la tienes más que girar.Aprovecha la luz de ese candil y no te canses nunca de escribir.





