Elenco
A veces me gustaría dejar de tamborilear mis dedos en la mesa y coger el lápiz. Pero ya no puedo hacerlo. Ahora tecleo. Me siento y poso mis manos en el piano de la computadora. Y brotan las palabras. Querría describir el perfil de las personas que me rodean en ese "habitáculo", como un día dijo F. F. F, en el que paso tantas horas al día, rodeada de las mismas respiraciones y los mismos olores.
M. A. Sólo tengo que abrir los ojos para encontrármelo, pero es difícil captar una de sus miradas, que, con discrección, sé que reserva para su "chica", como él la llama. A veces descuelga el teléfono y aunque no quiero escuchar, escucho cómo se dirige a ella, y tiemblo, y sonrío. Su afición por el teatro es profesional y real, su dominio es intrigante. Comedido, paciente, simpático. Capaz de abstraerse y ascender a la concentración más absoluta, el desgarbado periodista, flaco y rubio, de cómic, con camisetas de películas y grupos de música, es el más eficaz. Con sólo treinta años, es una piedra angular en la redacción. Lee entre líneas, no es pícaro pero persigue la noticia, ama la profesión y su sacrificio, y tiene mil nombres, mil cosas, mil historias, mil temas en la cabeza. Todo lo quiere sacar, busca espacio de debajo de las piedras, es liberal, aborrece el bigotito de Aznar pero invoca a Keynes tal vez, es partidario del "laissez faire" y veo en él un trasfondo de Adam Smith, también de Bobbio, malas notas, mucho mus y póquer, sonrisa, sorna, y seriedad. Un supermán del periodismo.
D. C. C. Es auténtico. Camina rápido, es enérgico, tiene la piel morena. Es simpático, y tiene una curiosidad insaciable. Busca, llama a Azpilicueta, sugiere, va con la avanzadilla a explorar las cosas que no están bien. Está lleno de letras, de palabras, de trucos, de experiencias. Es un abismo de juventud que rebosa y desborda, comprende, mira, sonríe, siempre tiene la palabra adecuada en el momento buscado y no duda. No trastabillea, y te habla de cerca, invadiendo un espacio que era propio y ahora te atreviste a compartir.
J. O. El mundo se ha vuelto loco en sus pupilas. Se rapó el pelo con vetas blancas que se despeinaba, ahora sus pestañas se unen aún más, se arremolinan en el rabillo del ojo y hacen de ellos una barca mágica, brillante, que se pierde en la nada de una mente abstracta, que sabe todo lo que se puede saber, todo lo que existe y más. Lleno de historias (de exnovias, de Ángelas que se desvestían en los conciertos de Iggy Pop y cervezas y cubatas en la carretera), lleno de cuentos de hadas con bisturí y cine negro, blanco, azul, amarillo, de todos los colores. Es una profusión de elementos culturales mezclados en una persona de mediana estatura, delgada pero fuerte, que concentra más de tres décadas de vida, que es vieja, que es inocentemente joven, educada, diplomática, devastadora, destructiva, afilada, fuerte, débil, nerviosa, categóricamente especial. Es un bohemio, un Clark Gable salido de un barrio de españolitos, un tipo de izquierdas que entrevista a Jiménez Lozanos y que entiende poesía, de arte, de cultura, de libros, de música, de cine, de todo lo que en esta vida puede adoptar formas artísticas o literarias, salvo de la vida.
(Continuará)
M. A. Sólo tengo que abrir los ojos para encontrármelo, pero es difícil captar una de sus miradas, que, con discrección, sé que reserva para su "chica", como él la llama. A veces descuelga el teléfono y aunque no quiero escuchar, escucho cómo se dirige a ella, y tiemblo, y sonrío. Su afición por el teatro es profesional y real, su dominio es intrigante. Comedido, paciente, simpático. Capaz de abstraerse y ascender a la concentración más absoluta, el desgarbado periodista, flaco y rubio, de cómic, con camisetas de películas y grupos de música, es el más eficaz. Con sólo treinta años, es una piedra angular en la redacción. Lee entre líneas, no es pícaro pero persigue la noticia, ama la profesión y su sacrificio, y tiene mil nombres, mil cosas, mil historias, mil temas en la cabeza. Todo lo quiere sacar, busca espacio de debajo de las piedras, es liberal, aborrece el bigotito de Aznar pero invoca a Keynes tal vez, es partidario del "laissez faire" y veo en él un trasfondo de Adam Smith, también de Bobbio, malas notas, mucho mus y póquer, sonrisa, sorna, y seriedad. Un supermán del periodismo.
D. C. C. Es auténtico. Camina rápido, es enérgico, tiene la piel morena. Es simpático, y tiene una curiosidad insaciable. Busca, llama a Azpilicueta, sugiere, va con la avanzadilla a explorar las cosas que no están bien. Está lleno de letras, de palabras, de trucos, de experiencias. Es un abismo de juventud que rebosa y desborda, comprende, mira, sonríe, siempre tiene la palabra adecuada en el momento buscado y no duda. No trastabillea, y te habla de cerca, invadiendo un espacio que era propio y ahora te atreviste a compartir.
J. O. El mundo se ha vuelto loco en sus pupilas. Se rapó el pelo con vetas blancas que se despeinaba, ahora sus pestañas se unen aún más, se arremolinan en el rabillo del ojo y hacen de ellos una barca mágica, brillante, que se pierde en la nada de una mente abstracta, que sabe todo lo que se puede saber, todo lo que existe y más. Lleno de historias (de exnovias, de Ángelas que se desvestían en los conciertos de Iggy Pop y cervezas y cubatas en la carretera), lleno de cuentos de hadas con bisturí y cine negro, blanco, azul, amarillo, de todos los colores. Es una profusión de elementos culturales mezclados en una persona de mediana estatura, delgada pero fuerte, que concentra más de tres décadas de vida, que es vieja, que es inocentemente joven, educada, diplomática, devastadora, destructiva, afilada, fuerte, débil, nerviosa, categóricamente especial. Es un bohemio, un Clark Gable salido de un barrio de españolitos, un tipo de izquierdas que entrevista a Jiménez Lozanos y que entiende poesía, de arte, de cultura, de libros, de música, de cine, de todo lo que en esta vida puede adoptar formas artísticas o literarias, salvo de la vida.
(Continuará)





