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"Parece como si existiera en el cerebro una región totalmente específica, que podría denominarse memoria poética y que registrara aquello que nos ha conmovido, encantado, que ha hecho hermosa nuestra vida. Desde que conoció a Teresa, ninguna mujer tenía derecho a imprimir en esa parte del cerebro ni la más fugaz de las huellas". La insoportable levedad del ser. Milan Kundera
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El gato blanco, el pulpo y la gata negra
Siempre me he quejado de lo poco que las personas que me rodean, a las que yo he brindado tantas palabras, habían emborronado papeles con mi nombre. Descubro tardíamente -aunque más bien es una reminiscencia platónica- que hubo quién sí lo hizo. Se trata de mi abuelo, del que todos sus nietos poseemos un hermoso legado. Mi madre piensa que éste, todo poeta y cuentista, de existir ahora, estaría muy orgulloso de mí por la capacidad de lidiar con el cuarto poder. Me encantaría que así fuera. Copio una de las poesías que Doña Mari, como él la llamaba, recopiló con paciencia y esfuerzo en un libro de un chulo autodidacta que en ocasiones quiero asociar a Silvio Rodríguez, aunque, políticamente, se hallara nada más y nada menos que en el otro extremo. Oriundo de Argentina, se consideraba curandero y llamaba a su esposa, con la que alcanzó las bodas de oro, con mucha dulzura "abuelita". En 1988, quien había luchado en la batalla del Ebro por la "unidad de España", pedía a través de la palabra la ayuda y la paz en el Tercer Mundo.

A MIS NIETOS

Ya han terminado las vacaciones
solos y con muchs razones
quedan aquí dos abuelos
tristes dos corazones.
Con la soledad busco la bulla de antes
cariño que sonaba por todas partes.
Un barril me encontré ¡qué fresca agua hace!
lo perdió Isabel, yo no soy el culpable.

Mi Mónica y Elena lo quieren
no piensen que voy a regarlarles
que sus papás compren otros, que ya son grandes,
y que se parezca a este, que hable.

Aquí, olvidados muñecos, juguetes, pulpos de arte,
para que no olvidemos a los nietos
que ya se fueron a sus casas para criarse.

Sueño, sí ¿sabes por qué?
Una noche me acosté y sin soñar soñé
que un pulpo en el dormitorio entró
¿qué buscaba? ¿qué buscó?
Con una patita se quitaba la ropa
y con la otra se arrascó.
Era el pulpo de la Elena
que de Alcorcón se escapó
y campo traviesa aquí llegó
por el agujero de la puerta miró,
y sin hablar con nadie, con precaución entró.

Tu abuelita se despertó sobre la una o las dos
y dijo: "Siento bulla en el comedor, ¡anda a ver qué pasa!
¿Voy yo?"

Yo cogí un tenedor que Isabel me regaló
y despacito fui al comedor
vi que era el gato blanco, el pulpo
y la gata negra que jugaban a las cartas.

Le dije a tu abuela:
"Juegan a las cartas y discuten
porque el pulpo dice que pintan copas
y la gata, espadas".

El pulpo se enfadó con la gata,
que es la que más manda,
pero furiosa dijo:
Aunque no quieras, tengo que llevar agua
comprar un barril en casa de Marta
y llenarlo bien en la fuente de Paco y Chana
y volveré otra vez a jugar a las cartas.
Y aquél día te diré si son copaso espadas,
pues he de traer apendidas todas las trampas.

Y como cuento de niños ya les basta.


 
Comentario:
Me encantaría volver a ver la tuya en aquellas cuatro paredes que para mí, simbolizaron tan bien la cuarta dimensión. Un beso Joana, preciosa.
 
Comentario:
es una gran fábula, un cuento de niños para mayores inventado por la creatividad, o tal vez por la tristeza, de un abuelo que también fue nieto y asegura: "un día me acosté y sin soñar soñé".

Gracias a este texto he vuelto a soñar despierta y a pensar en mi abuelo y en mi condición, a veces olvidada, de nieta o nieto (según el momento vivido).

Un besazo guapa. Barcelona sigue pidiéndome por ti y sonrie al saber de tu felicidad.
No