Quimeras
Stephane escribe el libro junto a Muriel. Ella es la pluma que se desliza sobre el papel; él, el generador de ideas. Si usted, sí, el que se muestra invisible a los ojos, quiere, le convoco para la próxima estación. No se llamará Esperanza, le ataremos un nombre al lomo del volumen. El que nuestra imaginación alcance, el que nuestro ingenio permita. Yo seré la pluma, como Barbery, legible, espontánea, sutil. Usted, la fantasía, el paladar, el atrapador de sueños y cafetera de sensibilidad. Porque, ya se sabe, la evocación de olores familiares es imprescindible para meterse en el bolsillo al lector. La magdalena, el té humeante, el algodón de feria.
Esperaba el autobús (buena parte de los momentos importantes de la vida de cada uno transcurren en el transporte público, aguardándolo o subido a sus patas y motores) cuando, de pronto, olisqueé el ambiente. Hice una mueca y mis pupilas ya no pudieron descansar hasta que encontraron la procedencia de tal perfume. De la basura ascendía un humo característico que me llevó a "el otro", "la laicidad" y "el estigma", tantas horas de filosofía al hilo de una pipa chimenea. El cubo de basura hervía: el olor envolvente, y el humo elevándose también dibujaban en mi mente las piernas rematadas por tacones altos de Marilyn Monroe en "Con faldas y a lo loco".
Más tarde, pasados unos días -las historias siempre encuentran su final-, volví a toparme con el olor. Esta vez no disimulaba el hedor de la miseria, sino que remataba el perfil de un bohemio-moderno (con tristeza miré su figura, intacta y perfecta, qué desperdicio de talento) en la salida de Tribunal. Allí estaba el adonis, fumándose la pipa de los veinte años.
Esperaba el autobús (buena parte de los momentos importantes de la vida de cada uno transcurren en el transporte público, aguardándolo o subido a sus patas y motores) cuando, de pronto, olisqueé el ambiente. Hice una mueca y mis pupilas ya no pudieron descansar hasta que encontraron la procedencia de tal perfume. De la basura ascendía un humo característico que me llevó a "el otro", "la laicidad" y "el estigma", tantas horas de filosofía al hilo de una pipa chimenea. El cubo de basura hervía: el olor envolvente, y el humo elevándose también dibujaban en mi mente las piernas rematadas por tacones altos de Marilyn Monroe en "Con faldas y a lo loco".
Más tarde, pasados unos días -las historias siempre encuentran su final-, volví a toparme con el olor. Esta vez no disimulaba el hedor de la miseria, sino que remataba el perfil de un bohemio-moderno (con tristeza miré su figura, intacta y perfecta, qué desperdicio de talento) en la salida de Tribunal. Allí estaba el adonis, fumándose la pipa de los veinte años.





