El equilibrio es imposible
Pese a que busco desesperadamene el bienestar terrenal -lo anhelo como aquel que soñaba con el santo grial-, no lo encuentro y, además, cada vez soy más consciente de cuánta inclinación toma el centro de equilbrio de mi cuerpo. No consigo mantenerme recta, no soy capaz de caminar por una vara. A lo sumo, gateo, cual alma sin ánima, cual niño que acaba de aprender a moverse. Me siento condenada y abocada siempre al mismo precipio abismal, que me lleva al punto de inicio, en el que mis pies cuelgan, pero también mi cabeza. No puedo socorrerme a mí misma del mismo modo que no puedo dejar de cometer insensateces. No me quedan caras nuevas que estrenar y me da vergüenza pasarme la vida poniendo el gesto del que se inclina para pedir perdón y piedad.
Comentario:
Chica... tienes que contarme.
Comentario:
Cada vez se te da mejor aquello de la prosa poética...





