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Acerca de
"Parece como si existiera en el cerebro una región totalmente específica, que podría denominarse memoria poética y que registrara aquello que nos ha conmovido, encantado, que ha hecho hermosa nuestra vida. Desde que conoció a Teresa, ninguna mujer tenía derecho a imprimir en esa parte del cerebro ni la más fugaz de las huellas". La insoportable levedad del ser. Milan Kundera
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Las lágrimas futuras
Así es: al urbanita le gusta la calle. Esa gran avenida que podría ser la Gran Vía madrileña o el Paseo de Gracia barcelonés: da igual, los enseres son los mismos. Los elementos son idénticos, los sonidos también, la cadencia del ritmo del gris de la tarde aciaga o alegre, cuando el cielo se desploma sobre la ciudad y echa a nadar, a nadar sobre el asfalto toda su impertinencia. Pero nadie cuando llueve se derrumba: en los pueblos no sé qué ocurre, pues yo soy de Madrid. Vivo en Madrid. Nací en Madrid. Corrí en la ciudad de la calle.

Esto es un canto a la calle. Cuando está llena, cuando luce poesía. Anoche todos mirábamos hacia afuera. Allí había un hombre en pie, otro de rodillas, uno con un paraguas abierto sin nubes, una pareja que se declaraba ante todo el mundo un amor gigante.

Ray Loriga me ha dado las ganas con su "Madrid, besar llorar" de parafrasearle y seguir su estela de halagos hacia la ciudad, de la que me estoy re-enamorando a golpe de viajes diurnos y nocturnos en coches que me llevan y me traen. Asiento trasero o delantero: la ciudad se mueve y rubrica ante mis ojos el trazado perfecto. Y así, voy pensando en cruzar despierta esa Habana lusa que tan cerca está del origen...

Del origen de todo.

"Se puede llorar y besar en cada rincón de Madrid, sin que nadie se sonroje. Se besan las lágrimas futuras, y se lloran los besos ya perdidos".


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