Janes Birkins
Si hay dos personajes sobre la faz de la tierra (o de España) que me enervan son Javier Marías y Pérez-Reverte. Mucho más el segundo que el primero, pero cada vez más también el inglesito, pese a que es toda una máquina de revelaciones y datos interesantes. Hoy, que transcurría sereno y marmota, ha aterrizado en mis manos el mismo artículo que hace unas semanas enrojeció mis mejillas de ira en pleno trayecto matutino hacia el diario. Y es que no se puede ser, ya no machista, sino casposo: "No sé si es que nos estamos haciendo mayores y los cánones de belleza actuales no los compartimos, o si ya no quedan apenas mujeres como las de nuestra infancia y adolescencia; si ese tipo es casi irrepetible. (Ya no quedan) mujeres de las que sabían llevar una falda tubo y andar con garbo, con o sin tacones, mujeres con caderas y pechos y piernas y culo, pero en su justo término. Hoy es ya muy raro verlas", reproduce Marías una conversación sostenida con el viejo Reverte, como dice él (esto es lo único que me ha gustado del artículo), durante una "passeggiata" veraniega. Suma y sigue: "Nuestro trayecto se vi trufado de respetables gordas que sin embargo -perdón- no nos gustaban físicamente, y de no menos respetables jóvenes con tatuajes patibularios y pantalones de longitud imposible que tampoco -perdón- nos agradaban; y cuando por fin divisamos a otra moza en verdad gallarda, la pobre estropeaba su dotes con unos tacones a todas luces improvisados que la hacían caminar como si estuviera saltando el potro", remacha el miembro de la Real Academia.
Bien, analicemos los datos: no quiero usurpar el papel de una feminista que no hay en mí, ni gritarle con alevosía "machista o cabrón o neonazi" como asegura que le espetaron a Reverte tras la publicación de aquella conversación, pero tampoco puedo decir que me haya endulzado la tarde el té con pasas que ha supuesto su artículo.
A decir verdad, me parece que Marías y su compinche están pasados de rosca y de moda, y no por mucho madrugar amanece más temprano: ni aquellas mujeres a las que se refieren eran más mujeres que las de ahora, ni las de ahora no saben llevar un dos piezas con gracia. Sino que ahora, ya no se llevan los dos piezas.
Los tiempos cambian y si el gran argumento de Marías es que ya no quedan Claudias Cardinales, Avas Gardners, Angies Dickinsons, Sofías Lorens, Annas Margrets y Graces Kellys en el mundo, he de decir que sí hay Janes Birkins poco dispuestas a convencer a dos maduritos entrados en edad de que el ganado sigue siendo suculento. Pues ya no hay ganado que valga.
Bien, analicemos los datos: no quiero usurpar el papel de una feminista que no hay en mí, ni gritarle con alevosía "machista o cabrón o neonazi" como asegura que le espetaron a Reverte tras la publicación de aquella conversación, pero tampoco puedo decir que me haya endulzado la tarde el té con pasas que ha supuesto su artículo.
A decir verdad, me parece que Marías y su compinche están pasados de rosca y de moda, y no por mucho madrugar amanece más temprano: ni aquellas mujeres a las que se refieren eran más mujeres que las de ahora, ni las de ahora no saben llevar un dos piezas con gracia. Sino que ahora, ya no se llevan los dos piezas.
Los tiempos cambian y si el gran argumento de Marías es que ya no quedan Claudias Cardinales, Avas Gardners, Angies Dickinsons, Sofías Lorens, Annas Margrets y Graces Kellys en el mundo, he de decir que sí hay Janes Birkins poco dispuestas a convencer a dos maduritos entrados en edad de que el ganado sigue siendo suculento. Pues ya no hay ganado que valga.





