Ella se va
Algunos la conocían por Amaralia y, claro, aunque yo relacione este nombre con ella, para mí no se llama así. No guardo ninguna privacidad al escribir sobre ella en este blog, público aunque precariamente visitado (que conste que esto no es ninguna demanda, ni tampoco una forma de quitarme pulgas... Es, simplemente, un comentario al margen, o al paréntesis), pero dejaré fuera del MacGuffin su nombre, su apelativo cariñoso, mi forma de llamarla. Tampoco quiero hacer de esto un drama (es conocido que se me dan bastante bien), pero se va y yo llevo unos días instalada, a saltos, en la nostalgia de un futuro en el que su rostro y su voz, su voz, no se dibujan. Se perfilan: sé que la voy a seguir escuchando por teléfono y que, cuando la vea, morena y como siempre (olor a limón, figura delgada, preciosa, ágil, calma, control, temple, simpatía, todo calidez), pasaremos unos días maravillosos. Metiendo los pies en el agua (ella, tal vez, fotografiándolos) y hablando sin parar sobre la vida, el todo, el vacío, la nada... Así empezamos, en Peñíscola, de un lado a otro y cortando con pequeñas tijeras el mundo, para construir un collage hermoso. Seguimos en Varadero (inolvidables conversaciones), nos refugiamos en la hoguera improvisada de una lámpara en casa de Bárbara, calentándonos las manos a ese sol. Reímos. Se ríe de mí, me gusta que lo haga. Y conoce todas mis inquietudes, y se sigue riendo... La veré crecida, la veré lejos, mejor, peor, grande, pequeña, débil, fuerte, llena de alegría, con retazos de tristeza... Y me contará, desplegará, toda una gama de nuevos y viejos recuerdos, toda una estela de momentos fugaces y vívidamente vividos... Entonces, la echaré menos de menos que ahora. Eso espero, al menos. Que cuando la vea subirse al avión, emprender su línea de la vida, la empiece a extrañar un poco menos que ahora que sé que se va y todavía sigue por aquí. En los madriles, esos que siempre dijimos que íbamos a quemar... Y, luego, nada de nada. Y tan felices. Ya te digo lo que resta aquí el próximo sábado, después de unas cuantas sangrías...
Comentario:
Y yo. Emocionada.
Un abrazo.
Estos diálogos son más silenciosos pero más sinceros.
Un abrazo.
Estos diálogos son más silenciosos pero más sinceros.
Comentario:
Princesita, leerte (nos) me ha emocionado. Esto será algo así como tu etapa Erasmus, no te preocupes.
Desde mi isla velaré tus sueños y sonreiré y comprenderé siempre todos tus devenires. Nos encontraremos en otras personas, como sabiamente me dijiste tú una vez. Aunque, mejor dicho, siempre que pienses en mí olerás mi aroma a limón con el rugido del mar de fondo. Estoy en ti María (y tú en mí) y eso no lo borra ni un océano.
Tenemos toda la vida por escribir pequeña. Ésta es una página más en la que tu nombre volverá a aparecer.
Te quiero.
Desde mi isla velaré tus sueños y sonreiré y comprenderé siempre todos tus devenires. Nos encontraremos en otras personas, como sabiamente me dijiste tú una vez. Aunque, mejor dicho, siempre que pienses en mí olerás mi aroma a limón con el rugido del mar de fondo. Estoy en ti María (y tú en mí) y eso no lo borra ni un océano.
Tenemos toda la vida por escribir pequeña. Ésta es una página más en la que tu nombre volverá a aparecer.
Te quiero.





