Miedos submarinos
¿Y si el teatro por el teatro deja de ser teatro? ¿Y si el sentarme en una butaca catorce ya no es como estar en el paraíso? ¿Y si la fuerza del teatro se queda en las letras de la Lupe? ¿Y si el vehículo se vuelve autobús? ¿Y si me acostumbro demasiado? Será como el amor pasado tres meses, como aquellas galletas después de tres cajas consecutivas, como el helado de chocolate tras los primeros lametazos, como la caja de pandora tras la tercera vez que la abro. Como el tercer escalón en las escaleras de la piscina, la tercera vez que lees en las sábanas "clémiso", la tercera ocasión en que la ocasión por sí misma se presenta. No quiero que el teatro, ese dios, deje de oler a teatro.
Comentario:
Es cierto que cuanto más veas, más le exigirás. Como la maldición de Cassandra, en el saber tienes la penitencia. Y la clave quizá no esté en preguntarse si el precio merece la pena, sino en que no hay alternativa, pues has de morir, y tus dos veces y media te parecerán pocas. Claro, otra opción es ver dos veces la misma obra, y contabilizarlo como una. jp





