Vértice vórtice
Hay canciones del recuerdo
pero más son los sabores
de tan larga travesía.
De existir en el paradero oportuno
una carta atlántica llegaría
iluminando tu sol.
Al no existir el tiempo te la lleva,
ya no puedo hacerlo yo.
En ella imprimo mis huellas
y mis credenciales de fortuna.
Soy una vida más
encima de un tren de feria.
No descarrilo porque las simientes
crecieron fuertes.
No soy tan débil ni elegante como tú;
más bien, toscas son mis raíces.
Pero, aunque no libres
pronto echarán a volar
como el último vástago de esta prole.
Siento a la familia
de azúcar, limón y helados.
Los aplazo como las hipotecas
para dosificar su esencia,
pero no puedo sin ellos
ser yo.
Ni quiero yo sin ellos.
En la carta me vuelvo
de frente y atrevida.
Ando descubierta y salvaje.
Amo el paisaje de donde venimos.
Ella, la flor que me riega;
él, el soporte de dicha rama;
la savia, de donde la naturaleza crece;
el sol, quien lo echó todo a rodar.
Y los grandes azules:
el mar, el cielo.
Quienes alimentan todo el mecanismo.
Que rige el motor a punto de zumbar.
Amor, lealtad, calma y solidez.
Ese cuatro en uno, multiuso
y a todo riesgo,
que me enraiza al mundo.
A la tierra.
Qué más me gustaría
que parir una aliteración
tan hermosa como
"del ala aleve del leve abanico"
pero que en el sonido
captase el expresable
sentimiento de quereros.
Como unidad, como ente.
Y yo, como vértice vórtice.
Y nexo.
pero más son los sabores
de tan larga travesía.
De existir en el paradero oportuno
una carta atlántica llegaría
iluminando tu sol.
Al no existir el tiempo te la lleva,
ya no puedo hacerlo yo.
En ella imprimo mis huellas
y mis credenciales de fortuna.
Soy una vida más
encima de un tren de feria.
No descarrilo porque las simientes
crecieron fuertes.
No soy tan débil ni elegante como tú;
más bien, toscas son mis raíces.
Pero, aunque no libres
pronto echarán a volar
como el último vástago de esta prole.
Siento a la familia
de azúcar, limón y helados.
Los aplazo como las hipotecas
para dosificar su esencia,
pero no puedo sin ellos
ser yo.
Ni quiero yo sin ellos.
En la carta me vuelvo
de frente y atrevida.
Ando descubierta y salvaje.
Amo el paisaje de donde venimos.
Ella, la flor que me riega;
él, el soporte de dicha rama;
la savia, de donde la naturaleza crece;
el sol, quien lo echó todo a rodar.
Y los grandes azules:
el mar, el cielo.
Quienes alimentan todo el mecanismo.
Que rige el motor a punto de zumbar.
Amor, lealtad, calma y solidez.
Ese cuatro en uno, multiuso
y a todo riesgo,
que me enraiza al mundo.
A la tierra.
Qué más me gustaría
que parir una aliteración
tan hermosa como
"del ala aleve del leve abanico"
pero que en el sonido
captase el expresable
sentimiento de quereros.
Como unidad, como ente.
Y yo, como vértice vórtice.
Y nexo.