Elegía (un Philip Roth otra vez)
Las recomendaciones literarias de mi padre siempre son una delicia. Con la mirada perdida en un vagón invisible (como las mujeres bellas), me instalo en el artículo de Rosa Montero de hace ya dos semanas. Vivo en un pasado quiosquero que hace que el tiempo presente sea más perezoso. La vida no pasa delante de mí sin observarla, por eso dejo que los demás me miren. Yo sigo decididamente mirando a la nada, al vacío, a la ciénaga, a la alberca azulada, a la pantalla de un ordenador inaccesible cuando caigo en la cuenta de que tu nombre existió, de que tenías dos apellidos sonoros coincidentes con aquel fotógrafo de "El País". Y luego descuelgo la mirada y la cruzo con dos o tres personas que tienen miedo de encontrarse con su mirada en la charca. Los salvo. Los recojo y se la devuelvo.
Regreso del cine sola y, al encontrarme con aquella vieja estampa, servil pero amable, toda bondad enardecida de pretensiones propias (lo aplaudo para quien lo lleva consigo y lo mueve en la vida, en las alegrías y en las miserias), pregunto por Cecilia. Enorgullecida de tal hallazgo ("Hoy mismo hemos estado hablando de ti"), regreso más feliz y menos preocupada, menos preocupada y más feliz, más preocupada y menos feliz.... Depende de lo que se lea y en el orden en que esto se lea.
No era la película oportuna porque al principio crucé afiladas desaprobaciones. Porque luego imaginé que no era otra cosa que una romántica historia que no conseguiría tirarme del músculo fotosintético y, sin embargo, de pronto, ante el corte de pelo de la protagonsita, la vuelta de tuerca a la vida y el reflejo de un órgano -otro- no vital pero sí único (pese a tener hermano gemelo) en la pantalla, todo ha cambiado.
Y eso es lo que a mí me gusta. Que todo cambie en un abrir y cerrar de ojos. Que lo calculado se deshaga, que lo organizado se trence complicado, que lo complejo se vuelva fácil y que lo fácil sea para otros.
Después de ver "Elegy", Coixet menos sentimental y ¿vaga? ¿discreta? ¿ligera?, basada en un relato del autor de "Goodbye, Columbus".
Regreso del cine sola y, al encontrarme con aquella vieja estampa, servil pero amable, toda bondad enardecida de pretensiones propias (lo aplaudo para quien lo lleva consigo y lo mueve en la vida, en las alegrías y en las miserias), pregunto por Cecilia. Enorgullecida de tal hallazgo ("Hoy mismo hemos estado hablando de ti"), regreso más feliz y menos preocupada, menos preocupada y más feliz, más preocupada y menos feliz.... Depende de lo que se lea y en el orden en que esto se lea.
No era la película oportuna porque al principio crucé afiladas desaprobaciones. Porque luego imaginé que no era otra cosa que una romántica historia que no conseguiría tirarme del músculo fotosintético y, sin embargo, de pronto, ante el corte de pelo de la protagonsita, la vuelta de tuerca a la vida y el reflejo de un órgano -otro- no vital pero sí único (pese a tener hermano gemelo) en la pantalla, todo ha cambiado.
Y eso es lo que a mí me gusta. Que todo cambie en un abrir y cerrar de ojos. Que lo calculado se deshaga, que lo organizado se trence complicado, que lo complejo se vuelva fácil y que lo fácil sea para otros.
Después de ver "Elegy", Coixet menos sentimental y ¿vaga? ¿discreta? ¿ligera?, basada en un relato del autor de "Goodbye, Columbus".