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Más cine, por favor
Acerca de
"Parece como si existiera en el cerebro una región totalmente específica, que podría denominarse memoria poética y que registrara aquello que nos ha conmovido, encantado, que ha hecho hermosa nuestra vida. Desde que conoció a Teresa, ninguna mujer tenía derecho a imprimir en esa parte del cerebro ni la más fugaz de las huellas". La insoportable levedad del ser. Milan Kundera
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Largo domingo de solitude
Madrid: por qué me gustas. Por qué me gustas tanto, te canto, te lo pregunto con tu asombroso ruido y la gente corriendo de un lado para otro. El hombre que vomita detrás de la basura y la basura a rebosar; la mujer que mea entre dos coches cuyas ruedas tocan un asfalto quemado por el sol y hervido por los neumáticos vertiginosos. Y, sin embargo, Madrid. Respira bajo su contaminada atmósfera y siempre está lleno de luz, de nombres y hombres, de risas y miradas, de locos que cantan y bailan y manos huesudas que se extienden para pedir, pedir, pedir. Delante de las iglesias mujeres con álbumes de fotos para mostrar que una familia tiene que alimentarse y mientras tanto, la caridad con perlas da un euro, el mismo que sirve para pagar el billete de un metro que lleva a dos músicos desde Plaza de España hasta Usera, al término de un largo día de otoño bajo las nubes, tocando con una flauta y un acordeón, con un oboe o una guitarra, los instrumentos cambian, pero las manos huesudas y los pies de plomo son siempre los mismos.

Y luego están sus concurridas calles, el exacerbado consumismo (tiendas, bolsas, ropa, moda, discos, libros, hogar): todo para ser disfrutado y listo, empaquetado y vendido. Madrid es tan grande que en un barrio uno se siente en China y en otro en Marruecos, a veces en Frankfurt y otras en cualquier parte: Zara, Stradivarius, Mango, H y M. Cada día más (¿seré yo o será así?) personas con dos cabezas se cruzan en mi camino, seres que van de la mano a comprar comida y cargan bolsas del Rotterdam en el metro, y se bajan a dos paradas para economizar esfuerzos y sacar provecho al abono transportes. Los corazones con diez dedos abundan en un tiempo en que el frío insinúa abrocharse a otro, pegarse al pavimento pero sosteniénsode sobre la sombra del Otro a tu paso. Es un ritmo armónico y simbólico, que cuadra con las ofertas 2x1 y todo para el hogar y sin embargo, no rima con los auriculares de un mp3 que promete endulzar las largas horas del invierno.

Porque si el otoño no ha hecho nada más que asomar su nariz... aún quedan meses de encontronazos con el termostato.

No