Fortuita fortuna
Nos llenamos de objetos para vaciarnos de sentimientos. Cuantos más elementos materiales tengamos, menos necesidades espirtiuales experimentaremos, prométeme.
Prométeme que alguna vez mi abuela me prometerá una dicha como la del joven que Kusturica ha esgrimido en su última película, y que me saltaré las reglas del juego para regresar a casa con una dirección, por ejemplo, escrita con lápiz sobre un papel, una fotografía de un lugar que hasta la fecha pensábamos que no existiría jamás y, sin embargo, designios caprichosos, lo fotografiaron y publicaron en una revista que cae en tus manos a la salida o entrada del metro más concurrido de la capital y que por azar o desesperación cae en tus manos-abres por la página veinte-ves-lees-arrancas-guardas y te quedas.
Así es la casualidad. Ir a comprar el pan y encontrarse con una oveja tipo Buñuel que cruza el párking de Chueca delante de los neones de "La Divina Comedia" y las otras fotografías de esas familias que en blanco y negro son la realidad actual de este país. Prométeme que un día lo veremos así, le dice la oveja al viandante y se comprenden porque aunque yo no lo crea hay lenguajes universales más allá de la risa y el llanto.
Y ahora me hago esta pregunta: ¿qué hay entre la risa y el llanto? ¿La tristeza está en medio?
Prométeme que alguna vez mi abuela me prometerá una dicha como la del joven que Kusturica ha esgrimido en su última película, y que me saltaré las reglas del juego para regresar a casa con una dirección, por ejemplo, escrita con lápiz sobre un papel, una fotografía de un lugar que hasta la fecha pensábamos que no existiría jamás y, sin embargo, designios caprichosos, lo fotografiaron y publicaron en una revista que cae en tus manos a la salida o entrada del metro más concurrido de la capital y que por azar o desesperación cae en tus manos-abres por la página veinte-ves-lees-arrancas-guardas y te quedas.
Así es la casualidad. Ir a comprar el pan y encontrarse con una oveja tipo Buñuel que cruza el párking de Chueca delante de los neones de "La Divina Comedia" y las otras fotografías de esas familias que en blanco y negro son la realidad actual de este país. Prométeme que un día lo veremos así, le dice la oveja al viandante y se comprenden porque aunque yo no lo crea hay lenguajes universales más allá de la risa y el llanto.
Y ahora me hago esta pregunta: ¿qué hay entre la risa y el llanto? ¿La tristeza está en medio?





