El borrador
La salvación es un frasco de adrenalina concebido para el bienestar de la soledad, del encuentro metafísico de uno mismo consigo mismo, es tiempo de silencio y reflexión, sé que habrá quien tema este estado de abrumadora lucidez... Sólo hoy pese al chaparrón (¿estoy dentro o fuera?) y las gotas de rocío de después, me doy cuenta de que las palabras en vehículos de notas, corcheas y semicorcheas tienen toda la razón. También los clásicos lo afirman; sé que habrá quien lo haya pensado antes que yo... Seguir tus pasos ahora me parece lo más sensato que puedo hacer; no me importa ir a Colombia a buscar el elixir de la cordura, la mano sobre la mano, la mirada sostenida, en fa sostenido... Y mientras veo pasar el mundo desde tus ojos, me prometo que seré libre, más de lo que he llegado a ser nunca... me prometo que volveré a empezar de nuevo, a necesitarme, a escucharme, a reprenderme sin acritud, a darme razonables latidos de sensatez, de brillantez, de solidificación... Porque quiero solidificar tardes, sentimientos, ardores, pasiones, incredulidades... ¿Qué tal un poco de tiempo blanco y en botella? Creo que lo que me hace falta es sentarme como su pensador, el de Rodin, y sentir que la sangre parte del hemisferio de mi esfera (caos primigenio) hacia la periferia del universo, mis manos, mis pies, mi cabeza... Poco a poco se revelará la sustancia que cita el principio de necesitarse, de estimarse lo suficiente como para escucharse de una vez, leerse, abrigarse, pasearse, desayunarse... Soy capaz, dicen que soy fuerte, soy fuerte y me lo repito fuerte, pero, aún así, no sé si serán los débiles medicamentos que me roban las ganas, las almas, o tal vez el sutil análisis de la situación, la falta de credibilidad, el deseo inhibido de ser siempre tú quien diga mi nombre yo, o, tal vez, nada de todo esto, sino la vida, que a veces se para dentro de mí, que a veces me puede, sinceramente, que me paraliza y me deja en la estacada, cuatro pisos, cuatro escaleras, un frío polar, Siberia en la habitación, el orgullo cabalgándome, yo a caballo e insegura en esa insaludable montura...
Me quiero bendecir y recomenzar a reescribir la historia de mi vida. Parte de ese dieciséis en que tenía dieciséis y me convencí de que sólo algunos lo tienen todo, de que realmente muy pocos se aventuran a tenerlo y que son un porcentaje ínfimo los que se ven libre de la desidia, la necesidad, el desorden, la infamia, el boceto de una vida que no pasa nunca de ser borrador.
Me quiero bendecir y recomenzar a reescribir la historia de mi vida. Parte de ese dieciséis en que tenía dieciséis y me convencí de que sólo algunos lo tienen todo, de que realmente muy pocos se aventuran a tenerlo y que son un porcentaje ínfimo los que se ven libre de la desidia, la necesidad, el desorden, la infamia, el boceto de una vida que no pasa nunca de ser borrador.





