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"Parece como si existiera en el cerebro una región totalmente específica, que podría denominarse memoria poética y que registrara aquello que nos ha conmovido, encantado, que ha hecho hermosa nuestra vida. Desde que conoció a Teresa, ninguna mujer tenía derecho a imprimir en esa parte del cerebro ni la más fugaz de las huellas". La insoportable levedad del ser. Milan Kundera
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DANCING
Hoy quiero hablar del acto de bailar, porque hubo un tiempo, no tan lejano, en que pensaba que no podía existir nada mejor en el mundo que bailar. Nada, absolutamente nada. Bailar se me antojaba un acto sublime, absolutamente sensacional, en la medida en que estiraba las sensaciones hasta el límite, y te sacaba de donde estuvieras, y de quien en ese momento eras. Estábamos en la pista de baile (qué antiguo suena), y comenzaba la música, y entonces, nos quitábamos todo lo que llevábamos encima: el agobio, el desasosiego, la impureza, la inhibición, la rudeza, la hostilidad, la estupidez, la queja, el complejo, el ridículo. Y a bailar (¿mover el esqueleto?).

Pero supongo que no era instantáneo. Había todo un proceso en torno al baile, ya que al principio no todos se despojaban de las miserias y las cargas tan fácilmente. Por ejemplo, Flo tardaba un poco en moverse tan extrañamente como solía hacerlo, pero no como Tom lo imitaba en casa. A éste sí que le costaba: pero llegaba al punto álgido; al menos, lo conoció... así estuvimos toda una noche bailando juntos, música "de disco" (dios mio, mi vocabulario es del siglo pasado), pero cogiéndonos de los brazos.

A Naia no le costaba nada ponerse a bailar, y a Sara, siempre le daba verguenza, hasta más tarde, y a fuerza de que yo le repitiera una y mil veces, que lo hacía genial, que tenía "pueblo" y los bailes de la verbena se notaban en su historia vital. Pero sin duda, si no estaba Claire, las cosas cambiaban mucho.

Tenían que estar Claire y David, y aquel chico que ya no recuerdo como se llamaba, pero, un momento, ¡Etienne! Pero ese era otro tipo de baile. Era cuando cerrábamos los ojos, y nos dejábamos llevar, y dábamos vueltas, y nos poníamos sobre una pierna, y luego sobre la otra, y no pensábamos en nada... Había tanta gente, y sólo importaba el baile, era una locura, no había diálogo, solo miradas, y sonrisas, y tanta locura... Lo recuerdo y aún me mareo, era toda la noche, toda la noche...

Entonces encontré ese titular inglés. En un periódico de los serios, broadsheet. Ponía, en letras negras y gruesas: "DANCING".

 
Comentario:
Mariaaaaaaaa!!!!! tienes que ver la peli de 2046!!!! jajajajaja, que eso de desear ir a 2046 no sé yo si es bueno del todo :S, que creo recordar que luego la gente no regresa!!! Después de examenes un día vemos la peli!
 
Comentario:
2046! Sí, regálamelo, porque llevo tiempo queriendo ir...
Y jo, M, muchas gracias por ese silbido, pues me has silbado con ese mensaje tan certero, qué razón tienes, a veces la nostalgia me carcome, me lleva tan lejos de aquí... y jo! lo malo es que a veces creería ilusamente que puedo volver a dónde la nostalgia encuentra su origen...
Muchas gracias Linda Marian
 
Comentario:
Sí María, M tiene razón, la nostalgia no siempre es buena, te estás ganando un billete a 2046 ;)
 
Comentario:
Dani te definía con "retazos" y yo, sin embargo, veo en ti la personificación de la nostalgia más
pura. Espero que no siga creciendo y que la sepas mantener a raya. Si no es así, sílbame ;)

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