El efecto sacré del teatro
Ayer se sintió de nuevo protagonista de su propia historia, por eso sonreía de vuelta a casa y apenas sí pudo dormir por la noche. Acostumbrada al letargo de los últimos días, a la vida de hormiguita, le parecía que aquella butaca en el teatro le había devuelto las ganas absolutas de vivir. Así, se disponía a devorarlas hoy mismo.
Esa sensación ya la había tenido antes, en otras ocasiones. En la exposición de Manet, a la que fue sola. En la charla sobre "deuda externa", de la que no logró entender mucho. También de aquella otra sobre la Historia del cine a través de los trajes, o durante el paseo en el parque cerca de Eversleigh, cuando no pudo dejar de tararear aquella melodía tan pegadiza. Canturreaba, silbaba...
¿Hablaría de ello aquí? ¿Sería capaz de hablar de su "tiempo de azúcar"? Ella comprendía perfectamente el que Blas y Nina habían vivido, los dos protagonistas de la historia escrita por José Ramón Fernández, de vidas fracasadas sin fracaso alguno.
- Soy un fracasado - le dijo al barman.
- Muchacho, para ser un fracasado, hay que conseguir fracasar en algo.
El efecto catárquico del teatro se repetía una y otra vez, siempre era lo más oportuno para olvidar, volver a empezar, acabar, silenciar, dejar atrás, mirar hacia adelante, y conseguir fracasar en algo. "Hay que aventurarse, hay que atreverse" - mascullaba.
Esa sensación ya la había tenido antes, en otras ocasiones. En la exposición de Manet, a la que fue sola. En la charla sobre "deuda externa", de la que no logró entender mucho. También de aquella otra sobre la Historia del cine a través de los trajes, o durante el paseo en el parque cerca de Eversleigh, cuando no pudo dejar de tararear aquella melodía tan pegadiza. Canturreaba, silbaba...
¿Hablaría de ello aquí? ¿Sería capaz de hablar de su "tiempo de azúcar"? Ella comprendía perfectamente el que Blas y Nina habían vivido, los dos protagonistas de la historia escrita por José Ramón Fernández, de vidas fracasadas sin fracaso alguno.
- Soy un fracasado - le dijo al barman.
- Muchacho, para ser un fracasado, hay que conseguir fracasar en algo.
El efecto catárquico del teatro se repetía una y otra vez, siempre era lo más oportuno para olvidar, volver a empezar, acabar, silenciar, dejar atrás, mirar hacia adelante, y conseguir fracasar en algo. "Hay que aventurarse, hay que atreverse" - mascullaba.





