Demasiado cine
Esta vez no les voy a convocar a nada. Tampoco voy a hacer un comentario sobre una película o alguna técnica sobre el cine. Simplemente les voy a chivar una frase que Oliveira, un personaje de Rayuela, dijo sin más, un poco al hilo de lo que decía, un poco al margen de todo. "Demasiado cine", dijo resueltamente.
Demasiado cine, ciertamente. Me recuerda a una película tal vez mediocre (no en mi opinión) que aunque protagonizada por una cantante (entiendo que esto le de mala fama) me parece un largometraje simpático y coherente. Me estoy refieriendo a "El amor tiene dos caras", película protagonizada por Barbra Streisand y Jeff Bridges sobre el amor y la belleza. Recuerdo el final y destripo algo totalmente esperado en una comedia romántica: la pareja se besa y por primera vez en sus vidas no sólo se sienten dentro de una película sino que son protagonistas y todo se comporta como en un rodaje. Como en un perfecto rodaje en el que todo funciona: así, la música se eleva y les eleva al cielo de un beso de película. Ellos estaban buscando eso desde el comienzo del film (que simbolizaría el de sus vidas), el momento en que la música envolvería los besos que se daban.
No hay manera de despojarse del cine; hemos crecido con la pantalla por espejo. Desde pequeños hemos idealizado a los actores, a sus vidas, a las películas. Caminamos escuchando música con unos cascos puestos que convierten la calle en nuestro escenario. Encendemos dos velitas en nuestra cocina y escogemos cuidadosamente la banda sonora de la cena con nuestra pareja. Y nos acordamos de Vivian Leigh en Los Doce Robles cuando coqueteamos, pellizcándonos las mejillas, o de Clark Gable si adoptamos un tono de vuelta de todo. Hoy mi papel será este, tú deberías haber dicho aquello ayer. "Parecía una película", "era irreal, como una película", "fue algo de película", "digno de un guión cinematográfico". "Es un personaje de cine".
Ay, Aute. Más cine, cine, cine, más cine por favor, que toda la vida es cine y los sueños, cine son…
Demasiado cine, ciertamente. Me recuerda a una película tal vez mediocre (no en mi opinión) que aunque protagonizada por una cantante (entiendo que esto le de mala fama) me parece un largometraje simpático y coherente. Me estoy refieriendo a "El amor tiene dos caras", película protagonizada por Barbra Streisand y Jeff Bridges sobre el amor y la belleza. Recuerdo el final y destripo algo totalmente esperado en una comedia romántica: la pareja se besa y por primera vez en sus vidas no sólo se sienten dentro de una película sino que son protagonistas y todo se comporta como en un rodaje. Como en un perfecto rodaje en el que todo funciona: así, la música se eleva y les eleva al cielo de un beso de película. Ellos estaban buscando eso desde el comienzo del film (que simbolizaría el de sus vidas), el momento en que la música envolvería los besos que se daban.
No hay manera de despojarse del cine; hemos crecido con la pantalla por espejo. Desde pequeños hemos idealizado a los actores, a sus vidas, a las películas. Caminamos escuchando música con unos cascos puestos que convierten la calle en nuestro escenario. Encendemos dos velitas en nuestra cocina y escogemos cuidadosamente la banda sonora de la cena con nuestra pareja. Y nos acordamos de Vivian Leigh en Los Doce Robles cuando coqueteamos, pellizcándonos las mejillas, o de Clark Gable si adoptamos un tono de vuelta de todo. Hoy mi papel será este, tú deberías haber dicho aquello ayer. "Parecía una película", "era irreal, como una película", "fue algo de película", "digno de un guión cinematográfico". "Es un personaje de cine".
Ay, Aute. Más cine, cine, cine, más cine por favor, que toda la vida es cine y los sueños, cine son…
Comentario:
Jo! creo que es lo mejor que me dijeron nunca...
Comentario:
Alucino. Y no viene a cuento necesariamente de este último post... si no, en general, de tu cultura filmográfica y de lo bien que te expresas. Aprendo mucho, de veras.
Un abrazo :)
Un abrazo :)





