Desprendimientos
En realidad odio a las personas libres, que se saben libres, y que no necesitan a nadie. Odio a esas personas que caminan asombradas, que sólo se necesitan a ellas, y que escuchan con verdadero interés a todas las demás. Odio que estén siempre bien, y que cuando no es así, se sustituyan a ellas mismas por su ser desdoblado. Odio que no descuelguen el teléfono para llamar a otras que sí las necesitan, que se calmen con su propia voz, que no se impacienten, que no peleen por lo que quieren, porque ya se tienen. Odio su suficiencia, y su entrega por la vida. Las odio tanto que no puedo desprenderme de ellas.





